<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869</id><updated>2012-02-15T22:17:17.721-08:00</updated><title type='text'>EL SILENCIO DE DIOS - Sir Robert Anderson</title><subtitle type='html'>Blog dedicado a la difusión de las obras de Sir Robert Anderson, 1841-1914, autor cristiano con valiosas obras doctrinales y apologéticas.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>25</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-8003755184759831156</id><published>2010-12-31T09:33:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T00:30:58.415-08:00</updated><title type='text'>NOTA 11. Sobre los ataques «críticos»</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;NOTA 11. &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Sobre los ataques «críticos»&lt;/b&gt; (véase Capítulo 13, nota al pie 4)&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El escéptico raras veces admite que una posición que él haya mantenido alguna vez sea insostenible, y hay una señalada excepción a ello que merece una mención especial. No contento con haber descuartizado el Antiguo Testamento, la crítica se ha lanzado también a un desenfrenado ataque contra el Nuevo Testamento. «Se ha demostrado» (dice un escritor reciente) «que la selección de los libros que lo componen y su separación de la gran masa de falsos Evangelios, epístolas, y literatura apocalíptica constituyó un proceso gradual y que, en verdad, el rechazo de algunos de los libros y la aceptación de otros fue accidental».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero todo esto ha sido ahora desmentido por la mayor autoridad viviente sobre el tema, el profesor Harnack de Berlín. Y su testimonio es tanto más valioso debido a que no muestra ninguna señal de arrepentimiento respecto a su absoluto rechazo del cristianismo. Él mismo, el mayor campeón de la antiortodoxia, admite abiertamente que en este asunto los críticos están equivocados y que los ortodoxos están en lo cierto. Presento aquí un extracto del prefacio de su reciente obra acerca de &lt;i&gt;The Chronology of the Oldest Christian Literature &lt;/i&gt;(La cronología de la literatura cristiana más primitiva):&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote style="text-align: justify;"&gt;«Hubo un tiempo —y desde luego el público en general no lo ha superado— en que se consideraba que la literatura cristiana más antigua, incluyendo el Nuevo Testamento, era un tejido de engaños y de falsificaciones. Este tiempo ha pasado. Para la ciencia fue un episodio en el que aprendió mucho, y después del cual tiene mucho que olvidar. No obstante, los resultados de las siguientes investigaciones van en una dirección “reaccionaria”, más allá de lo que podría denominarse la posición intermedia de la crítica actual. La literatura más antigua de la Iglesia, en todos sus puntos principales y en la mayor parte de los detalles es, desde el punto de vista de la crítica literaria, genuina y digna de confianza. En todo el Nuevo Testamento hay con toda probabilidad sólo un escrito aislado que puede considerarse como seudónimo en el sentido estricto de la palabra: esto es, la Segunda Epístola de Pedro.»&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;Esta es solamente una de las muchas pruebas de que se ha invertido la marea que en años recientes amenazaba con minar la fe cristiana. En el escepticismo de nuestra época no hay nada especial, excepto que muchos de sus paladines son personas que están comprometidas públicamente y pagadas para enseñar precisamente lo que niegan. Son sólo los inestables y los ignorantes los que resultan abrumados por un libro como el que acabamos de mencionar.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Ni los bien instruidos ni los espirituales pueden ser por ello inducidos a rechazar la Biblia como un fraude y el cristianismo como una superstición. Pueden comprender la diferencia entre una revelación divina y los comentarios humanos. Para dar un solo ejemplo, no consideran que la cronología Ussher-Lloyd en el margen de nuestra Biblia inglesa sea «igualmente inspirada que el mismo texto sagrado».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y en tanto que rehúsan aceptar crédulamente las extravagantes conjeturas de ciertos egiptólogos acerca de la antigüedad de antiguas dinastías, reconocen que los «períodos conjeturales» entre el Diluvio y el Reino deben ser más extendidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Si eliminamos de una parte los errores de los teólogos y de los «armonizadores», y de la otra las &lt;i&gt;teorías &lt;/i&gt;(en distinción a los datos) de la ciencia, el voluminoso tratado de A. D. White quedaría reducido a proporciones muy pequeñas. Toda la controversia sobre la «cosmogonía mosaica» desaparece en el acto, y muchos de los asuntos que parecen de gran importancia se desvancen al fondo de la imagen o desaparecen por completo. Además, existe en las Sagradas Escrituras una «armonía escondida» desconocida por aquellos que ignoran el esquema de tipo y de profecía que impregna a la totalidad. El estudio de dicha armonía constituye un verdadero antídoto al escepticismo. No hay ningún estudioso de la profecía que sea escéptico. Y por lo que se refiere a la tipología de las Escrituras, que constituye el alfabeto del lenguaje en el que está escrito el Nuevo Testamento, no hay ni uno solo de los racionalistas que haya dado pruebas de poseer ningún conocimiento de ella. La ignorancia del alfabeto constituye una debilidad fatal por parte de quienes pretenden exponer el texto; y esta ignorancia, que Hengstenberg lamentó en sus tiempos, sigue siendo absoluta sin excepción en el caso de todos aquellos que están intentando demostrar que la Biblia es tan solo un libro humano. «La verdad extrae la armonía oculta, cuando la incredulidad solamente puede negar desde un obtuso dogmatismo.»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; White, A. D., &lt;i&gt;Warfare of Science with Theology&lt;/i&gt;, vol. &lt;/span&gt;II, p. 388. El nombramiento de este escritor para la Embajada Americana en Berlín atraerá, indudablemente, una creciente atención a su obra. Queda patente su habilidad forense en la utilización que hace de su gran erudición; porque, aparte de una importante omisión, su obra es totalmente enciclopédica. Su acusación contra la «teología» es abrumadora y, naturalmente, veo con simpatía mucho de lo que dice. Pero del cristianismo, por lo que se puede ver en su tratado, no conoce nada en absoluto. Para él nuestro divino Señor es tan solamente «el bendito fundador» de la religión cristiana, el Buda de la cristiandad. En realidad pertenece a la numerosa clase de personas a las que, sin pretender ofender, se las puede describir de una manera apta como budistas cristianizados.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ibid.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ibid&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, vol. I, pág. 253.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="Indentado" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 12.5px; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-8003755184759831156?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/8003755184759831156/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-11-sobre-los-ataques-criticos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/8003755184759831156'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/8003755184759831156'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-11-sobre-los-ataques-criticos.html' title='NOTA 11. Sobre los ataques «críticos»'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-3186584192335663906</id><published>2010-12-31T09:28:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T00:28:01.496-08:00</updated><title type='text'>NOTA 10.   El valor de la oración</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-language: ES;"&gt;NOTA 10.&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;El valor de la oración&lt;/b&gt; (&lt;span style="mso-font-kerning: .5pt;"&gt;véase Capítulo 13, nota al pie 13&lt;/span&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;«Entonces, ¿qué valor tiene la oración?», se preguntarán algunos, y «¿qué lugar queda para ella?». Es con gran cautela que me atrevo a expresar mis pensamientos sobre esta cuestión que durante mucho tiempo se han formado en mi mente. Y lo hago solamente porque es posible que con ello pueda aliviar a muchos que se siente amargamente decepcionados ante el aparente incumplimiento de las promesas que aparecen en los Evangelios con respecto a la oración. Las palabras no pueden ser más claras cuando el Señor expresa a Sus discípulos que el poder del Todopoderoso estaba totalmente a disposición de ellos, si tan sólo tenían fe. Cuando se asombraron de que la higuera se hubiera secado por Su palabra, les dijo que también ellos podrían ordenar aquello, e incluso que una montaña se moviera de su sitio. Y les dijo además: «Y todo lo que pidiereis en ora&lt;span style="letter-spacing: -.05pt;"&gt;ción, creyendo, lo recibiréis» (Mt. 21:20-22). ¡Cuántos &lt;/span&gt;hay que con el más intenso fervor han reclamado el cumplimiento de estas promesas, y han cosechado una amarga decepción que ha hecho vacilar su fe! Naturalmente, es fácil explicar el fracaso leyendo en esta promesa unas condiciones de uno u otro tipo, aunque el Señor mismo no puso ningunas. Pero en lugar de manipular Sus palabras, consideremos si la verdadera solución a esta dificultad no puede hallarse en la verdad &lt;span style="mso-bidi-font-weight: bold;"&gt;que se ha tratado de exponer a lo largo de &lt;/span&gt;estas páginas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Y aquí llama la atención el hecho extraordinario de que mientras que el testimonio de la dispensación pentecostal nos presenta el cumplimiento práctico de todas estas promesas, las Epístolas, que desarrollan la doctrina de la presente dispensación y que describen la vida que se ajusta a dicha doctrina —la vida de la fe— inculcan pensamientos esencialmente diferentes acerca de la oración, pensamientos que están totalmente de acuerdo con la verdadera experiencia de los cristianos espirituales.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Algunos quizá podrán alegar que, en tanto que &lt;span style="mso-bidi-font-weight: bold;"&gt;los &lt;/span&gt;Evangelios más antiguos pudieran recibir esta explicación, &lt;i&gt;San Juan &lt;/i&gt;no puede ser tratado de esta forma. Como respuesta sólo puedo alegar que el lector reflexivo considere si cada palabra dirigida a los apóstoles se ha de entender como aplicable a todos los creyentes en todas las épocas o no. Tomemos Juan 14:12 para someter esto a prueba. ¿Acaso cada creyente está dotado de poderes milagrosos iguales o mayores que los ejercidos por el Señor mismo? Inmediatamente nos encontramos dispuestos a limitar el alcance de estas palabras. Entonces, ¿está tan claro que las palabras que siguen inmediatamente son de aplicación universal? Tenemos el hecho, repito, de que estas dos promesas se demostraron ciertas en la dispensación pentecostal, y que ninguna de ellas ha resultado de aplicación en la iglesia cristiana.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;Lo mismo sucede con los pasajes del capítulo 15:16 y del 16:23 y siguientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Pero se preguntará: ¿No se repite explícitamente esta promesa en la Primera Epístola de San Juan (3:22 y 5:14-15)? No creo. Me parece que los apóstoles fueron dotados &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;en un sentido especial&lt;/i&gt; tanto para actuar como para orar en el nombre del Señor Jesús, mientras que el cristiano debería inclinarse ante las palabras «según Su voluntad». Como señala aquí el Deán Alford: «Si conociéramos totalmente Su voluntad, y nos sometiéramos a ella de corazón, nos sería imposible pedir nada, tanto para el espíritu como para el cuerpo, que Él no lo oyese y lo cumpliese. Y es este estado ideal, como siempre, el que el apóstol tiene a la vista». Pero con demasiada frecuencia el cristiano hace que sus propios anhelos o sus propios intereses, y no la voluntad divina, formen la base de su oración; luego procede a persuadirse a sí mismo de que su petición será concedida; a continuación considera que esta «fe» constituye una garantía de que su oración ha sido atendida; y al final, cuando la conclusión desmiente sus esperanzas, deja paso a la amargura y a la incredulidad. La verdadera fe se halla siempre preparada para un rechazo. Algunos, leemos, por medio de la fe «obtuvieron las promesas»; pero no es menos que «por medio de la fe» «otros fueron atormentados, no aceptando el rescate».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Algunos creerán quizás que todo lo que aquí se alega queda suficientemente refutado por las llamadas «extraordinarias respuestas a la oración», como las que ciertos cristianos han experimentado en todas las edades. Pero este argumento se refuta a sí mismo. Se las considerada con justicia como &lt;i&gt;«extraordinarias &lt;/i&gt;respuestas» precisamente porque son excepcionales. Nadie se atreverá a limitar lo que Dios hará por el creyente. Pero hacer de la experiencia de algunos la norma de fe de todos es uno de los mayores errores y lazos de la vida cristiana. Si estas promesas fuesen de aplicación universal, el hecho de que toda respuesta a la oración deba considerarse como extraordinaria en ningún sentido constituiría una prueba de una apostasía general.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Un examen detallado de los pasajes de las Epístolas que se refieren a esta cuestión iría mucho más allá de los límites de una nota. Uno más podrá ser suficiente. Aludo a las conocidas palabras de Filipenses 4:6-7: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». Es una cosa seria hacer peticiones incondicionales a Dios. Al registro de estas oraciones se pueden a menudo añadir las solemnes palabras: «Y él les dio lo que pidieron; mas envió mortandad sobre ellos». Ezequías oró de esta manera. Demandó una prolongación a su vida, y Dios concedió su petición; y los años de demás le dieron a su hijo Manasés, ¡y las consecuencias del pecado de Manasés (que Dios «no quiso perdonar») descansan aún como una plaga y una maldición sobre aquella nación! Este tipo de oración, lo voy a decir abiertamente, es impropia del cristiano. ¡Qué diferente es la enseñanza del Espíritu de Dios! Es posible que la vida del esposo o de la esposa, del padre o del hijo, esté en el fiel de la balanza: ¿Cuál habrá de ser la actitud del creyente? ¿Clamar como Ezequías clamó, e incurrir en los terribles riesgos que la respuesta pueda comportar? ¿O «en toda oración y ruego, con acción de gracias», dejar la petición delante de Dios; y habiendo así dejado la petición delante de Él, confiar en Su amor y en Su sabiduría respecto a la conclusión? Así es como el apóstol oró cuando buscaba alivio a aquel misterioso obstáculo a su ministerio; y el rechazo a su petición, en lugar de inducirle a la amargura en su alma, sirvió solamente para enseñarle más del «poder de Cristo» (2&amp;nbsp;Co. 12:8-9). Y, por encima de todo, así fue como el Maestro oró en el huerto de Getsemaní (Mt. 24:39-42).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;La oración, en la era de Pentecostés, era como extender cheques para obtener efectivo en caja. La oración de la dispensación cristiana —esto es, de la vida de la fe— es dar a conocer nuestras peticiones a Dios y quedar en paz. Si el asunto que planteamos quedase dentro de la capacidad de un amigo para solucionarlo —de un amigo en cuya sabiduría confiamos y de cuya amistad estamos totalmente seguros— ¿no deberíamos contentarnos con decir, después de decírselo todo: «Ahora ya sabes mis sentimientos y mis deseos, y lo dejo todo en tus manos»? Y Dios nos invita precisamente a esto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;  &lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;  &lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Santiago 5:14 puede ser una excepción. Pero sin suscitar la cuestión acerca de si «los ancianos de la iglesia» se han de hallar en nuestros días en existencia, podrá ser suficiente señalar que esta epístola, al estar expresamente dirigida a Israel (cap. 1:1), pertenece dispensacionalmente a la era pentecostal, que será renovada cuando Israel sea restaurado.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Ver el capítulo 5. Tengo la convicción de que serán igualmente ciertas en la dispensación que todavía está en el futuro; pero no entro aquí en estas cuestiones.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 12.5px; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-3186584192335663906?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/3186584192335663906/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-10-el-valor-de-la-oracion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/3186584192335663906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/3186584192335663906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-10-el-valor-de-la-oracion.html' title='NOTA 10.   El valor de la oración'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-2508505801758985851</id><published>2010-12-31T09:25:00.001-08:00</published><updated>2011-01-27T00:19:08.144-08:00</updated><title type='text'>NOTA 9.   El evangelio de la gracia de Dios</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;NOTA 9.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;El evangelio de la gracia de Dios&lt;/b&gt;&amp;nbsp;(véase Capítulo 12, últimas páginas).&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Según la ley inglesa, el «día del Señor» —que es como se designa al domingo en las antiguas leyes— es un día en el que no puede actuar ningún juez ni magistrado, y en el que no puede reunirse ningún jurado. El criminal puede haber sido atrapado en flagrante delito, pero todo lo que la ley puede hacer es tenerlo bajo custodia hasta que haya transcurrido el día de la gracia y que un tribunal competente pueda ver su causa. Si nuestra ley fuera más allá en la misma dirección y se suspendieran también las funciones de la policía, se tendría una ilustración más idónea de la gran verdad que tenemos aquí presente. Pero para redondear la parábola tendríamos que ir aún más lejos, y suponer que el criminal no sólo goza momentáneamente incluso de inmunidad de arresto, sino que hay además una amnistía en vigor mediante la cual puede obtener una inmunidad total de todas las consecuencias de su crimen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero utilizar un lenguaje así es como hablar en un idioma desconocido; y pasar a las palabras de las Escrituras para respaldarlo significa arriesgarse a perder totalmente la atención de los lectores. El misterio del Evangelio es que Dios puede &lt;i&gt;justificar &lt;/i&gt;a un pecador, y sin embargo ser justo. Él justifica al &lt;i&gt;impío. &lt;/i&gt;«Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia» (Ro. 4:5). Aquí tenemos otra afirmación afín: «La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres ...». Y sigue el pasaje en 3:3: «Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia» (Tit. 2:11-14 y 3:3-5). O si alguien quiere palabras pronunciadas por la boca misma de nuestro bendito Señor, se hallarán en muchos pasajes de los Evangelios. Aquí, por ejemplo, tenemos Su testimonio a Nicodemo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿No estamos entonces justificados al afirmar que el perdón y la vida eterna se ponen al alcance de todos; que el cielo se hace tan libremente accesible a las personas pecadoras como sólo pueden hacerlo un amor y una gracia infinitos? Si las palabras tienen algún significado, esta y no otra es la verdad. Pero, ¿qué trato recibe este Evangelio? En la mente de los religiosos suscita la mayor indignación. Ya no se quema a los hombres en las hogueras por proclamarlo, como se solía hacer en días más tenebrosos, pero aunque su ira se expresa de maneras más suaves sigue igual de intensa. Y en el común de la gente no provoca ninguna impresión. En cierta ocasión un hombre se detuvo en el Puente de Londres, por una apuesta, ofreciendo monedas de oro por unos pocos céntimos. El anuncio que tenía expuesto estaba redactado de una manera muy clara, y cientos de transeúntes lo leyeron. Pero todos lo leyeron incrédulamente, y por tanto con indiferencia. El hombre ganó la apuesta: ¡No le compraron ni una sola moneda de oro! Y por la misma razón se ignora «el Evangelio de la gracia de Dios». Y por ello será ignorado por cientos que lean estas páginas. Los hombres están poseídos por la convicción de que la vida eterna solamente se puede obtener cumpliendo unas condiciones irrealizables, y en consecuencia la actitud que tienen hacia toda esta cuestión es de apatía. Pero la apatía da paso a la ira si alguien se atreve a hablar de un juicio eterno y de un infierno para el no arrepentido. Ninguna blasfemia puede ser demasiado osada para lanzarla a un Dios que no quiere llevar al cielo al pecador de la manera en que un policía lleva a un preso borracho al calabozo —¡sin su consentimiento o, si es necesario, &lt;i&gt;en contra &lt;/i&gt;de su voluntad!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero el hombre, hecho a la imagen de Dios, está dotado de una voluntad, y es a esta voluntad a la que se dirige el llamamiento divino. «Y no &lt;i&gt;queréis &lt;/i&gt;venir a mí para que tengáis vida» fue el ruego ansioso del Señor a aquellos que oían Sus palabras pero que rehusaban prestar atención. «El que &lt;i&gt;quiera, &lt;/i&gt;tome del agua de la vida gratuitamente». El propio cielo de Dios es el hogar al que está llamando a los hombres pecadores. El infierno no ha sido preparado para ellos, sino para el diablo y para sus ángeles. Pero si los hombres rechazan a Cristo y toman partido por Satanás, deberán segar lo que han sembrado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 12.5px; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-2508505801758985851?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/2508505801758985851/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-9-el-evangelio-de-la-gracia-divina.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/2508505801758985851'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/2508505801758985851'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-9-el-evangelio-de-la-gracia-divina.html' title='NOTA 9.   El evangelio de la gracia de Dios'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-5198137414589235467</id><published>2010-12-31T09:21:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T01:30:12.314-08:00</updated><title type='text'>NOTA 8.   El mito acerca de Satanás</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;NOTA 8.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;El mito acerca de Satanás&lt;/b&gt; (véase Capítulo 11, nota al pie 23, y Capítulo 23, nota al pie 38)&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;¡Cuán profundamente arraigada y aceptada está la creencia popular de que todos los hechos malvados de una cierta gravedad se deben a influencia satánica! Pero esta creencia sugiere una dificultad que ha desconcertado y contrariado a muchos cristianos reflexivos. Son multitudes innumerables las que así transgreden. Y no se encuentran solamente en las sórdidas estancias de los barrios bajos de nuestras ciudades, sino también en mansiones llenas de riqueza y de cultura; no solamente en nuestras grandes y poco atractivas ciudades, sino en cada pueblo y aldea de la nación. Y estas cosas tampoco son específicamente del dominio de Satanás. Al contrario, si el vicio y el crimen son señales de su presencia y poder, otros países tienen que reclamar más de su actividad que el nuestro. Y cuando nos dirigimos a los escenarios más tenebrosos del paganismo, la pasmosa relación de repelentes vicios y crueldades demuestran de que allí el diablo tiene que hallarse aun más ocupado que en la cristiandad. Pero si la mayoría de los muchos miles de millones de humanos se hallan bajo su influencia personal, tiene que estar familiarizado con la vida y las circunstancias de cada individuo. ¿Tenemos entonces que llegar a la conclusión de que en la práctica es omnipresente y omnisciente? ¿Tenemos que adscribirle estos atributos de la Deidad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por lo que se refiere al mundo invisible, toda creencia que no repose sobre la revelación es esencialmente supersticiosa: ¿cuál es entonces el testimonio de las Escrituras acerca de esta cuestión? El primer capítulo de la Epístola a los Romanos trata la condición de los paganos con una claridad que no deja nada que desear. Así, acudamos a este pasaje, y pongamos a prueba la creencia popular mediante el mismo. Estas son las palabras:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Citabloque" style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;«Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas... y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen (Ro. 1:21-28).»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Si Satanás fuese el responsable inmediato de las inmoralidades más bajas de los hombres, es inconcebible que un pasaje así no aludiera a ello; pero no hay alusión alguna. Las palabras son claras y simples: «Dios los entregó»; y la naturaleza humana alienada de Dios explica propia corrupción en que los hombres han caído. Y no vale argumentar que aquí sólo se trata de la corrupción de los paganos. Si no se necesita del diablo para explicar las abominaciones del mundo pagano, ¿por qué qué apelar a lo sobrenatural para explicar los crímenes y vicios de la Cristiandad? Esto resulta tan antifilosófico como antiescriturario.&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Y por qué iba Satanás a tentar a los hombres de esta manera? Esta forma de actuar sería inteligible si su poder sobre ellos dependiera de que llevasen vidas viciosas. Pero la Escritura pone en entredicho esta sugerencia. Algunos de los que le pertenecen son esclavos del vicio, pero otros son fanáticos religiosos de carácter intachable; y nuestro Señor declara de forma expresa que son los fanáticos los que están más alejados del reino.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No se trata de que la inmoralidad sea un pasaporte para el cielo, ni ninguna recomendación al favor divino. Al contrario, es un camino a la «Ciudad de Destrucción»; pero es por esta misma razón que pone al hombre al alcance de la esperanza, porque es en la «Ciudad de la Destrucción» donde el Salvador está buscando a los perdidos. El devoto de vida intachable, que da gracias a Dios por no ser como los demás hombres, está totalmente del lado del diablo, mientras que si se viera tentado al pecado declarado, bien pudiera ser que fuese llevado a ponerse de rodillas para pronunciar aquella otra oración que traería a todo el cielo en su ayuda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¡Cómo se simplificaría todo si la moralidad fuese una marca distintiva de los regenerados, y la inmoralidad caracterizase al resto! Pero no es el vicio el distintivo de la obra del diablo. Una de sus «estratagemas» es «una apariencia de piedad».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Entre los enemigos más peligrosos de Cristo y del cristianismo los hay que viven vidas puras y justas y que predican la justicia. «Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y si los «mismos elegidos» quedan engañados por el fraude, se debe principalmente porque están cegados por este error del mito acerca de Satanás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No es, repito, en el dominio de la moral donde se manifiesta de forma patente la influencia del diablo, sino en la esfera espiritual. Nuestra raza no ha surgido de de Adán en la inocencia de Edén, sino del Adán caído y pecador proscrito. De modo que la naturaleza humana se encuentra envenenada desde su misma fuente por la ignorancia y desconfianza hacia Dios. Es una naturaleza &lt;i&gt;caída. &lt;/i&gt;Y es Satanás quien así la hundió. ¿Y vamos a asombrarnos entonces de que pueda influir en las corrientes principales de pensamiento y de acción de los hombres respecto a las cosas divinas? ¡No hay para asombrarse de que pueda controlar la religión de la raza humana!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todo esto puede provocar una reacción de menosprecio en el agnóstico, pero lo emplazamos a que ofrezca otra explicación de estos hechos tan evidentes. El evolucionista pretende explicar la condición de los estratos inferiores de la humanidad, pero, ¿cómo puede explicar los fenómenos de la religión de la Cristiandad? A pesar de todas las ventajas que ofrece la civilización, las personas han vendido las sublimes verdades del cristianismo por las supersticiones del paganismo del mundo antiguo. Fantasías como la regeneración bautismal y la posesión de poderes místicos por parte de una casta sacerdotal, son totalmente repugnantes para el cristianismo, y el judaísmo, incluso en su apostasía, se hallaba libre de ello; pero, a pesar de todo, han sido incorporadas como parte integral de la religión cristiana. Esto, por sí solo, constituye ya una prueba de que, por lo menos en lo que respecta al origen del hombre, la evolución es falsa y la historia de la caída en Edén es cierta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero este tipo de influencia satánica no implica ningún conocimiento de la experiencia interna de cada vida ni la posesión de atributos divinos. No implica ninguna acción dirigida simultáneamente contra de millones de personas esparcidas por todo el globo. Que el diablo actúa efectivamente sobre ciertos individuos es cosa que sí sabemos; pero la Escritura nos indica que son casos excepcionales. La advertencia a los Doce de que Satanás los había pedido, aunque se dirigía a todos ellos, se dirigía especialmente a Pedro. Es perfectamente normal que intentase hacer caer a los que sobresalían como campeones de la verdad. Y el discípulo más humilde no puede considerarse inmune frente a sus ataques. Él «anda alrededor», leemos, «como león rugiente, buscando a quien devorar».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y un león al acecho puede también cazar al más débil como presa suya. Esto puede explicar los conflictos que a veces ponen a prueba la fe incluso de los más humildes de los cristianos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La antigua clasificación, «el mundo, la carne &lt;i&gt;y &lt;/i&gt;el diablo», es verdadera. Y nuestra &lt;i&gt;lucha &lt;/i&gt;no es contra carne ni sangre.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; En la esfera de la carne nuestra seguridad reside en la huida. Pero es imposible huir de Satanás. «Huye de las pasiones juveniles»;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; pero en cambio: «Resistid al diablo, y huirá de vosotros».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;Esta distinción queda claramente marcada en las Escrituras. Las más bajas «concupiscencias de la carne» se encuentran totalmente bajo el control del hombre, a no ser que de cierto esté debilitado por una viciosa indulgencia. Pero en el caso de los más fuertes y santos de los hombres, la única defensa contra los ataques de Satanás es «toda la armadura de Dios».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ya he hablado de la intención y de los métodos del diablo. Nadie, insisto, puede afirmar que no pueda utilizar los medios más bajos para atrapar a un ministro de Cristo, y así estropear su testimonio y destruir su utilidad. Pero se debe insistir con toda claridad que su esfuerzo normal no será tentarnos al tipo de pecados que llevan a la contrición y que nos enseñan cuan débiles somos; más bien que, apartándonos hacia una mera moralidad o religión o filosofía, busca debilitar o destruir nuestra conciencia de dependencia de Dios. Porque el pecado puede humillar a un cristiano; pero la filosofía y religión humanas solamente pueden fortalecer su propia estimación. Y el «lazo del diablo» es la soberbia,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn10" name="_ftnref10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; no la humildad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sabemos de cierto que hay «espíritus inmundos». Y es posible que ciertas fases anormales de corrupción se deban, incluso en nuestros días, a una posesión demoníaca; pero esto es algo completamente diferente de las tentaciones satánicas. Y tampoco todos los demonios son «inmundos». Las «doctrinas de demonios» contra las que se nos advierte «en los postreros días» no son las incitaciones al vicio, sino a una moralidad más exigente y a una espiritualidad más trascendente incluso que la que ordena el cristianismo. El matrimonio mismo resulta repulsivo para esta corriente ascética, y rechaza de plano ciertos tipos de alimentos «que Dios creó para que con acción de gracias participasen &lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;de ellos todos los creyentes».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn11" name="_ftnref11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt; letter-spacing: -0.05pt;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las flagrantes inmoralidades de algunos de los conversos de Corinto no suscitaron en el apóstol ninguna sugerencia de que provinieran de alguna influencia satánica, excepto, en verdad, como un posible medio para la restauración de aquellos que habían pecado.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn12" name="_ftnref12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La advertencia «para que Satanás no gane ventaja sobre nosotros», se da cuando el celo de ellos en mostrarse limpios traiciona el resentimiento que sentían contra los delincuentes.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn13" name="_ftnref13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y fue la llegada de falsos maestros «predicando a otro Jesús» lo que suscitó la advertencia adicional contra la «astucia» de la Serpiente, para que sus mentes no fueran corrompidas de «la sincera fidelidad a Cristo».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn14" name="_ftnref14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; De nuevo, cuando se desencadenó la persecución contra la iglesia en Tesalónica, actuó diligentemente para informarse de su fe, temiendo que les hubiera «tentado el Tentador», y que les fallara la confianza en Dios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hay un pasaje en las Escrituras que algunos creen que constituye la refutación de lo que aquí se mantiene. En realidad, se puede presentar más bien en apoyo de ello. Las siguientes son las palabras con que comienza el segundo capítulo de Efesios:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Citabloque" style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;«Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás» (Ef. 2:1-3).&lt;/blockquote&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Los que leen este pasaje a la luz del mito acerca de Satanás se pierden por entero su especial enseñanza. La vida de todo hombre no regenerado, sea que esté significada por el vicio más burdo o por la moral más elevada, es «conforme al espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia». La vida de Saulo, el perseguidor, había sido tan pura e intachable como lo fue luego la vida de Pablo, el apóstol del Señor. Y, con todo, él se incluye a sí mismo con los conversos de Éfeso. De ahí el &lt;i&gt;«todos» &lt;/i&gt;enfático del versículo tercero. Todos por igual habían andado «conforme al príncipe de la potestad del aire», y por ello, conforme a «la corriente de este mundo», porque Satanás es el príncipe de este mundo y su dios.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn15" name="_ftnref15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Bien lejos de implicar que sus «delitos y pecados» se debían a una incitación sobrenatural, el apóstol declara que habían sido totalmente naturales y humanos. Los sensuales gentiles no estaban sino «haciendo la voluntad de la carne», y el fanático judío «la voluntad de los pensamientos».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn16" name="_ftnref16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;Porque los términos inmoralidad y pecado no son intercambiables. El primero tiene referencia a una norma arbitraria humana de lo que es recto; el segundo, a una norma totalmente divina. Como ya se ha indicado,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn17" name="_ftnref17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; la esencia del pecado es &lt;i&gt;rebeldía. &lt;/i&gt;El hombre fue dotado por su Creador con una voluntad totalmente libre. Pero, aunque toda la bendición dependía de que la mantuviera en sujeción, él la afirmó en oposición a la voluntad divina. Y, como resultado, «los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni [añade el apóstol] tampoco pueden».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn18" name="_ftnref18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Así, nuestra naturaleza caída ha quedado sujeta a su propia ley de la gravedad; y sería tan irrazonable esperar que un hombre realizase la hazaña física de elevarse levitando hacia el espacio como suponer que, aparte de la gracia divina, la vida de un pecador no regenerado pueda volverse hacia Dios. Tanto en un caso como en el otro, solamente un milagro puede explicar el fenómeno. Y era un milagro así el que habían experimentado tanto el apóstol mismo como los conversos efesios. De ahí las palabras adicionales: «Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn19" name="_ftnref19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Lo cierto es que no se necesita de ningún milagro para capacitar a los hombres para vivir &lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;vidas religiosas y morales. Aquí, las palabras del canto &lt;/span&gt;de Enid son ciertas:&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;«Porque el hombre es hombre, y dueño de su destino.»&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn20" name="_ftnref20" title=""&gt;[20]&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es en la esfera &lt;i&gt;espiritual &lt;/i&gt;que, por la ley de su naturaleza, siempre gravita hacia abajo, y se aparta de Dios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Como conclusión, quisiera señalar de nuevo que el cristiano que se vuelve hacia la profecía con una mente exenta de prejuicios debidos a puntos de vista tradicionales acerca de Satanás, hallará un nuevo significado en las predicciones que tienen que ver con los «días postreros». Todo lo que el diablo reivindicó en la Tentación fue tener una autoridad delegada, como se desprende de las palabras mismas que utilizó. A él, dijo, le había sido «entregada» la potestad y gloria de los reinos del mundo&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn21" name="_ftnref21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero al cristiano se le ha enseñado a atribuir el poder y la gloria solamente a Dios. Así, en su último gran esfuerzo, el Satanás encarnado pretenderá ser divino.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn22" name="_ftnref22" style="mso-footnote-id: ftn22;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y la mentira, se nos dice, quedará acreditada «con todo poder y &lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;señales y milagros mentirosos».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn23" name="_ftnref23" style="mso-footnote-id: ftn23;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;[23]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; El «milenio» de Dios &lt;/span&gt;será precedido y falsificado por el reinado del Hombre de Pecado. Y el hecho de que el diablo le dará «su trono y gran autoridad»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn24" name="_ftnref24" style="mso-footnote-id: ftn24;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[24]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt; &lt;/span&gt;ha llevado a la suposición de que su gobierno estará marcado por orgías licenciosas de violencia y de concupiscencia. Pero, entonces, ¿cómo podemos explicar las palabras de Cristo, de que el mundo lo saludará como al verdadero Mesías y que, si fuere posible, engañaría a los mismos elegidos con su impostura?&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn25" name="_ftnref25" style="mso-footnote-id: ftn25;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[25]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Si las leemos con una evaluación correcta del Satanás de las Escrituras, estas palabras de nuestro Señor constituyen una advertencia de la máxima solemnidad, incluso para el día en que vivimos; pero leídas a la falsa luz del mito acerca de Satanás, permanecen como un enigma irresoluble.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Todo el pasaje desde el v. 18 demanda un estudio cuidadoso. La ciencia explica la condición del hombre civilizado por una evolución, aunque la única ley a la que puede señalar es a la de degeneración: el resto es mera teoría. La revelación explica el estado del mundo en general por el hecho de que, habiendo poseído originalmente el conocimiento de Dios, lo perdieron voluntariamente, y por ello Dios les dejó en la oscuridad de su propia elección deliberada.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Mateo 21:31&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Timoteo 3:5&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Corintios 11:14-15&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref5" name="_ftn5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;1&amp;nbsp;Pedro 5:8&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn6" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref6" name="_ftn6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Efesios 6:12&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn7" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref7" name="_ftn7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Timoteo 2:22&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn8" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref8" name="_ftn8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Santiago 4:7&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn9" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref9" name="_ftn9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Efesios 6:11&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn10" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref10" name="_ftn10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;1&amp;nbsp;Timoteo 3:6-7&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn11" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref11" name="_ftn11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Ver 1&amp;nbsp;Timoteo 4:1-4. De pasada se puede señalar que, en los años recientes, tanto en Europa como en América, estas doctrinas han sido enseñadas insidiosamente por ciertos espiritistas, que apoyan sus enseñanzas con unas vidas aparentemente puras e intachables.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn12" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref12" name="_ftn12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;1&amp;nbsp;Corintios 5:1-5&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn13" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref13" name="_ftn13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Corintios 2:11&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn14" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref14" name="_ftn14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Corintios 11:3-4&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn15" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref15" name="_ftn15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Juan 14:30; 16:11; 2&amp;nbsp;Corintios 4:4&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn16" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref16" name="_ftn16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; En el N. T., «la carne» significa, por lo general, o el cuerpo o naturaleza corporal del hombre, o la naturaleza humana como un todo, en su condición corrompida y caída. Pero en Efesios 2:3 se contrasta con «los pensamientos», y por ello parece significar la naturaleza &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;corporal&lt;/i&gt; corrompida. En Efesios 1:18 y 4:18 (como también en 1&amp;nbsp;Jn. 5:20), se traduce διάνοια como «conocimiento». (En 1:18 la versión revisada inglesa lee καρδία.) San Pablo utiliza la palabra &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;carne&lt;/i&gt; en sentidos diferentes, incluso en el mismo pasaje; ver, p. ej., Efesios 2:3,11,15.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn17" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref17" name="_ftn17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Capítulo 11, nota 9.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn18" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref18" name="_ftn18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Romanos 8:7&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn19" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref19" name="_ftn19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Efesios 2:4-5&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn20" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref20" name="_ftn20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;i&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;Idylls of the King.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn21" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref21" name="_ftn21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; Lucas 4:6&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn22" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref22" name="_ftn22" style="mso-footnote-id: ftn22;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Tesalonicenses 2:4&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn23" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref23" name="_ftn23" style="mso-footnote-id: ftn23;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[23]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Tesalonicenses 2:9&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn24" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref24" name="_ftn24" style="mso-footnote-id: ftn24;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[24]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Apocalipsis 13:2&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn25" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref25" name="_ftn25" style="mso-footnote-id: ftn25;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[25]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Mateo 24:24. Ver Nota 7.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div id="ftn25" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-5198137414589235467?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/5198137414589235467/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-8-el-mito-acerca-de-satanas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/5198137414589235467'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/5198137414589235467'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-8-el-mito-acerca-de-satanas.html' title='NOTA 8.   El mito acerca de Satanás'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-2135257671030259612</id><published>2010-12-31T09:10:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T00:15:47.668-08:00</updated><title type='text'>NOTA 7.   Los efectos de la influencia de Satanás</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;NOTA 7.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Los efectos de la influencia de Satanás &lt;/b&gt;(véase Capítulo 11, nota al pie 14)&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La exégesis que aquí se ofrece de Juan 8:44 no se basa en la gramática del artículo griego. Los revisores han adoptado un compromiso insatisfactorio entre exposición y traducción. «Hablar una mentira» es una construcción que no es inglesa (ni castellana –N. del T.). En nuestra lengua, la expresión apropiada sería la de «decir una mentira». Pero nadie traduciría de esta manera las palabras griegas λαλεῖν τ&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;ὸ&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; ψεῦδοϛ; y&amp;nbsp; al&amp;nbsp; insertar&amp;nbsp; en&amp;nbsp; el&amp;nbsp; margen la antigua y descartada glosa, los revisores solamente revelan la falta de satisfacción que sienten acerca de su propia versión. Las palabras tienen que referirse o bien a una mentira determinada, o bien, en un sentido abstracto, a aquello que es falso (ver Sal. 5:6 LXX). En esta perspectiva del pasaje, toda habla sería considerada como repartida entre la verdad y la mentira —habla de Dios y habla del diablo. Pero esto es algo imaginativo aquí y, a la vista de las palabras que siguen, más bien forzado. Y si, como me aventuro a proponer, lo que aquí tenemos a la vista no es lo falso en abstracto, sino un caso concreto de ello, ya no hay más cuestión de gramática. Y traducido de este modo, queda clara la relación entre Satanás el mentiroso y Satanás el homicida. El no es el instigador de todos los homicidios, sino &lt;i&gt;del &lt;/i&gt;homicidio que está ahí y entonces en cuestión: el asesinato de Cristo; él no es el padre de &lt;i&gt;mentiras, &lt;/i&gt;sino el padre de &lt;i&gt;la &lt;/i&gt;mentira de la cual «el homicidio» es la consecuencia natural.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En Romanos 1:25, donde ambas palabras («verdad» y «mentira») tienen el artículo, supongo que ambas son utilizadas en el sentido abstracto. En Apocalipsis 21:27 y 22:15 la palabra «mentira» carece del artículo. Pero en 2&amp;nbsp;Tesalonicenses 2:11 es de nuevo &lt;i&gt;la &lt;/i&gt;mentira de Juan 8:44. El inicuo que ha de ser todavía revelado queda descrito como aquel «cuya venida es mediante la operación de Satanás con todo poder y señales y milagros mentirosos». Dios no incita a los hombres a decir mentiras ni a creer mentiras. Pero de aquellos que rechazan «&lt;i&gt;la &lt;/i&gt;verdad» está escrito: «Él les enviará un poder engañoso para que crean en &lt;i&gt;la mentira». &lt;/i&gt;Debido a que han rechazado al Cristo de Dios, una ceguera judicial caerá sobre ellos con lo que aceptarán al cristo de la humanidad, que será Satanás encarnado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En estas páginas me he mantenido apartado de la profecía, porque se dirigen en parte a aquellos que no creen en la profecía. Pero si el estudioso de la profecía se libera del mito acerca de Satanás, encontrará que la predicción divina del futuro se aclarará con una luz radiante. Terribles guerras han de convulsionar todavía a las naciones, y surgirán hambres como consecuencia. Pero el Hombre venidero traerá paz al mundo. Se atraerá el homenaje universal no solamente a causa de sus poderes milagrosos satánicos, sino debido a sus espléndidas cualidades humanas. Los adherentes a «la verdad» serán los únicos de toda la raza humana que tendrán razones para lamentar su soberanía. Su reinado será una era del «milenio» humano, un tiempo de orden y de prosperidad sin precedentes, en el que florecerán las artes de la paz y se cumplirán las utopías de los filósofos y de los socialistas. Y que el culto satánico que entonces prevalecerá sobre la tierra estará marcado por una elevada moralidad y una especiosa «forma de piedad» queda indicado en el hecho de que las Escrituras advierten que, si no fuera por la gracia de Dios, «engañaría a los mismos elegidos». Y me aventuro a pensar que esto ya se está prefigurando claramente en los sucesos actuales. Los cristianos se están tomando livianamente los ataques escépticos contra las Escrituras. Pero la verdadera cuestión implicada en estos ataques es la deidad de Cristo; y me aventuro a predecir que aquellos de nosotros que vivan otro cuarto de siglo serán testigos de un gran abandono de esta gran verdad por muchas de las iglesias. El declive de la fe durante los últimos veinticinco años ha sido pasmoso, y ya nos hallamos dentro de una distancia mensurable de una aceptación más general del culto satánico: de una religión marcada por una elevada moralidad y por una ferviente filantropía, pero totalmente carente de todo aquello es distintivamente cristiano. «Libres de dogma» es la expresión favorita: y esta «libertad» significa abandonar las grandes verdades del cristianismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-2135257671030259612?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/2135257671030259612/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-7-los-efectos-de-la-influencia-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/2135257671030259612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/2135257671030259612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-7-los-efectos-de-la-influencia-de.html' title='NOTA 7.   Los efectos de la influencia de Satanás'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-321882496717257099</id><published>2010-12-31T09:03:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T01:30:42.703-08:00</updated><title type='text'>NOTA 6.   El Diablo y sus tentaciones</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;NOTA 6.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;El Diablo y sus tentaciones&lt;/b&gt; (véase Capítulo 11, notas al pie 3 y 16)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;Si el lector abre el Nuevo Testamento, y ayudado por una buena concordancia examina cada pasaje en el que se menciona al diablo, se quedará asombrado al ver qué poco hay que dé un apoyo siquiera aparente a la superstición popular acerca de este tema. Solamente puedo hallar tres pasajes que parezcan sugerir que Satanás tiente a actos inmorales. De 1&amp;nbsp;Juan 3:8-10 ya he hablado. Los otros dos son 1&amp;nbsp;Corintios 7:5 y 1&amp;nbsp;Timoteo 5:15, y voy a abordarlos a continuación.&lt;br /&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Naturalmente, en la tentación de nuestro Señor no entró la cuestión de la moralidad. El objetivo del diablo era apartarlo del camino de dependencia de Dios, y especialmente apartarlo del camino que llevaba a la Cruz. Y también fue esto lo que suscitó aquella terrible reprensión dirigida a Pedro cuando el Señor se dirigió a él llamándole «Satanás» (Mt. 16:23). Y cuando Satanás pidió tener a Pedro (como había pedido que se le diera Job), fue su &lt;i&gt;fe &lt;/i&gt;lo que intentó destruir. «Pero yo he rogado por &lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;ti», añadió el Señor, «que &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tu fe &lt;/i&gt;no falte» (Lc. 22:31-32).&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y es indudable que fue recordando esto que el apóstol escribió las palabras: «Porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la &lt;i&gt;fe» &lt;/i&gt;(1&amp;nbsp;P. 5:8-9). En la parábola de la cizaña en el campo, es el diablo el que siembra la cizaña (Mt. 13:39). Y en la parábola del sembrador se describe la obra del diablo como quitando la semilla de la palabra de los corazones de aquellos que la oyen, «para que &lt;i&gt;no crean &lt;/i&gt;y se salven». Y si Elimas, el hechicero, fue llamado «hijo del diablo», fue debido a su intento «de apartar de la fe al procónsul» (Hch. 13:8-10).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Dos pasajes indican su misterioso «imperio de la muerte», esto es, Hebreos 2:14 y Judas 9, refiriéndose el último a su reclamación del cuerpo de Moisés como su derecho. Y otros dos pasajes indican su capacidad para infligir enfermedad y dolor, esto es, Lucas 13:16 y Hechos 10:38, pero estos pueden explicarse probablemente por referencia al caso de Job.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En Apocalipsis 12:9 se le designa como aquel «el cual &lt;i&gt;engaña &lt;/i&gt;al mundo entero» (cp. Ap. 20:10); y en dicho libro es descrito como el dirigente en la gran lucha futura entre la fe y la incredulidad, entre el reconocimiento de Dios y la negación de Él. No hay necesidad de citar los muchos pasajes que indican su maligno odio contra Dios y Su pueblo, pero si él fuera el obsceno monstruo de la tradición cristiana, ¿cómo es que, de principio a fin, la Biblia guarda silencio acerca de este tema? En sus «estratagemas» contra los hombres, el Satanás de las Escrituras es el enemigo no de la moral, sino de la &lt;i&gt;fe.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y si a la vista de la masa de testimonios que llevan a esta conclusión nos volvemos de nuevo a los dos pasajes anteriormente mencionados, estaremos preparados para leerlos bajo una nueva luz. En 1&amp;nbsp;Timoteo 5 leeremos el versículo 15 a la luz del versículo 12. El apartarse «en pos de Satanás» a que aquí se refiere es con respecto a «haber quebrantado su primera &lt;i&gt;fe». &lt;/i&gt;Y el cristiano no dudará en seguir a Calvino comprendiendo aquí la «fe» como la fe de Cristo. La palabra πιστός aparece doscientas veces en las Epístolas; y solamente se utiliza en este sentido, con la única excepción de Tito 2:10. Hay, por ello, una poderosa presunción en contra de que aquí no signifique más que la «fidelidad» de la mujer a su difunto marido. Además, tal sugerencia haría que el apóstol se contradiga a sí mismo. ¡Le haría decir que las jóvenes viudas «tienen condenación» porque quieren volverse a casar, y sin embargo termina con un mandato expreso de que se deben volver a casar! (v. 14.) Los versículos 11-13 nos dan sus razones para su orden. Este pasaje, por cierto, comporta una enérgica condena de los conventos de monjas, pero la interpretación que generalmente se le impone constituye un atentado a las Sagradas Escrituras y un burdo libelo en contra de las mujeres. Y puedo añadir que si tal interpretación fuera cierta, el límite de edad a partir del cual se tenía que proveer para las viudas hubiera sido puesto ciertamente inferior a la de sesenta años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las expresiones «se rebelan contra Cristo», y «apartándose en pos de Satanás», tienen que explicarse en correspondencia con la normativa bíblica de la vida espiritual y con la teología bíblica de las tentaciones satánicas. Así también con respecto a 1&amp;nbsp;Corintios 7:5. La solemne lección práctica a derivar de ello es que cualquier alejamiento de la prudencia y de la sobriedad puede dar a Satanás una ventaja: una ocasión para minar o corromper la fe del cristiano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Con respecto a Ananías, su historia se lee tan erróneamente que la Iglesia se pierde la verdadera lección. Él no era un mal hombre, sino un buen hombre. En el entusiasmo de su celo vendió la propiedad de sus tierras a fin de dedicar el producto de su venta al fondo común. Pero aquí se le presentó la sugerencia de poner aparte una parte de ello para su propio uso. Su esposa andaba metida en el asunto, y mintió atrevidamente para esconderlo. Pero Ananías no &lt;i&gt;dijo &lt;/i&gt;ninguna mentira, tan solamente la actuó, tal como la gente está acostumbrada a hacer hoy en día. Si él viviese con nosotros, gozaría de la mayor reputación posible. Lo cierto es que hay bien pocos en estos días de egoísmo que se pudieran comparar con él. La enseñanza que hallamos en este pasaje no es la maldad del hombre, sino la santidad y «severidad» de Dios, así como la sutileza de las tentaciones de Satanás. Satanás lo tentó no a un acto obsceno e «inmoral», sino solamente a hacer aquello que, como el apóstol le dijo, tenía un derecho indiscutible a hacer. El no mintió a los hombres —así nos lo dice la Palabra en forma expresa— sino que mintió a Dios, y un juicio repentino cayó sobre él. Si Dios estuviera tratando en la actualidad con las personas en base a este criterio, ¡la cantidad de entierros provocaría serias dificultades!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El caso de Judas no lo trató de una forma expresa porque cae evidentemente dentro de la categoría de las tentaciones dirigidas directamente en contra del mismo Cristo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-321882496717257099?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/321882496717257099/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-6-el-diablo-y-sus-tentaciones.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/321882496717257099'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/321882496717257099'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-6-el-diablo-y-sus-tentaciones.html' title='NOTA 6.   El Diablo y sus tentaciones'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-2544164906274450240</id><published>2010-12-31T08:54:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T00:14:50.480-08:00</updated><title type='text'>NOTA 5.   Significado del término «misterio»</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;NOTA 5.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Significado del término «misterio»&lt;/b&gt; (véase Capítulo 10, nota 6)&lt;br /&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El significado primario y usual de μυστήριον en griego bíblico queda indicado por su uso en la Septuaginta. Aparece ocho veces en el segundo capítulo de Daniel (vv. 18, 19, 27, 28, 29, 30, y 47 dos veces), y de nuevo en el capítulo 4:9, y se traduce cada vez como &lt;i&gt;secreto &lt;/i&gt;en nuestra versión inglesa. También en los apócrifos y siempre en el mismo sentido. Este es también su uso ordinario en el Nuevo Testamento; pero este término estaba ya entonces adquiriendo un significado adicional que aparece en los escritos de los Padres griegos, esto es: un &lt;i&gt;símbolo &lt;/i&gt;o un &lt;i&gt;signo secreto. &lt;/i&gt;Y es en este sentido que parece que se usa en Apocalipsis 1:20 y en 17:5-7. En el capítulo 10:7 aparece en su sentido primitivo. Este es aparentemente el caso en Efesios 5:32, aunque la Vulgata lo comprende de forma diferente, y utiliza la palabra &lt;i&gt;sacramentum &lt;/i&gt;para traducirlo al latín. Si se ha de leer en el primer sentido, el &lt;i&gt;secreto &lt;/i&gt;al que se refiere es que los creyentes son miembros del cuerpo de Cristo: si se entiende en el otro sentido, el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;símbolo &lt;/i&gt;propuesto es el del matrimonio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La traducción latina de Efesios 5:32 es de especial interés por cuanto indica el significado original de &lt;i&gt;sacramentum &lt;/i&gt;como «un misterio; una prenda o compromiso santo o misterioso» (Webster). Así, el obispo Taylor habla de Dios enviando a Su pueblo «el sacramento de un arco iris». Y Hooker escribe: «Tantas veces como mencionamos un &lt;i&gt;sacramento, &lt;/i&gt;se entiende de manera inadecuada; porque en los escritos de los padres antiguos todos los artículos que son peculiares a la fe cristiana, todos los deberes de la religión que contienen aquello que los sentidos o la razón natural no pueden discernir por sí solos, son designados por lo general &lt;i&gt;sacramentos. &lt;/i&gt;El uso limitado que hacemos de esta palabra para designar algunas pocas ceremonias sagradas principales comporta en cada una de estas ceremonias dos cosas, el aspecto material de la ceremonia misma, que es visible; y juntamente con ello algo más secreto, con referencia a lo cual concebimos que aquella ceremonia es un sacramento».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Se observará que en este pasaje la palabra se usa precisamente en el sentido secundario que se le asigna en el &lt;i&gt;Diccionario &lt;/i&gt;de Johnson, esto es: «Un signo exterior y visible de una gracia interna y espiritual. La primera acepción de la palabra, según Johnson, es «un juramento», y es posible que la palabra latina &lt;i&gt;sacramentum &lt;/i&gt;haya adquirido dicho significado debido a algún acto o señal externos que acompañara a la toma de un juramento. Según la utilización que Hooker hace de la palabra &lt;i&gt;sacramentum, &lt;/i&gt;así se describiría la práctica inglesa de besar el Nuevo Testamento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-2544164906274450240?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/2544164906274450240/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-5-significado-del-termino-misterio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/2544164906274450240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/2544164906274450240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-5-significado-del-termino-misterio.html' title='NOTA 5.   Significado del término «misterio»'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-6497811578799734192</id><published>2010-12-31T08:45:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T00:14:25.760-08:00</updated><title type='text'>NOTA 4.   Una nueva dispensación</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;NOTA 4.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Una nueva dispensación&lt;/b&gt; (véase Capítulo 8, nota al pie 3)&lt;br /&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todos reconocen que la venida de Cristo comportó un señalado «cambio de dispensación», según se designa: es decir, un cambio en los tratos de Dios hacia los hombres. Pero se ignora comúnmente que el rechazo que Cristo sufrió de parte del pueblo favorecido, y la consiguiente caída de ellos de su posición de privilegio que antes mantenían, comportó otro cambio no menos inequívoco e importante (Ro. 11:15). Y sin embargo esta realidad proporciona la solución a muchas dificultades y una protección frente a muchos errores. Como se ha indicado en estas páginas, proporciona la clave para una correcta comprensión del libro de Los Hechos de los Apóstoles —libro que constituye de manera primordial no el registro de la fundación de la Iglesia Cristiana, sino de la apostasía de la nación favorecida. Pero también explica muchas cosas de la enseñanza de los Evangelios que desconciertan a los cristianos.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 13.5pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Durante la última insurrección carlista en España se cuenta que un rico marqués español hipotecó todas sus posesiones por todo su valor, y dio todo el dinero para la financiación de la insurrección. Esta era una acción razonable por parte de todo el que creyera en la causa del Pretendiente. Para él, y para otros muchos como él, la accesión de Don Carlos al trono les devolvería lo que habían aportado, y mucho más. Así era con los discípulos en los días en que el reino era predicado al pueblo terrenal. Algunos de los preceptos del Señor tenían que ver con las circunstancias especiales de aquella dispensación especial. Tomemos como ejemplo «el Sermón del Monte». Nuestro Señor desarrollaba en el mismo los principios del reino prometido, y daba preceptos para guiar a los que esperaban su establecimiento. Es todo él para nosotros, sin duda alguna, pero no siempre en el mismo sentido que tenía la intención de comunicarles a ellos. Los cristianos, por ejemplo, oran la oración del reino. Pero para nosotros, el «venga a nosotros tu reino» constituye una petición general por el avance de la causa divina: para ellos se trataba de una petición específica del cercano cumplimiento del reino terrenal prometido. ¡Y cuál no sería el significado de la oración del pan de cada día para aquellos que habían recibido la orden de no llevar ni bolsa ni alforja, sino que confiasen en el Padre celestial que les alimentaría como alimenta a las aves; porque, como las aves, «no tenían graneros»!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los principios son inmutables, pero los preceptos específicos que aparecen en pasajes como Mateo 5:39-42 y 6:25-34 fueron formulados con referencia a las circunstancias de aquel tiempo y al especial testimonio que el discípulo del reino tenía que mantener. El cristiano, a diferencia del discípulo del reino a este respecto, tiene derecho a defenderse frente a los atropellos y a resistir cualquier invasión de sus derechos personales o civiles; y se le ha mandado expresamente que haga provisión para el futuro. La banca, los seguros y el ahorro no están prohibidos por el cristianismo. «No toméis nada para el camino», mandó el Señor, al enviar a los Doce, «ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni llevéis dos túnicas» (Lc. 9:3). Y refiriéndose a esto mismo, cuando estaba a punto de ser quitado de en medio de ellos, les preguntó: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una» (Lc. 22:35-36).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Qué puede haber más claro que esto? Naturalmente, en las comunidades civilizadas es el Estado el que se encarga de «la espada» (Ro. 13:4), y no se permite que el ciudadano individual se defienda a sí mismo; pero el principio es el mismo. Aquel que es «docto en el reino», dice el Señor, es como «un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas» (Mt. 13:52). Pero a los cristianos no se les instruye hoy de esta manera. ¡Son más bien como padres de familia que, sacando lo que primero les viene a mano, dan leche fresca a sus huéspedes y vino viejo a sus bebés! Y, como resultado, las Sagradas Escrituras caen en descrédito, y los creyentes fervorosos y sinceros tropiezan o quedan presas del desconcierto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Necesitamos otra clave para guiarnos en el correcto uso de la enseñanza de los Evangelios. Algunas de las palabras del Señor se dirigen a los apóstoles &lt;i&gt;como tales, &lt;/i&gt;y tenemos que recordar esto cuando las aplicamos a nosotros mismos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Con referencia al Sermón del Monte se podría preguntar: ¿Alguno de nosotros se imagina que nuestro Señor suponía que nadie desearía añadir cincuenta centímetros a su estatura? Mateo 6:27 se debería leer sin duda como lo traducen los revisores americanos: «¿Y quién de vosotros, por mucho que se afane, podrá añadir un codo &lt;i&gt;a lo largo de su vida&lt;/i&gt;?» (como también traduce la V.M.).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 12.5px; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-6497811578799734192?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/6497811578799734192/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-4-una-nueva-dispensacion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/6497811578799734192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/6497811578799734192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-4-una-nueva-dispensacion.html' title='NOTA 4.   Una nueva dispensación'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-6453115933660317721</id><published>2010-12-31T08:40:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T00:14:04.756-08:00</updated><title type='text'>NOTA 3.   El propósito de Los Hechos de los Apóstoles</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;NOTA 3.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;El propósito de los Hechos de los Apóstoles &lt;/b&gt;(véase Capítulo 5, nota al pie 16)&lt;br /&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los Hechos de los Apóstoles está dividido por los teólogos en tres períodos principales: El &lt;i&gt;hebraico &lt;/i&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;(caps. 1–5); el de &amp;nbsp;&lt;i&gt;transición &lt;/i&gt;(6–12), y el &lt;i&gt;gentil &lt;/i&gt;(13–28). &lt;/span&gt;Pero esta clasificación es arbitraria. La sección &lt;i&gt;hebraica &lt;/i&gt;incluye por lo menos los primeros nueve capítulos; y si el punto de vista acerca del libro que aquí proponemos es correcto, todo el resto del mismo se tiene que considerar como &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;de transición.&lt;/i&gt; Que esto es así de una manera muy real no lo podrá dejar de reconocer ningún estudioso; y me aventuro a mantener que esta es la intención de la narración. La admisión de los gentiles, que se narra en el capítulo 10, tuvo lugar dentro de unas líneas estrictamente judías, como los apóstoles llegaron a saber, y como Santiago lo explicó en el Concilio de Jerusalén &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;(15:33 y ss.). Los que fueron dispersados por la persecución que se inició tras el asesinato de Esteban predicaban «sólo a los judíos» (11:19). La nota marginal al versículo 20 en la versión revisada inglesa expone que no se tiene que forzar el pasaje para implicar una negación de esto. Que el ministerio de Pablo durante el año que pasó en Antioquía se limitó a los judíos queda claro por 14:27.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Cuando Pablo y Bernabé llegaron a Salamina procedentes de Antioquía, «anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos» (13:5). Cuando llegaron a Antioquía de Pisidia, de nuevo acudieron a la sinagoga (v. 14). Y no fue sino hasta después que los judíos rechazaron el ministerio que los apóstoles se volvieron «a los gentiles» (v. 46). Este pasaje marca una de las crisis menores en la narración. De nuevo, en Iconio los apóstoles predicaron en la sinagoga de los judíos (14:1). Como los «griegos» aquí mencionados asistían a la sinagoga, es evidente que eran prosélitos, y no deben confundirse con los «gentiles» de los versículos 2 y 5. El versículo 27 del capítulo catorce deja claro que el ministerio de Pablo entre los gentiles empezó con su estancia en Pisidia (cap. 13).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El capítulo 15 demanda una atención más plena que la que le podemos prestar aquí. Pero todos podrán ver que registra la sesión de un concilio de judíos para tratar de los nuevos problemas que se habían suscitado a causa de la conversión de los gentiles. Hechos 16:1-8 narra las visitas de los apóstoles a las iglesias existentes. A continuación, la visión del versículo 9 los llama a Filipos, donde (como probablemente en Listra) no hallaron ninguna sinagoga. Pero al pasar de allí a Tesalónica, «Pablo, como acostumbraba», frecuentó la sinagoga (17:2). Lo mismo tenemos en Berea (v. 10) y en Atenas (v. 17).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De Atenas Pablo fue a Corinto donde «discutía en la sinagoga todos los días de reposo» (18:4). Así también en Éfeso (v. 19 y 19:8). Fue desde allí que se dirigió a Jerusalén en aquella misión que algunos consideran como el cumplimiento de su ministerio, y por otros como su desvío del camino del testimonio a los gentiles que, al parecer le había sido marcado como el que debía seguir. Sea como fuere, habiendo sido llevado preso a Roma, su primera preocupación fue la de convocar, no a los cristianos, a pesar de lo mucho que deseaba verlos (Ro. 1:10-11), sino «a los principales de los judíos», y ello para darles el testimonio que había llevado a su nación en cada lugar adonde le había llevado su ministerio. En su primer discurso ante ellos afirmó su posición como un judío entre judíos: «No habiendo hecho nada contra el pueblo [les dijo], ni contra las costumbres de nuestros padres» (28:17); pero cuando éstos, los judíos de Roma, rechazaron la misericordia ofrecida, su misión a los de su nación llegó a su final; y separándose por primera vez de ellos, exclamó: «Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a &lt;i&gt;vuestros &lt;/i&gt;padres» (V.Μ.). Y procedió a repetir las palabras que nuestro mismo Señor había utilizado en aquella crisis similar de Su ministerio cuando la nación le rechazó abiertamente (Hch. 28:25; Mt. 13:13, cp. 12:14-16).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Mantengo que Hechos, como un todo, es el registro de una dispensación temporal y transicional en la que la bendición se ofreció de nuevo al pueblo judío, y fue de nuevo rechazada. De ahí el constante énfasis con que se pormenoriza el testimonio a Israel, y la forma incidental en que se narra el testimonio a los gentiles. De los miles de bautizados en Pentecostés no cabe duda de que una gran proporción era de los extranjeros que se mencionan en 2:9-11; y estos llevaron el testimonio a los judíos en los lugares allí enumerados. Por lo que se refiere a los cinco mil hombres mencionados en 4:4, estos parece que residían en Jerusalén, y cuando fueron dispersados por la persecución que siguió a la muerte de Esteban, «iban por todas partes, anunciando el Evangelio», pero «sólo a los judíos» (8:1-4 y 11:19). Podemos suponer con toda seguridad que no hubo un solo distrito ni ninguna aldea donde habitasen judíos donde no llegase el Evangelio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Algunos, quizás, apelarán a pasajes como Hechos 15:12 para refutar mi afirmación de que los milagros tenían una especial referencia a la nación favorecida. No obstante, el investigador cuidadoso verá que nada hay en la narración que sea inconsecuente con lo que afirmo. Por ejemplo, el milagro en Listra fue en respuesta a la fe de un hombre, que se benefició del mismo (14:9), y su efecto sobre los paganos testigos del mismo no fue el de llevarles al cristianismo, sino primero a el de llevarlos a rendir homenaje divino a los apóstoles y después, al descubrir que no eran dioses, sino hombres, a apedrearlos. No he dicho que no se efectuaron milagros entre los paganos, sino que, cuando se llevó el Evangelio a éstos, los milagros perdieron su lugar preeminente, y que cesaron totalmente justo alrededor del tiempo en que, si la hipótesis comúnmente difundida fuese cierta, hubieran sido del máximo valor. El gran milagro de 16:26 fue una intervención divina en favor del apóstol Pablo y Silas. Y entre los judíos de Éfeso (19:11) y los cristianos de &lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;Corinto (1 Co. 12:10) hubo milagros, como indu&lt;/span&gt;dablemente también en otros lugares. Pero no hubo milagros en presencia de Félix ni de Festo ni de Agripa; y, como ya se ha señalado, cuando Pablo compareció ante Nerón ya se había acabado la era de los milagros. Los milagros de Hechos 18:8-9 son cronológicamente los últimos que se registran, y las epístolas posteriores guardan un silencio total acerca de los mismos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr align="left" size="1" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Debido a que si los gentiles hubieran sido evangelizados durante su primera visita, no habría existido ninguna necesidad de anunciar a su vuelta que Dios había abierto la puerta de la fe a ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-6453115933660317721?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/6453115933660317721/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-3-el-proposito-de-los-hechos-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/6453115933660317721'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/6453115933660317721'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-3-el-proposito-de-los-hechos-de.html' title='NOTA 3.   El propósito de &lt;i&gt;Los Hechos de los Apóstoles&lt;/i&gt;'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-1291368283496365771</id><published>2010-12-31T08:33:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T01:31:27.355-08:00</updated><title type='text'>NOTA 2.   Significado y uso del término «religión»</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;NOTA 2.&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Significado y uso del término «religión»&lt;/b&gt; (véase Capítulo 4, nota al pie 17)&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Según el diccionario, el significado primario de &lt;i&gt;religión &lt;/i&gt;es «piedad». Pero esto es, desde luego, totalmente personal y subjetivo. En estas páginas utilizo solamente la palabra en su sentido original, aquel en el que aparece siempre en nuestra Biblia inglesa. «Lo poco que “religión” significaba piedad, y lo muy predominantemente que se utilizaba para el servicio &lt;i&gt;exterior &lt;/i&gt;a Dios, queda evidente en muchos pasajes en nuestras homilías, y de mucha literatura contemporánea.» Pero aunque el arzobispo Trench, de cuya obra &lt;i&gt;English Past and Present &lt;/i&gt;hemos entresacado esta cita, sugiere que este uso de la palabra está ya en desuso, me atrevo a mantener que es en este sentido original, aunque ahora secundario, que se utiliza generalmente en la actualidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y puedo apelar al hecho de que los revisores la han retenido incluso en Gálatas 1:13-14 (se refiere a la versión revisada &lt;i&gt;inglesa, &lt;/i&gt;N. del T.) donde aparece en tres ocasiones «la religión de los judíos» como el equivalente a «judaísmo». En los únicos otros pasajes en los que aparece (Hch. 26:5, y Stg. 1:26-27), se trata de la traducción del término griego θρησκεία, una palabra que significa el servicio ceremonial externo de la religión, en contraste con εὐσέβεια, una palabra que, con una única excepción, se traduce siempre como &lt;i&gt;piedad &lt;/i&gt;en los quince pasajes en los que aparece. Θρησκεία se traduce como &lt;i&gt;culto &lt;/i&gt;en Colosenses 2:18, lo que demuestra claramente que implica un ceremonial externo. Su uso en Hechos 26:5 no precisa de comentarios, pero, por lo general, se pierde de vista su significado en Santiago 1:27. «La religión pura y sin mácula es esta» declara el escritor —y cada israelita (porque era a ellos a quienes se dirigía la epístola en forma especial)— esperaría una referencia a nuevas ordenanzas en lugar de aquellas de la dispensación finalizada; pero sus pensamientos son llevados a una dirección totalmente diferente: «visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo». Como observa el arzobispo Trench, la θρησκεία esencial del cristianismo «consiste de actos de misericordia, de amor, de santidad». Las palabras están dispuestas no para indicar un paralelo, sino un contraste. El apóstol no hubiera podido enseñar de una manera más enérgica y contundente que el cristianismo no es una θρησκεία en absoluto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-1291368283496365771?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/1291368283496365771/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-2-significado-y-uso-del-termino.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/1291368283496365771'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/1291368283496365771'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/nota-2-significado-y-uso-del-termino.html' title='NOTA 2.   Significado y uso del término «religión»'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-1188990192365938321</id><published>2010-12-31T08:28:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T01:31:56.086-08:00</updated><title type='text'>APÉNDICES - NOTA 1.   Los presuntos milagros</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;NOTA 1.&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Los presuntos milagros &lt;/b&gt;(véase Capítulo 2, nota al pie 2)&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En estas páginas estoy tratando solamente de los milagros en el sentido teológico; esto es, de los milagros divinos. Los fenómenos del espiritismo no los he investigado personalmente, pero si son genuinos son evidentemente milagrosos, y rechazar, &lt;i&gt;a priori, &lt;/i&gt;la masa de pruebas aducidas en su favor en libros como el del profesor A. R. Wallace, &lt;i&gt;Miracles and Modern Spiritualism &lt;/i&gt;(Los Milagros y el Moderno Espiritismo), me parece que es una indicación a la insensatez de la incredulidad. Dando por supuesta su autenticidad, ningún cristiano tiene por qué dudar en considerarlos como intervenciones demoníacas. Atribuirlos a espíritus que han partido de este mundo es tan antifilosófico como antibíblico. Parece que durante esta dispensación cristiana, en la que la tercera Persona de la Trinidad habita en la tierra, los demonios se hallan sujetos a unas restricciones que no habían sido impuestas en la edad anterior, pero no hay razón alguna para rehusar creer en su presencia o en su poder.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los milagros religiosos también merecen aquí una atención pasajera. No me refiero a los trucos de los sacerdotes, sino a casos de curaciones extraordinarias de serias enfermedades; y al menos algunas de estas parecen estar apoyadas por una prueba suficiente para establecer su veracidad. Es probable que el fenómeno de la histeria y de enfermedades miméticas explique la mayor parte de los casos de este tipo. También se podrían explicar otras como ejemplos del poder de la mente y de la voluntad sobre el cuerpo. Las enfermedades necesariamente mortales son relativamente poco numerosas. Pero cuando el paciente abandona la esperanza, sus posibilidades de recuperación quedan muy reducidas. en cambio, el progreso de una enfermedad puede quedar controlado e incluso detenido por alguna influencia o emoción dominante que devuelve los pensamientos del paciente de nuevo a la vida, y que le llevan a creer que está convaleciente. Pero aunque la inmensa mayoría de las curaciones aparentemente milagrosas se pueden explicar así mediante principios naturales, puede que haya algunas que sean milagros genuinos. No hay límites a las posibilidades de la fe, y es posible que Dios se declare así en ocasiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No hay nada en esta admisión que choque con la afirmación final de mi segundo capítulo, en el sentido de que en nuestra dispensación, a diferencia de las que la precedieron, no hay sucesos &lt;i&gt;públicos &lt;/i&gt;que impongan creer en Dios. En aquel capítulo no me refiero al mero hecho de los milagros, sino a su valor como evidencias; y si ha habido milagros en la Cristiandad, este elemento está ausente en los mismos. Puedo añadir que entre los cristianos es un gran mal convertir la experiencia excepcional de algunos la regla de fe para todos. La Palabra de Dios es nuestra guía, y no la experiencia de hermanos cristianos; y cuando se ignora esta verdad, las consecuencias prácticas son desastrosas. Los anales de las «curaciones de fe», como se las llama, abundan en casos de enfermedades miméticas o de histeria, pero guardan silencio acerca de los naufragios espirituales debidos a sus innumerables fracasos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 12.5px; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-1188990192365938321?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/1188990192365938321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/apendices-nota-1-los-presuntos-milagro.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/1188990192365938321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/1188990192365938321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/apendices-nota-1-los-presuntos-milagro.html' title='APÉNDICES - &lt;P&gt;NOTA 1.   Los presuntos milagros'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-1411567286938648644</id><published>2010-12-31T05:21:00.000-08:00</published><updated>2010-12-31T05:21:22.477-08:00</updated><title type='text'>Capítulo 13. El reinado de la gracia</title><content type='html'>&lt;h1&gt;Capítulo 13. El reinado de la gracia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-variant: small-caps; mso-fareast-language: ES;"&gt;¡Un cielo en silencio! Sí, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;pero no el silencio de una insensible indiferencia ni de la impotencia de debilidad; es el silencio de un gran reposo sabático, el silencio de una paz absoluta y profunda; un silencio que constituye la prenda y prueba públicas de que el camino está abierto para que el más culpable de los humanos se pueda acercar a Dios. Cuando la fe murmura y la incredulidad se rebela, y los hombres desafían al Supremo a romper este silencio y a que se declare a Sí mismo, ¡qué poca cuenta que se dan de lo que significa el desafío! Significa poner punto final a la amnistía; el final del reinado de la gracia; la conclusión del día de misericordia y el amanecer del día de la ira.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Entre las afirmaciones que dolieron a los ortodoxos en el famoso discurso del difunto profesor Tyndall en Birmingham sobre «Ciencia y Hombre», se hallaba su referencia al cántico de los Ángeles Anunciadores. «Mirad hacia Oriente en la actualidad», exclamó él, «como un comentario acerca de la promesa de paz sobre la tierra y buena voluntad hacia los hombres. La promesa es un sueño arruinado por la experiencia de dieciocho siglos, y en esta ruina queda incluida la pretensión de las “huestes celestiales” de dar una visión profética». Pero el cántico de los ángeles no fue una promesa, y menos todavía una profecía. Aquel himno de alabanza era una proclamación divina. Todavía no había llegado el tiempo en que Dios podría imponer la paz entre los hombres; pero la gracia «vino por Jesucristo», y con aquel advenimiento la paz y la buena voluntad vinieron a ser la actitud de Dios hacia los hombres. Y esto «en la tierra», incluso en medio de sus dolores y de sus pecados. «Y vino y anunció las buenas nuevas de paz».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y «el que tiene oídos para oír» puede captar el eco de aquella voz que vibra todavía en nuestra atmósfera. Si Dios guarda silencio ahora es porque el Cielo ha bajado a la tierra, se ha alcanzado la cumbre de la revelación divina, y no hay ninguna reserva de misericordia que quede por desplegarse. Él ha hablado Su última palabra de amor y de gracia, y cuando la próxima vez rompa Su silencio será para desencadenar los juicios que aún han de abrumar este mundo que ha rechazado a Cristo. Porque «vendrá nuestro Dios, y no callará».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;El cielo silencioso forma parte del misterio de Dios; pero las Sagradas Escrituras declaran que está fijado un día en la cronología divina en que «el misterio de Dios se consumará».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y cuando amanezca aquel día, se oirán de nuevo las huestes celestiales, proclamando que «la soberanía del mundo&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos». Y a esta señal los maravillosos seres que se sientan en tronos alrededor del trono de Dios elevarán el himno: «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que ha de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Entonces, por fin, Él asumirá el poder que ya le pertenece de derecho, y galardonará públicamente el bien y reprimirá el mal. En una palabra, Él hará entonces lo que los hombres creen que debería hacer ahora y siempre. Y si El posterga hacer esto, no se trata de que «retarde su promesa». La propia defensa de Dios con respecto a Su inactividad es que Él es «paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;A lo largo de todas las edades hasta que vino Cristo, el curso de la historia humana fue una acusación sin respuesta por la que, aparentemente, se desacreditaba cada atributo de Dios. El poder divino y Su sabiduría, justicia y amor fueron todos puestos en entredicho. Pero la venida de Cristo fue la revelación plena y final de Dios mismo al hombre. Sin duda alguna, hay misterios que todavía permanecen sin resolver, pero son misterios que se hallan más allá del horizonte de nuestro mundo. El principal entre ellos es el del origen del mal. No en la caída del Edén, sino en la caída de aquel Ser maravilloso que con sus «estratagemas» dio lugar a la caída en Edén. ¿Por qué permitió Dios que la primera y más noble de Sus criaturas se tornase en diablo? Pero de todas las cuestiones que nos afectan de forma inmediata, no hay ni una a la que la Cruz de Cristo no haya dado respuesta. Los hombres señalan a los tristes incidentes de la vida humana sobre la tierra, y preguntan: «¿Dónde está el amor de Dios?». Dios señala a aquella Cruz como la manifestación sin ninguna clase de reservas de un amor tan inconcebiblemente infinito que da respuesta a toda contradicción y silencia para siempre toda duda.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y aquella Cruz no constituye meramente la prueba pública de lo que Dios ha cumplido; constituye también la garantía de todo lo que ha prometido. El supremo misterio de Dios es Cristo, porque en Él «están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y estos tesoros escondidos aún han de ser revelados. Es el propósito divino «reunir todas las cosas en Cristo».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; El pecado ha roto la armonía de la creación, pero aquella armonía debe ser todavía restaurada por la supremacía de nuestro Señor, que actualmente sigue menospreciado y rechazado. Y al nombre mismo de Su humillación, Jesús, se doblará toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confesará que Él es el Señor.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn10" name="_ftnref10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Y creer en Cristo es reconocer Su Señorío &lt;i&gt;ahora. &lt;/i&gt;De ahí la promesa: «Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn11" name="_ftnref11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; El pecador que así cree en Cristo anticipa, aquí y ahora, la realización del propósito supremo de Dios, y es salvo absolutamente y para siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Fue en el poder de estas verdades que vivieron y murieron los mártires. En esto residía el secreto de su triunfo; no en «el tenor general de las Escrituras corregido a la luz de la razón y de la conciencia»; ni en las insolentes pretensiones del clericalismo, degradantes para cualquiera que las tolera. Con corazones guiados por una profunda reverencia a Dios, custodiados por la paz de Dios y exultantes en el amor de Dios derramado por el divino Espíritu, se mantuvieron por la verdad frente a las fuerzas combinadas de sacerdotes y de príncipes y, atreviéndose a ser llamados herejes, fueron fieles a su Señor en vida y en muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;El cielo estuvo entonces silencioso, al igual que ahora. No hubo visiones, ni se oyeron voces que hicieran detenerse a sus perseguidores. No se vieron señales que dieran pruebas de que Dios estaba con ellos cuando se hallaban en el potro del tormento o cuando entregaban su vida en la hoguera. Pero con su visión espiritual concentrada en Cristo, las realidades invisibles del cielo llenaban sus corazones, al pasar de un mundo que no era digno de ellos al hogar que Dios ha preparado para los que le aman. Pero en nuestro caso, los hijos decaídos de una edad decadente, la fe vacila bajo el peso de las pequeñas pruebas de nuestra vida. Y mientras Él insiste: «No te desampararé ni te dejaré», nuestras murmuraciones ahogan Su voz; y aunque profesamos ser «imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas», nuestra presunción e incredulidad apartan de nosotros las infinitas compasiones de Dios. &lt;i&gt;«Ellos &lt;/i&gt;se sostuvieron como viendo al Invisible»; &lt;i&gt;nosotros &lt;/i&gt;no podemos ver otra cosa que nuestras cargas y nuestras aflicciones, que se ven tanto más ampliadas cuanto que las vemos a través de las lágrimas de un dolor egoísta que ciegan nuestros ojos a las glorias de la eternidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;La dispensación de la ley y del pacto y de la promesa —los privilegios distintivos del pueblo favorecido— quedó marcada por la exhibición pública del poder divino sobre la tierra. Pero el reinado de la gracia tiene su correlativo con la vida de la fe. El nuestro es el privilegio superior, la mayor bendición de aquellos «que no vieron y creyeron».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn12" name="_ftnref12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y andar por fe es la antítesis de andar por vista. Si se nos concedieran «señales y maravillas» como en los días de Pentecostés, la fe descendería a un nivel inferior, y cambiarían toda la norma y el carácter de la disciplina de la vida cristiana.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn13" name="_ftnref13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Los sufrimientos de Pablo denotan una fe superior a «los hechos poderosos» de su ministerio anterior. No fue hasta que cesaron los milagros, y que él entró en el camino de la fe tal como el que andamos hoy, que se le reveló que su vida iba a ser «como ejemplo para los que después hubiesen de creer».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn14" name="_ftnref14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;¡Y qué vida fue ésta! Aquí tenemos el asombroso relato: «De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez&lt;span style="letter-spacing: -.15pt; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn15" name="_ftnref15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; letter-spacing: -.15pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-font-kerning: .5pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;Y todo esto no solamente sin ninguna murmuración, sino con un corazón exultante en Dios. En lugar de quejarse de sus flaquezas, se glorió en ellas. En lugar de lamentarse de sus persecuciones, aprendió a gozarse en ellas.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn16" name="_ftnref16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; No con vanagloria ni con morbosidad, sino «por causa de Cristo», su Maestro y Señor, por quién, declaró: «lo he perdido todo». Pasando revista a todas sus privaciones y sufrimientos, los describe como «esta leve tribulación momentánea [que] produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria»; y añade: «No mirando nosotros a las cosas que se ven, sino a las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn17" name="_ftnref17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;¡Qué diferencia respecto de la experiencia descrita en el capítulo introductorio!&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn18" name="_ftnref18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="letter-spacing: -.5pt;"&gt; &lt;/span&gt;Allí tenemos el caso de aquellos que, no viendo nada más allá de los sucesos y de las circunstancias de su vida, se apartan de Dios con corazones endurecidos y amargados. Pero los hijos &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;de la fe miran más allá del bramido de las olas y de las amenazantes nubes, porque saben bien que:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-language: ES;"&gt;«Por encima de la voz de muchas aguas,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Y de las poderosas ondas de la mar,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Poderosa es la mano del Señor».&lt;/span&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn19" name="_ftnref19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-fareast-language: ES;"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-fareast-language: ES;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Y así, llenos de pensamientos felices del hogar en el más allá y de la gloria a la que les está llamando, pueden gozarse en El, aunque sea a través de la aflicción de muchas pruebas, porque la prueba de su fe es preciosa.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn20" name="_ftnref20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Los hombres comprenden y aprecian los ascetismos de la religión —«en culto voluntario, en humildad, y en duro trato del cuerpo»— penitencias y ordenanzas que son «en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn21" name="_ftnref21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero todo esto no tiene nada en común con la vida de la fe. Hay caminos con los que los hombres se engañan a sí mismos en unos vanos esfuerzos de llegar a la Cruz. Pero es en la Cruz misma donde empieza la vida de la fe. Y los milagros espirituales de esta vida son más maravillosos que cualquiera que se limite a controlar o a suspender la operación de las leyes naturales. El mayor de todos ellos es el milagro del nuevo nacimiento por el Espíritu de Dios, con su contrapartida exterior de conversión desde una vida de egoísmo o pecado a una vida de servicio consagrado. Y los que lo han experimentado pueden decir, con las palabras de las Sagradas Escrituras: «Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn22" name="_ftnref22" style="mso-footnote-id: ftn22;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y al llevar la verdad a otros, descubren que produce los mismos resultados que ellos mismos han experimentado. Y esto no sucede sólo en casos aislados ni en circunstancias favorables. En años recientes, durante los que muchos han proclamado en público su creencia de que la Biblia es verdadera,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn23" name="_ftnref23" style="mso-footnote-id: ftn23;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[23]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; pero que, mientras reciben un sueldo para enseñar que es divina, han estado trabajando para demostrar que es indigna de confianza y puramente humana, éstos han sido precisamente los años en los que hombres cristianos la han llevado a algunas de las razas más degradadas del mundo pagano, con resultados que superan a todos los testimonios anteriores, proporcionando una abrumadora prueba de que su carácter y su misión son divinos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Para personas así hay un sentido en que el cielo &lt;i&gt;no &lt;/i&gt;está silencioso. La ciencia actual nos ha enseñado que hay rayos de luz, hasta ahora desconocidos, que pueden penetrar en las sustancias más densas. Pero estos rayos solamente pueden originarse allí donde queda excluida la atmósfera de la tierra. Y estas maravillas tienen su contrapartida en la esfera espiritual. Aquellos que pueden escapar así de la influencia de la tierra y elevarse por encima de lo visible y temporal, tienen ojos para ver y oídos para oír las escenas y los sonidos de otro mundo; y con voz unánime testifican que Dios está con Su pueblo y que Su Palabra es verdadera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Y respaldando a estos hombres hay&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;decenas de millares de cristianos en la retaguardia, incluyendo a no pocos de los mayores teólogos, pensadores y eruditos de nuestro tiempo, que comparten sus creencias y que se gozan en sus triunfos. ¡No se trata de que la cuestión de qué es la verdad pueda resolverse por un &lt;i&gt;plebiscito&lt;/i&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-style: italic;"&gt;!&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;Porque la verdad siempre ha estado en minoría. Pero no hay en el error no hay ningún elemento de cohesión. Entre los hijos del error no hay un vínculo de unión excepto en lo que se refiere a una común hostilidad a la verdad. Una generación mata a los profetas; otra le levanta sus monumentos funerarios. Aquellos que derramaron la sangre de los mártires son repudiados y condenados por sus sucesores y representantes actuales. Pero los hijos de la verdad de todas las edades son uno. Grande es «la nube de testigos» que nos rodea de los justos muertos de todas las edades pasadas. Y cuando hayamos corrido nuestra carrera, también nosotros, a su debido tiempo, pasaremos de la arena a reunirnos con la gran muchedumbre hasta que, completadas sus filas, la hueste incontable se hallará de pie, una multitud innumerable, delante del trono de Dios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 18.0pt; mso-fareast-language: ES;"&gt;*&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;*&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;*&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;¡Qué gran éxito hubiera tenido este libro si hubiera cumplido la promesa de sus primeras páginas! Si tan sólo hubiera servido para reforzar el rechazo contra la fe que se sugiere en el capítulo inicial, entonces, desde luego, hubiera recibido «reseñas» en los diarios y «pedidos» de las bibliotecas. Pero en tanto que los ataques escépticos contra la Biblia están considerados a la par con la literatura general,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn24" name="_ftnref24" style="mso-footnote-id: ftn24;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[24]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; la prensa secular considera inapropiada cualquier defensa de ella que apele a sus más profundas enseñanzas. El resultado es que todo aquello que la incredulidad tiene que decir, aparece destacado ante el público, mientras que la inmensa mayoría de la gente nunca oye hablar de un libro distintivamente cristiano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;La religión y el escepticismo son competidores rivales por el favor popular. Sin embargo hay muchos que, aunque conscientes de unos anhelos demasiado profundos para quedar satisfechos por la mera religión, eligen la religión porque no conocen otro refugio frente al descreimiento. Y hay otros que, «con demasiado conocimiento para ser escépticos», derivan hacia el escepticismo en su rechazo &lt;span style="letter-spacing: -.05pt; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;del clericalismo.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn25" name="_ftnref25" style="mso-footnote-id: ftn25;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; letter-spacing: -.05pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[25]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Quizá estas &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-font-kerning: .5pt;"&gt;páginas puedan sugerir a algunos de ellos un mejor camino. Porque el cristianismo no solamente nos libera del escepticismo por una parte, sino también de la superstición por la otra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;Y es posible que para no pocos este volumen reciba buena acogida al proporcionar una clave a apremiantes dificultades que desconciertan y afligen a las personas reflexivas. La incredulidad se aprovecha del silencio del cielo, de la inacción del Supremo. Si existe un Dios, todopoderoso y absolutamente bueno, ¿por qué no utiliza Su poder y da prueba de Su bondad en la forma que los hombres deciden esperar de Él? La respuesta que por lo general ofrece el apologista cristiano no consigue silenciar al oponente ni satisfacer al creyente. Y con razón, porque carece no sólo de coherencia, sino también de compasión. El Dios de la Biblia es infinito, tanto en poder como en compasión; y en otras épocas Su pueblo &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;tuvo prueba pública de ello. ¿Por qué, entonces, está Él tan callado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;La pregunta no es por qué no se manifiesta &lt;i&gt;siempre &lt;/i&gt;a Sí mismo, sino por qué &lt;i&gt;nunca &lt;/i&gt;lo hace. Si, como ya se ha expuesto, incluso generaciones enteras pasaron sin experimentar ninguna manifestación de poder divino sobre la tierra, entonces, en presencia de algún mal aplastante, de algún mal horrendo, Su pueblo bien podría exclamar con Gedeón en el pasado: «Si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado?».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn26" name="_ftnref26" style="mso-footnote-id: ftn26;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[26]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;Pero lo que nos atañe es que, a lo largo de todo el curso de esta dispensación cristiana desde los tiempos de Pentecostés, «el dedo de Dios»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn27" name="_ftnref27" style="mso-footnote-id: ftn27;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[27]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; nunca ha estado obrando abiertamente en la tierra, ¡nunca se ha observado un milagro público —«ni un solo suceso público que empuje a creer que haya un Dios en absoluto»! ¿Acaso se nos ha dejado en las tinieblas para buscar a tientas para hallar la respuesta? ¿Acaso la revelación no da luz acerca de esto? Es para sugerir la solución a este misterio que se han escrito estas páginas. Ahora sólo queda recapitular el argumento que han ido desarrollando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Apelar a los «milagros cristianos», como se ha expuesto, lejos de resolver el misterio, sirve sólo para intensificarlo. Además, el propósito de los milagros era el de acreditar al Mesías a Israel, y no, como generalmente se supone, acreditar el cristianismo a los paganos. Y, por ello, como la Escritura indica claramente, persistieron mientras el testimonio se dirigió al judío, pero cesaron cuando, habiendo sido dejado el judío de lado, el evangelio fue enviado al mundo de los gentiles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Pero la crisis que privó a la nación favorecida de su posición ventajosa de privilegio proporcionó la ocasión para una nueva revelación a la humanidad. La caída de Israel fue «la reconciliación del mundo».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn28" name="_ftnref28" style="mso-footnote-id: ftn28;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[28]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;Dios adoptó una nueva actitud hacia los hombres. Siempre había habido misericordia hacia los gentiles, porque todo quien buscaba con diligencia a Dios nunca lo había buscado en vano.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn29" name="_ftnref29" style="mso-footnote-id: ftn29;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[29]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero el cristianismo va infinitamente más allá de esto. Es la plasmación del cambio insinuado en las palabras proféticas: «Fui hallado de los que &lt;i&gt;no me buscaban; &lt;/i&gt;me manifesté a los que no preguntaban por mí».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn30" name="_ftnref30" style="mso-footnote-id: ftn30;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[30]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Ahora no se trata de que Dios oiga el clamor de un verdadero corazón arrepentido suplicando misericordia, porque esto siempre lo ha hecho, sino que ahora Él mismo está rogando incluso a los no arrepentidos a que se vuelvan a Él; está rogando a los hombres que se reconcilien con Él.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn31" name="_ftnref31" style="mso-footnote-id: ftn31;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[31]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; No se trata que haya misericordia para &lt;i&gt;algunas &lt;/i&gt;personas, sino que Dios ha hecho ahora una declaración pública de Su gracia «portadora de salvación a TODOS los hombres».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn32" name="_ftnref32" style="mso-footnote-id: ftn32;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[32]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Así, la gracia se halla en el trono, reinando por medio de la justicia para vida eterna.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn33" name="_ftnref33" style="mso-footnote-id: ftn33;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[33]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero es cosa evidente que antes que se revelase esta verdad, la gran verdad característica del cristianismo, se daba una intervención inmediata de Dios sobre la tierra: en una palabra, había milagros; en tanto que, después de que fuera revelada esta verdad, los milagros cesaron. La era del reinado de la gracia es precisamente la era del silencio de Dios. Así, es a la gracia a la que acudimos para explicar el silencio. El cristianismo es la revelación final y suprema de «la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn34" name="_ftnref34" style="mso-footnote-id: ftn34;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[34]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Así, cuando Dios se manifiesta una vez más sólo podrá hacerlo en ira, y la ira tiene que esperar al «día de la ira».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn35" name="_ftnref35" style="mso-footnote-id: ftn35;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[35]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Esto no significa que el gobierno humano haya perdido su sanción divina, porque «no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn36" name="_ftnref36" style="mso-footnote-id: ftn36;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[36]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Tampoco ha quedado suspendido el gobierno moral del mundo: las leyes de la naturaleza siguen implacablemente en acción.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn37" name="_ftnref37" style="mso-footnote-id: ftn37;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[37]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero en esta esfera superior no hay ni tribunal ni policía con potestad para tratar los pecados de los hombres; porque Aquel a quien pertenece en exclusiva la sublime prerrogativa del juicio está aho&lt;span style="letter-spacing: -.05pt; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;ra entronizado como SALVADOR. Dios no está ya más &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-font-kerning: .5pt;"&gt;imputando a los hombres sus pecados.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn38" name="_ftnref38" style="mso-footnote-id: ftn38;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[38]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Desde el trono de la Majestad Divina se ha ordenado la proclamación del perdón y de la paz, y esto sin limitaciones ni reservas. Y ahora un Cielo silencioso da una prueba continua de que esta gran amnistía sigue vigente, y de que el más culpable de los pecadores puede volverse a Dios y hallar perdón de los pecados y vida eterna. Dios está callado porque ha dado Su última palabra de misericordia y de amor, y el juicio tiene que esperar al «día del juicio»; no puede haber lugar para tal cosa en este «día de gracia».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn39" name="_ftnref39" style="mso-footnote-id: ftn39;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[39]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;A muchos esto les parecerá un misticismo de lo más simple. En cambio, otros no verán en ello ningún significado. Porque para ellos el ministerio y la muerte de Cristo son tan solamente un espléndido episodio que ha elevado a la humanidad a un nivel más alto que el conseguido hasta entonces. Y además, para estos últimos el problema que se plantea en este libro no tiene ningún sentido.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn40" name="_ftnref40" style="mso-footnote-id: ftn40;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[40]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;Al tener una creencia sólo tibia en lo sobrenatural, la ausencia de milagros no excita en ellos ni asombro ni angustia. Pero, felizmente, no son pocos los que han aprendido a pensar en el Calvario no como un paso ascendente en el inevitable progreso de la raza hacia la meta de su elevado destino, sino como una tremenda crisis que puso fin a la probación del hombre, y que lo dejó totalmente dependiente de la gracia divina, o, si rechaza la misericordia ofrecida, confinándolo en juicio. Y éstos valorarán mucho mejor la clave que aquí se ofrece para el misterio de un cielo silencioso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;  &lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;  &lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Efesios 2:17&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Salmo 50:3&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Apocalipsis 10:7&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; ἡ βασιλέια τοῦ κόσμου (Αρ. 11:15).&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref5" name="_ftn5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Apocalipsis 11:15-18&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn6" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref6" name="_ftn6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;2&amp;nbsp;Pedro 3:9&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn7" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref7" name="_ftn7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Naturalmente, todo lo que es manifestado queda fuera de la esfera de la duda; y Dios declara que en la Cruz de Cristo se han manifestado Su gracia, bondad y amor (Tito 2:11; 3:4; 1&amp;nbsp;Juan 4:9). Pero, ignorando el hecho maravilloso de que, por causa nuestra, El «no perdonó a Su propio Hijo», los hombres tratan de poner Su amor a prueba; y la prueba consiste en si El va a conceder alguna demanda específica presentada en la presunción de una necesidad o dolor presentes.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn8" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref8" name="_ftn8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Colosenses 2:2-3&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn9" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref9" name="_ftn9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Efesios 1:10&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn10" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref10" name="_ftn10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Filipenses 2:10&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn11" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref11" name="_ftn11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Romanos 10:9. El verdadero budista se distinguirá por la forma en que nombra a su maestro, no omitiendo nunca ningún título expresivo de su reverencia hacia él. Y el verdadero cristiano se declarará de la misma forma. Si una persona escribe o habla habitualmente acerca dé «Jesús» podemos tener la certeza, sea cual fuere su credo, que de corazón es un sociniano. «Que Jesucristo es el &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;Señor&lt;/span&gt;» es el testimonio especial del cristianismo, y el cristiano no lo olvidará, ni aún en sus palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn12" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref12" name="_ftn12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Juan 20:29&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn13" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref13" name="_ftn13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ver Apéndices, nota 10.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn14" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref14" name="_ftn14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;1&amp;nbsp;Timoteo 1:16, V.M.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn15" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref15" name="_ftn15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;2&amp;nbsp;Corintios 11:24-27&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn16" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref16" name="_ftn16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Aquí tenemos una escala ascendente de experiencias:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;«¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades?»&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;(Salmos 77:9).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;«Enmudecí, no abrí mi boca, porque tú lo hiciste» (Salmos 39:9).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;«He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación» (Filipenses 4:11).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;«Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades... me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias... por amor de Cristo» (2&amp;nbsp;Corintios 12:9-10).&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn17" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref17" name="_ftn17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;2&amp;nbsp;Corintios 4:17-18&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn18" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref18" name="_ftn18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Véase el último párrafo del Capítulo 1.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn19" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref19" name="_ftn19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Paráfrasis del Salmo 93:4. (La palabra &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;voz&lt;/i&gt; está en plural, pero, obviamente, es el plural &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;poético&lt;/i&gt; hebreo; no se trata de varias voces, sino de «la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;gran&lt;/i&gt; voz».)&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn20" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref20" name="_ftn20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; 1&amp;nbsp;Pedro 1:6-7&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn21" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref21" name="_ftn21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Colosenses 2:22-23&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn22" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref22" name="_ftn22" style="mso-footnote-id: ftn22;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; 1 Juan 5:20&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn23" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref23" name="_ftn23" style="mso-footnote-id: ftn23;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[23]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Cada candidato a la ordenación tiene que declarar públicamente, en respuesta al obispo, que «cree sin fingimiento alguno todas las Escrituras canónicas del Antiguo y del Nuevo Testamento». No voy a entrar en consideraciones de si se debe exigir o no. El hecho permanece. Y siendo así, cuando los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;clérigos&lt;/i&gt; se dedican a desacreditar la Biblia, la consideración principal a plantear se refiere a su propia honradez. ¿Acaso la Iglesia tiene una norma de moralidad inferior a la de los clubes?&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn24" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref24" name="_ftn24" style="mso-footnote-id: ftn24;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[24]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ver Apéndices, nota 11.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn25" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref25" name="_ftn25" style="mso-footnote-id: ftn25;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[25]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Las vidas de los hermanos Newman ofrecen una buena ilustración. Los dos hicieron naufragio de la fe: el uno derivó hacia la religión, el otro hacia la incredulidad. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La Apología&lt;/i&gt; y el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Phases of Faith&lt;/i&gt; se hallan entre los más tristes de los libros.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn26" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref26" name="_ftn26" style="mso-footnote-id: ftn26;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[26]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Jueces 6:13&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn27" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref27" name="_ftn27" style="mso-footnote-id: ftn27;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[27]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas 11:20&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn28" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref28" name="_ftn28" style="mso-footnote-id: ftn28;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[28]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Romanos 11:15&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn29" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref29" name="_ftn29" style="mso-footnote-id: ftn29;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[29]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Hechos 17:27;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Hebreos 11:6;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Romanos 2:7. Y ver, especialmente, Hechos 10:34-35.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn30" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref30" name="_ftn30" style="mso-footnote-id: ftn30;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[30]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Romanos 10:20&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn31" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref31" name="_ftn31" style="mso-footnote-id: ftn31;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[31]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; 2.ª Corintios 5:20&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn32" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref32" name="_ftn32" style="mso-footnote-id: ftn32;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[32]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; σωτήριος πᾶσιν ἀνθρώποις (Tit. 2:11, cp. V.M. y RV09).&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn33" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref33" name="_ftn33" style="mso-footnote-id: ftn33;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[33]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Romanos 5:21&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn34" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref34" name="_ftn34" style="mso-footnote-id: ftn34;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[34]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Φιλανθρωπία (Tit. 3:4).&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn35" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref35" name="_ftn35" style="mso-footnote-id: ftn35;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[35]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Romanos 2:5&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn36" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref36" name="_ftn36" style="mso-footnote-id: ftn36;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[36]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Romanos 13:1&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn37" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref37" name="_ftn37" style="mso-footnote-id: ftn37;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[37]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Un autor incrédulo ha dicho en un pasaje: «La Naturaleza no sabe nada de tonterías como "el perdón de los pecados"».&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn38" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref38" name="_ftn38" style="mso-footnote-id: ftn38;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[38]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; 2&amp;nbsp;Corintios 5:19. Ver las últimas páginas del capítulo 10, y Apéndices, nota 8.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn39" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref39" name="_ftn39" style="mso-footnote-id: ftn39;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[39]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;Será en proporción directa a nuestro aprecio de la revelación cristiana que apreciaremos al argumento de que Dios no puede intervenir ni declararse ahora directa y abiertamente. Pero esto deja sin respuesta la dificultad de que por qué no suele actuar indirectamente en favor de Su propio pueblo. Esto se trata en las páginas finales de la primera sección de este capítulo 13. La vida de la fe ha sido siempre una vida de prueba, y esto es así de forma especial en esta dispensación de un cielo silencioso. Pero es para nuestro gozo saber que nuestro divino Señor «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (He. 4:15). Esta afirmación parece ser contradictoria, porque ¿cómo podía ser Él tentado como nosotros si, como se implica en las palabras adicionales (χωρὶς άμαρτίας), «a través de estas tentaciones, en su origen, en su proceso, en su resultado, el pecado no tuvo nada en Él; Él estaba exento y separado del mismo»? (Alford). La explicación aparecerá en lo que ya se ha expuesto (cap. 11) con respecto a las tentaciones satánicas como principalmente destinadas a destruir nuestra confianza en Dios. Los treinta años anteriores a la entrada del Señor en Su ministerio público, que transcurrieron en una obligada inacción en medio de la abundancia de dolor, iniquidad e injusticia a Su alrededor, tuvieron que haber sido para Él un martirio en vida, con el Tentador echándole siempre en cara la aparente apatía de Dios. Y cuando leemos que «él mismo padeció, siendo tentado» (Hechos 2:18), podemos darnos cuenta de cuán totalmente fue humano, y de cuán profunda y real fue Su humillación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn40" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref40" name="_ftn40" style="mso-footnote-id: ftn40;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[40]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; De esta clase han sido precisamente las críticas que ha suscitado este volumen. Uno de los principales órganos del pensamiento culto en Inglaterra lo describe como «un libro lleno de misticismo religioso». Y uno de los principales órganos de la prensa de los «saduceos», aunque habla en términos halagadores con respecto a la manera en que se plantea el problema del libro, no puede ver nada en la solución que se propone para el mismo. Y así ha sido siempre. Para el judío el Evangelio de Cristo era un ultraje porque descartaba la religión; para el griego culto era una necedad porque dejaba a un lado lo que él se complacía en llamar sabiduría. El «filósofo» pensaba en una evolución y en un progreso ascendente de la humanidad, pero el Evangelio le hablaba de una gracia que le perdonaría sus pecados y del juicio venidero. Si los conductores de la escuela de pensamiento y de enseñanza a los que aquí hacemos alusión pudieran solamente ser llevados a comprender la verdad que este volumen contiene, toda su posición y testimonio se transformarían. Pero en vano se rebuscará en su literatura. Afirmaciones así se pueden hacer con facilidad, pero si no son ciertas se pueden refutar con la misma facilidad: que citen el libro que las refuta.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 12.5px; line-height: 21px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-1411567286938648644?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/1411567286938648644/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-13-el-reinado-de-la-gracia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/1411567286938648644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/1411567286938648644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-13-el-reinado-de-la-gracia.html' title='Capítulo 13. El reinado de la gracia'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-3830951877370300768</id><published>2010-12-30T13:20:00.000-08:00</published><updated>2011-01-27T00:25:45.245-08:00</updated><title type='text'>Capítulo 12. La Gracia y el Juicio</title><content type='html'>&lt;h1&gt;Capítulo 12. La Gracia y el Juicio&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todos hemos oído hablar de la pequeñita que, habiendo oído a su padre quejarse de que su reloj necesitaba una limpieza, ¡lo tomó a escondidas para lavarlo con jabón! Esta anécdota es tan solamente un ejemplo, grotescamente exagerado, de lo que todos nosotros padecemos: de un celo ignorante, de un deseo de complacer ausente de inteligencia. Nadie sino un bruto descargaría sus iras sobre su pequeñuela cuando, con los ojos brillantes y con las mejillas encendidas por el sentimiento de haber llevado a cabo un servicio amable y útil, le trajera su reloj arruinado. Pero si esto lo hiciera alguien que debiera haber tenido mejor conocimiento, este comedimiento estaría fuera de lugar. Con esto todos estarán de acuerdo; pero nadie parece tener en cuenta las mismas consideraciones en nuestras relaciones con la Deidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;«El fin principal del hombre es el de glorificarse y gozar de sí mismo para siempre.» Así es como sé entiende en la actualidad la primera gran tesis del catecismo de los teólogos de Westminster.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y para llegar a este fin el hombre precisa de una religión y de un dios, del mismo modo que un príncipe precisa de un capellán privado. Pero un capellán debiera conocer su puesto, y no mezclarse en situaciones en las que su presencia pudiera resultar embarazosa. Y lo mismo ocurre con Dios. Resulta intolerable que Él pretenda decidir de qué única manera podemos agradarle. Viviendo de forma moral y religiosa «damos a Dios lo que es de Dios». Y no debemos olvidar lo que nos debemos a nosotros mismos. Pero «el fin principal del hombre es el de glorificar a &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;Dios&lt;/span&gt;». Esto es en realidad lo que escribieron los teólogos de Westminster; ¡pero esto fue hace mucho tiempo, y los teólogos de Westminster en realidad eran unos ignorantes, y no sabían nada del «Evangelio de la humanidad»! En una palabra, Dios demanda nuestro homenaje, y nosotros le ofrecemos nuestro padrinazgo. El demanda la total entrega de nuestra vida, y nosotros le ofrecemos religión y moralidad. Pero Dios no quiere nuestro padrinazgo; ni tampoco quiere nuestra moralidad ni nuestra religión. «¡Escandaloso!», exclamará el lector, disponiéndose a tirar el libro a la papelera. «¿Acaso carece de importancia que seamos morales y religiosos o que no lo seamos?» No carece en absoluto de importancia en lo que a &lt;i&gt;nosotros &lt;/i&gt;respecta; ni tampoco carece de importancia en lo que se refiere a nuestra vida en la tierra, por no decir nada del juicio venidero. Pero sí que es totalmente carente de importancia para Dios. El hombre que se pasea ufano, hinchado por la soberbia que nace de los evangelios humanistas, es como el judío que suponía que le estaba haciendo un bien al Altísimo cuando amontonaba el «sebo de animales gordos»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; sobre Su altar —el altar del «Dios que ha hecho el mundo y todas las cosas que hay en él».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por extraño que parezca, Dios sí tiene un propósito y una voluntad; y Él llega a ser tan irrazonable como para demandar el reconocimiento de este propósito y la obediencia a esta voluntad. Pero estos son cuestiones de revelación y, por ello de nuevo se separan aquí los caminos. La religión humana en cada una de sus fases es de interés para los hombres, y los libros acerca de la misma se leerán, conocerán y comentarán. Pero el cristianismo es una revelación divina y por lo tanto, para utilizar una expresión popular, es objeto de «boicoteo». Pero es en las grandes verdades del cristianismo, tan poco conocidas hoy, que se encontrará la única verdadera filosofía, la única solución real a los más profundos de la vida, que tanto nos desconciertan y duelen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los juicios de Dios son justos. Y los principios que los rigen están claramente expuestos: El «pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; ¿Quién podrá cuestionar la equidad de esto? Se cuenta la historia del obispo Wilberforce que, cuando un mozo del ferrocarril en Hampshire, un tosco teólogo de fama local, intentó plantearle esta cuestión: «¿Cuál es el camino al cielo?» «¿El camino al cielo? —respondió el obispo mientras el tren en que estaba iba saliendo de la estación—: ¡Vuélvase a lo &lt;i&gt;recto, &lt;/i&gt;y sígalo todo derecho!» Pero, ¿qué es lo recto? Esta es la cuestión vital. Y esto es lo que cada uno pretende resolver por sí mismo. Lo que sea que la razón y la conciencia declaran como recto &lt;i&gt;es &lt;/i&gt;lo recto: esta es la máxima casi universalmente aceptada. Y a falta de una revelación, esto sería, dentro de ciertos límites, prácticamente cierto. Pero cuando el Supremo da a conocer Su voluntad, la obediencia a esta voluntad deviene la prueba del bien hacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En la administración mosaica, la religión y la moralidad tenían preeminencia. Y en la religión de la Cristiandad que, en cierto aspecto, es tan sólo una forma corrompida de judaísmo disfrazado con una fraseología cristiana, la religión y la moralidad lo son todo. Pero la era de la religión y de la moralidad ha pasado. Fueron como guías que se siguieron en la oscuridad hasta que se llegó a la meta a la que conducían. La administración mosaica fue un estado de tutela que acabó con la venida de Cristo. Establecer ahora la moralidad y la religión es situarnos en el terreno objeto de la denuncia de las palabras que siguen al pasaje ya citado: «pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad». De ahí la respuesta del Señor a la pregunta: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?». «Esta», replicó Él, «es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; «Entonces uno puede ser tan inmoral como quiera, siempre y cuando “crea”, según decís vosotros.» Esta es la respuesta del contencioso. Esta fue la crítica de los que oyeron Sus palabras. La razón les decía que aquello era un error; y aferrándose a la moralidad y a la religión, en lugar de creer en el «Enviado», lo crucificaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Levantar un altar «al Dios no conocido» es el logro más elevado posible para la religión natural. Pero, como dijo San Pablo en Atenas,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; incluso la luz de la naturaleza debiera enseñar a los hombres que Dios no quiere nuestro servicio ni nuestro patrocinio «como si necesitase de algo». Él deseaba que los hombres le buscaran, aunque tuvieran que buscarle a tientas en su ceguera y en tinieblas, «si en alguna manera, palpando, puedan hallarle». Y Él podía darles bendición a pesar de su ignorancia, porque «es galardonador de los que le buscan». Si ellos tan solamente se volvieran «a lo recto, y lo siguieran todo derecho» Él podía, como declaró San Pablo, pasar por alto su ignorancia. «Pero ahora», continúa diciendo: «manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan». Y el cambio depende de esto, que Dios se ha revelado a Sí mismo en Cristo, y que por ello mismo la ignorancia de Su voluntad es un pecado que consigna a los hombres al juicio. Ha amanecido una nueva era sobre el mundo. «El Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.» La oscuridad ha pasado, la verdadera luz resplandece. Volverse de nuevo a la conciencia o a la ley —a la religión o a la moralidad— es actuar como personas que, cuando el sol se halla en su cenit, mantienen los postigos cerrados y las cortinas corridas. El principio sobre el que Dios actúa ahora con los hombres es el mismo, pero la medida de la responsabilidad del hombre resulta radicalmente cambiada. Esta fue la gran verdad tan claramente afirmada por nuestro divino Señor en Sus palabras a Nicodemo. Esta es la condenación, le declaró El, no que las obras del hombre fuesen malas —aunque por ellas habrá ira en el día de la ira— sino que, debido a que sus obras eran malas, se habían atraído una condenación aún más horrenda: la luz había venido al mundo; pero se apartaron de ella y &lt;i&gt;amaron &lt;/i&gt;las tinieblas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los hombres no pueden ni quieren creer que la gran controversia entre ellos y Dios es enteramente sobre Cristo. En realidad, para la mayor parte de las personas esta afirmación en sí parece saber a misticismo. La muerte de Cristo es uno de los lugares comunes de la filosofía, tanto como de la teología, de la Cristiandad. Los hombres se jactan de ella como si constituyese el más grande tributo a la dignidad del hombre. Pero la valoración que Dios hace de ella es radicalmente diferente. «¡El Hijo de Dios ha muerto en manos de los hombres! Este hecho pasmoso constituye el centro moral de &lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;todas las cosas. Una eternidad pasada no conocía otro futuro; una eternidad venidera no conocerá otro &lt;/span&gt;pasado. Aquella muerte fue la crisis del mundo. A lo largo de los siglos, a pesar de las injurias contra la conciencia, del desprecio a las promesas, del &lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;apagado de la luz de la naturaleza, del quebrantamiento &lt;/span&gt;de la ley, del menosprecio a las promesas y de profetas exilados y muertos, el &lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;mundo había tenido que ver con Dios. Pero &lt;/span&gt;ahora se había dado un tremendo cambio. Finalmente y de manera definitiva, el mundo había tomado partido. En medio se levantaba aquella cruz en su solitaria majestad: Dios a un lado con el rostro vuelto, rechazado; al otro lado Satanás, exultante en su triunfo. Y el mundo se puso de parte de Satanás».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y en presencia de aquella cruz, Dios llama a cada uno a quien le llega el anuncio para que se declaren de uno u otro lado. Pero los hombres se esfuerzan por rehuir la cuestión. Naturalmente, muchos la dejan de lado completamente en el curso de una vida egoísta o lanzada al vicio; pero no son pocos los que intentan llegar a un compromiso volviéndose a la religión. Pero, en lo que toca a esta cuestión suprema, el resultado es el mismo para todos. Cual vaya a ser el fin de aquellos que nunca han oído hablar de Cristo, no lo sabemos [Sin embargo, véase Romanos 2:12 y la nota al pie que corresponde aquí —&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;N. del T.&lt;/i&gt;].&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero en las Escrituras no hay reserva ni misterio con respecto a cuál será la porción de aquellos que «obedecen el Evangelio» y de aquellos que lo &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;rechazan. De esta elección depende el destino eterno de cada uno. De ahí la virulencia con que es atacada la Biblia; porque si Cristo está más allá de nuestro alcance, nuestra responsabilidad se acaba. Desde luego, los hay que afectan una devoción personal hacia Él, a la vez que menosprecian o minusvaloran las Escrituras. Pero cualquier persona reflexiva reconocerá que es solamente por medio del testimonio que podemos llegar a la persona y que es solamente por medio de la Palabra escrita que podemos llegar a la Palabra Viva. De ahí Su declaración: «El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Así, las consecuencias de aceptar o de rechazar a Cristo son eternas. No hay ninguna otra cuestión que quede abierta. ¡La moralidad! En la moralidad, como en la física, lo mayor incluye a lo menor, y el Evangelio enseña una mayor moralidad que la conciencia y la ley combinadas. Pero, en esta dispensación cristiana Dios no está imputando sus pecados a los hombres. De otro modo el silencio del Cielo dejaría paso a los truenos de Sus juicios. Cada cuestión relativa a juicio fue o bien solucionada para siempre en la Cruz, o bien postergada hasta el día aun venidero: Dios sabe «reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio»,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; y el día del juicio todavía no ha llegado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Debió parecer un día memorable para la comunidad del pueblo de Nazaret, cuando el gran Rabí que se había criado entre ellos hasta ser adulto volvió a aparecer en la sinagoga de ellos, y se levantó para leer la lección sabática del libro de los Profetas.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn10" name="_ftnref10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Abriendo el rollo que le dieron, halló el pasaje que empezaba: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor». Y cerrando abruptamente el libro, se lo dio al ministro y se sentó. Se había levantado para leer el pasaje correspondiente a aquel día, y se detuvo en medio de la frase introductoria. ¡No es sorprendente que todos los ojos estuvieran clavados en Él! «Hoy», dijo rompiendo el silencio, «se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;«Y el día de venganza del Dios nuestro» eran las palabras que seguían sin interrupción en la página abierta ante Él; pero dejó estas palabras sin leer. «El año agradable del Señor» fue proclamado por Él allí y entonces, y todavía sigue su curso, pero el gran día del juicio se encuentra todavía en el futuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No se trata de que se haya suspendido el juicio moral del mundo. Aquí y ahora los hombres todavía siegan lo que siembran. La justicia prospera y la iniquidad conlleva su propio castigo. Desde luego que no siempre, ni de forma manifiesta; pero sí en general, y con la suficiente claridad como para poner en evidencia que esta es la norma —el curso general de las cosas. Y además, en la economía divina se da provisión para el gobierno humano; y la espada se encomienda a los hombres para que los gobernantes puedan ser el terror de los malvados y protectores de los buenos. En caso contrario, la sociedad sería imposible. Pero, en tanto que a los hombres se les ha dado esta autoridad para castigar delitos contra las leyes humanas, el juicio del &lt;i&gt;pecado &lt;/i&gt;queda totalmente en manos de Dios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y aquí recordamos otra declaración de nuestro divino Señor. «Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.» La frase ritual: «Creemos que Tú vendrás para ser nuestro juez», está en los labios de muchos miles que, en sus corazones, se imaginan que Él mediará en el juicio entre ellos y un Dios ofendido. Pero es al mismo Crucificado a quien, en virtud de la Cruz, se le ha asignado la prerrogativa divina de juicio. Y Él, el único Juez del pecador, es ahora el Salvador del pecador. Habiendo cumplido la purificación de nuestros pecados, «se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La actitud oficial de Cristo, si se puede utilizar una frase así, es de reposo. La obra de redención está consumada. Se ha proclamado la gran amnistía. El cielo está abierto de par en par a los perdidos de la tierra. La vida eterna ha sido puesta al alcance de los más impotentes y peores de los hombres. Dios no está imputando los pecados, sino anunciando la paz. Y el único Ser en el Universo que tiene el poder para castigar el pecado está ahora sentado en el trono de Dios como Salvador, y Su presencia allí ha transformado aquel trono en un trono de gracia. La gracia reina por la justicia para vida eterna; porque «la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».&lt;sup&gt;11 &lt;/sup&gt;«¡Qué cosa tan escandalosa, esta idea de suponer que unas personas que han vivido unas vidas coherentemente religiosas deban ser excluidas del cielo, mientras que los indignos y los corrompidos pueden obtener perdón y aceptación simplemente por creer en Cristo!» Esta será la crítica que en general suscitarán estas afirmaciones. Puede que esto parezca escandaloso; pero antes que nadie se levante a censurar o a ridiculizar, que se detenga y reflexione acerca de qué es lo que están así procediendo a rechazar. «De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.4pt;"&gt; &lt;/span&gt;Y no es un dogma de la «doctrina paulina», sino la enseñanza de una de las más sencillas parábolas de Cristo, que los pobres y mendigos de los caminos y de los barrios bajos se sientan en el Reino de Dios, mientras que los que habían sido invitados al principio —los morales y &lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;los religiosos— quedan excluidos.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt; letter-spacing: -0.1pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y la parábola que&lt;/span&gt;da explicada por la doctrina de que Su misión divina consistía «no en llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="background: white; margin-top: .1pt; mso-layout-grid-align: none; text-autospace: none;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Se le llama comúnmente, «Catecismo Escocés» ¡cómo si Westminster estuviera al norte del Tweed! Este catecismo fue compilado por piadosos y eruditos profesores de la Universidad de Cambridge, y adoptado por «una asamblea de eruditos y piadosos teólogos» reunidos en la Abadía de Westminster.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Isaías 1:11&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; Romanos 2:6-7&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; Juan 6:28-29&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref5" name="_ftn5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; Hechos 17:22-31&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn6" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref6" name="_ftn6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; Anderson, Sir Robert, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;The Gospel and its Ministry&lt;/i&gt; (Grand Rapids: Kregel Publications, 1978), p. 12.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn7" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref7" name="_ftn7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Sir Robert presenta aquí una incertidumbre que no se justifica en las Escrituras. El traductor de la presente obra quiere llamar la atención a un pasaje que es pertinente al destino de una humanidad perdida, «sin esperanza y sin Dios en el mundo», «muertos en delitos y pecados», y que desarrolla la responsabilidad humana ante la revelación natural y la luz de la conciencia que juzga el mal, y que declara el criterio divino para el juicio de aquellos que han sido dejado a dicha luz natural y de la conciencia. Este pasaje se encuentra en Romanos 1:18 hasta 2:16, donde también se encuentra la Escritura que dice: «Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados» (Ro 2:12). De ahí la necesidad apremiante de proclamar el Evangelio de salvación a una humanidad ya hundida en la perdición (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;N. del T.&lt;/i&gt;).&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn8" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref8" name="_ftn8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Juan 12:48&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn9" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref9" name="_ftn9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Pedro 2:9&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn10" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref10" name="_ftn10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lucas 4:16-22&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn11" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref11" name="_ftn11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hebreos 1:3&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn12" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref12" name="_ftn12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hechos 10:43&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn13" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref13" name="_ftn13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lucas 14:15-24&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 12.5px; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-3830951877370300768?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/3830951877370300768/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-12-la-gracia-y-el-juicio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/3830951877370300768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/3830951877370300768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-12-la-gracia-y-el-juicio.html' title='Capítulo 12. La Gracia y el Juicio'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-6466273438128485133</id><published>2010-12-30T05:39:00.000-08:00</published><updated>2010-12-30T11:48:35.840-08:00</updated><title type='text'>Capítulo 11. La influencia de Satanás</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;h1 style="text-align: left;"&gt;Capítulo 11. La influencia de Satanás&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-variant: small-caps;"&gt;El diablo de la cristiandad&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; es un mito. Así como la imaginación humana, obrando sobre un fundamento de hechos y de verdades, ha personificado un objeto para adorarlo, igualmente por un proceso parecido ha creado una cabeza de turco para dar cuenta de los crímenes y vicios de la humanidad. Hay un falso Jesús que es el Buda de la Cristiandad; y un Satanás mítico constituye su espantajo. Y tanto en un caso como en el otro un abismo separa el mito de la realidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El Satanás de la mitología cristiana es un monstruo de maldad, el instigador de cada crimen de brutalidad excepcional o de aborrecible concupiscencia. El Satanás de las Escrituras es el terrible ser que se atrevió a ofrecerse a nuestro divino Señor como Su patrocinador. Cuando alguien se aparta por malos caminos, «de su propia concupiscencia es atraído y seducido».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; El corazón humano, declara nuestro mismo Señor, es el vil manantial del que proceden la inmoralidad y los crímenes.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Si usamos la palabra «inmoral» en su sentido estrecho y popular, no hay base para creer que Satanás provoque nunca a actos inmorales. De hecho, si dejamos a un lado sus incitaciones dirigidas personalmente a Cristo, solamente el caso aislado de Ananías y Safira nos da un pretexto para afirmar que él haya nunca tentado a hacer algo que el juicio humano pudiera condenar.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta afirmación puede parecer sorprendente, pero es cierta y se puede demostrar su veracidad. Del mundo invisible no conocemos nada en absoluto más que lo que nos revelan las Escrituras: por ello, es a las Escrituras que tenemos que dirigirnos. Y acerca de esto, el Antiguo Testamento guarda un elocuente silencio. Si la creencia popular estuviera bien fundamentada, ¿sería posible no encontrar entre Génesis y Malaquías una palabra para apoyarla? Hay sólo tres pasajes en los que se menciona a Satanás. El primero describe la caída del hombre, y ahí toda la intención del tentador fue la de apartar a la criatura de Dios. Apareció ante nuestros primeros padres en el papel de un filántropo, y sembró en sus corazones la semilla de la desconfianza.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; El siguiente pasaje describe sus ataques contra Job, y también aquí su intención era llevar al patriarca a dudar de la bondad de Dios.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y el tercer pasaje narra el misterioso incidente cuando intentó estorbar al sumo sacerdote Josué en el cumplimiento de su sagrada función.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cuando pasamos al Nuevo Testamento debemos evitar el error popular de confundir a Satanás con los ángeles que «no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Estos están encarcelados, esperando «el juicio del gran día». No tienen parte en el curso de los asuntos humanos. Por su parte, los demonios son seres de un orden totalmente diferente. Se supone que están subordinados al diablo, y debido a que algunos de ellos son expresamente llamados «espíritus inmundos», se atribuye inmundicia a Satanás. Pero la suposición se basa en creencias judaicas e, incluso, si la creencia es cierta, la inferencia es forzada. ¡Un gobernante puede tener súbditos viciosos y, a pesar de ello, estar personalmente libre de vicios!&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Pero acaso no se describen los pecados como «las obras del diablo»? ¿Y qué de las palabras que «el que peca es del diablo»? ¿Querrá el inquiridor considerar la definición de pecado a la que esto se refiere, una de las únicas definiciones en la Biblia? «El pecado es rebeldía (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Gr.&lt;/i&gt;)»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La posesión de una voluntad independiente es la vanagloria orgullosa, pero peligrosa, del hombre. Su deber, seguridad y felicidad demandan por igual que su voluntad quede subordinada a la voluntad de Dios, y toda revuelta contra la voluntad divina es pecado. Su esencia es rebeldía; el elemento de inmoralidad es totalmente accidental.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y esto explica el comentario apostólico sobre el precepto: «Airaos, pero no pequéis».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn10" name="_ftnref10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La ira puede en sí misma ser correcta. Pero si se abriga puede degenerar en rencor; y así, aquello que al principio podía ser una muestra de comunión con Dios —porque «Dios está airado contra el impío todos los días»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn11" name="_ftnref11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;— puede llevar a pensamientos e incluso a actos que son solamente malvados. Por ello, el apóstol añade: «No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo». El mito de Satanás lleva a muchos a entender esto como solamente una advertencia en contra de la violencia homicida. Pero el pasaje que concluye esta Epístola&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn12" name="_ftnref12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; demuestra que la teología del apóstol tocante a las tentaciones satánicas se relaciona con una esfera muy diferente. El conflicto normal de la vida cristiana comienza donde ha acabado la lucha contra «carne y sangre». Es en la esfera espiritual, y no en el dominio de la moral, donde se necesita de la armadura de Dios. El fariseo o el budista pueden jactarse de una norma de moralidad tan elevada como la del cristiano. Puede que sus motivos sean inferiores, pero los resultados externos son los mismos. Cuando algún hombre de reputación cae en actos vergonzosos, se tendría al diablo como responsable de su caída ante cualquier tribunal eclesiástico, pero no en el de Old Bailey,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn13" name="_ftnref13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; donde los prejuicios no sirven de nada, y donde la prueba tiene que ser plena y clara. Nadie puede afirmar que Satanás no pudiera rebajarse a tales medios para conseguir sus fines, pero podemos afirmar que no hay «antecedentes penales» con respecto a ello en perjuicio suyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;«Pero», dirá el objetante, indignado: «¿Acaso no lo denunció nuestro mismo Señor como mentiroso y homicida?». Sí, cierto, estas fueron sus palabras a los fariseos que estaban maquinando Su muerte. Pero, ¿cuál era su sentido? Considerémoslo con una mente abierta, porque el mito acerca de Satanás ha oscurecido tanto su significado, que los comentarios no nos serán de ayuda. A la vacía jactancia de los judíos de descender de Abraham, el Señor les replicó que los que fuesen hijos del patriarca andarían en los caminos de su padre; pero que, en cuanto a ellos, lo que querían era matarle porque les había presentado la verdad dada por Dios. Entonces ellos se refugiaron en aquel invento de los apóstatas, la paternidad de Dios, atrayendo sobre sí mismos las hirientes palabras: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla LA mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de ELLA».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn14" name="_ftnref14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Recordemos, estas palabras no son una vulgar injuria. Son las palabras del mismo Cristo a unos hombres de carácter y reputación, honorables y serios que, bajo sus responsabilidades como conductores religiosos del pueblo, deploraban Sus enseñanzas como cosa pestilente y profana. Un lenguaje así dirigido por tales labios a tales hombres es de una imponente solemnidad; pero, ¿cuál es su significado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El diablo es «homicida desde el principio». ¿El principio de qué? Desde luego, no de su propia existencia, porque fue creado en perfección y en belleza. Ni tampoco el del paraíso de Edén, porque Satanás había ya arrastrado a otros en su ruina mucho antes que nuestra tierra viniera a ser el hogar del hombre. Su condición de homicida se relaciona de inmediato con LA verdad que ha rechazado y con LA mentira de la que él es el padre. Al escuchar estas misteriosas palabras de nuestro divino Señor se nos concede un atisbo de la eternidad pasada cuando el gran misterio de Dios fue dado a conocer primero a «los principados y potestades», las grandes inteligencias del mundo celestial.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn15" name="_ftnref15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La mayor entre ellas era el ser que ahora conocemos como Satanás, y la promulgación del propósito de las edades le reveló que quedaba aún que revelar un Primogénito que tenía que «tener la preeminencia» en todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La ciencia ha derramado desdén sobre la antigua creencia de que el hombre es el centro del universo. Y sin embargo la antigua creencia estaba en lo cierto. Pero Aquél que tiene el derecho a esta trascendente dignidad no es el hombre de Edén —«¡vano insecto de una hora!»— sino el Hombre que es «el Señor del cielo». Y Él es el objeto del odio del diablo. Al provocar la caída de Adán es posible que creyera que &lt;i&gt;él &lt;/i&gt;era el primogénito prometido. Pero no fue hasta la Tentación del mismo Cristo que por fin Satanás y su mentira quedaron por fin de manifiesto. Ni una persona entre mil que leen el relato de la Tentación se da cuenta de su significado. ¿Cómo podría el Satanás según la Cristiandad atreverse a ponerse delante del Señor de la Gloria? ¿Y cómo podrían las sugerencias de un monstruo tan repulsivo ser otra cosa que odiosas y repulsivas? ¡Supongamos que el biógrafo de una mujer de noble ánimo y de vida santa intentara enfatizar la pureza de su mente y la estabilidad de su carácter narrando que una vez tuvo un encuentro privado con un hombre notorio como libertino desvergonzado y vulgar y que, con todo, salió sin mancha de la prueba! No menos absurda aparece la narración de la tentación si la leemos a la falsa luz del mito acerca de Satanás.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn16" name="_ftnref16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El Satanás de las Escrituras es un ser que pretendía enfrentarse a nuestro Señor sobre la base no de igualdad, sino incluso de superioridad. Habiéndolo «llevado» a un monte, y habiéndole presentado aquella misteriosa visión de soberanía terrenal, «le dijo el diablo», según leemos: «A ti te daré todos estos reinos, y la gloria de ellos; porque a mí me han sido entregados, y a quien quiero los doy. Si tu postrado me adorares, todos serán tuyos».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Tenemos aquí meramente un arrebato de locura irresponsable o de impiedad blasfema? Es la atrevida proclamación de un derecho disputado. Satanás reivindica la condición de Primogénito, el heredero de derecho de la creación, el verdadero Mesías y, como tal demanda la adoración de la humanidad. Los hombres sueñan en un diablo con cuernos y pezuñas —un monstruo repugnante y obsceno— que ronda por los barrios perdidos y por los dorados nidos de vicio de nuestras ciudades, tentando a los corrompidos a cometer acciones atroces o vergonzosas. Pero, según las Sagradas Escrituras, él «se disfraza como ángel de luz», y «sus ministros se disfrazan como ministros de justicia».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn17" name="_ftnref17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;¿Acaso los «ministros de justicia» corrompen la moral de las personas o las incitan a cometer ultrajes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y esto prepara el camino a la más amplia afirmación de que lo que él controla es la &lt;i&gt;religión &lt;/i&gt;del mundo, no sus vicios y crímenes. Su imponente título es el de «el dios de este mundo»; un título concedido por Dios al Maligno, y no porque el Supremo haya delegado Su soberanía, sino porque el mundo le rinde su homenaje. De modo que es en la esfera de la religión donde se ha de buscar la influencia del Tentador; no en los expedientes de nuestros tribunales de justicia ni en las páginas de las novelas obscenas, sino en las enseñanzas de las falsas teologías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La mentira de la que él es el padre es la negación del Cristo de Dios, del Cristo del Calvario, del único mediador entre Dios y los hombres, de la propicia&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;ción por los pecados del mundo; del «propiciatorio»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn18" name="_ftnref18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt; letter-spacing: -0.1pt;"&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;donde un pecador perdido puede encontrarse con un Dios santo y hallar el perdón y la paz. Pero «el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn19" name="_ftnref19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt; &lt;/sup&gt;De ahí que los hombres se vuelvan a la iglesia, a la religión, a la moralidad, al «Sermón del Monte» —haciendo del Señor mismo un ministro de la propia justicia y soberbia de ellos—: en una palabra, se vuelven a cualquier cosa antes que a la Cruz de Cristo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lo que llevó al descubrimiento del planeta Neptuno fue las perturbaciones evidentes debidas a alguna causa desconocida en los movimientos de otros planetas. ¿Y acaso no tenemos razones para buscar un «Neptuno» en la esfera espiritual? ¿No es evidente que existe alguna influencia siniestra que está en operación aquí? ¿Cómo se puede explicar, entonces, que, bajo la plena luz de nuestra adelantada civilización, incluso personas de la mayor inteligencia y cultura sean engañadas por los trucos y las supersticiones del repertorio del clericalismo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero «la mentira» tiene otras fases. La mente del Tentador se manifiesta también en algunos de nuestros libros piadosos más populares. Las verdades del juicio eterno y de un infierno para el no arrepentido, de la redención por la sangre y de la necesidad de la salvación mediante la muerte del gran Sustituto que llevó nuestros pecados, así como las doctrinas relacionadas con las mismas, son objeto de rechazo como supervivientes de una edad oscura y crédula: al hombre le corresponde forjar su propio destino y ascender hasta el ideal divino. Y todo esto se prologa y se hace verosímil con la temeraria insinuación de que las palabras dichas por Dios son o mal interpretadas o falsas. A esto hay hombres que lo llaman un nuevo Evangelio: es el Evangelio más antiguo conocido. En cada uno de sus puntos nos recuerda las antiguas palabras: «¿Conque Dios os ha dicho...?». &lt;i&gt;«No &lt;/i&gt;moriréis»; «Seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal». ¡El «Jesús» de esta teología tiene un siniestro parecido con el gran filántropo de Edén! En nombre de este «otro Jesús»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn20" name="_ftnref20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; se volvería a rechazar al Cristo de Dios si regresase hoy a la tierra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Durante Su ministerio en la tierra. las obras y las palabras del Señor para los caídos y corrompidos llevaron a que se le considerase como amigo de los deshonestos y de los inmorales. ¿Y por qué? Esta pregunta queda bien contestada con otra: ¿Acaso no vino Él a buscar y a salvar &lt;i&gt;lo que se había perdido? &lt;/i&gt;¿Cómo, pues, iba a echarlos de Su presencia? ¡Qué extraño Salvador sería! Él no podía tolerar el &lt;i&gt;pecado, &lt;/i&gt;pero para los &lt;i&gt;pecadores &lt;/i&gt;Su amor y compasión eran infinitos. Y Sus detractores confundieron la compasión hacia los pecadores con la tolerancia hacia el pecado. Pero cuando los hombres rehusaban reconocer que estaban perdidos, y se separaban de Él mediante una barrera infranqueable de religión y de moralidad, el amor infinito se veía impotente. ¡La misma Omnipotencia quedaba frustrada! Y Aquel que había llorado en silencio ante el sufrimiento humano dio rienda suelta a su aflicción al anticipar su condenación.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn21" name="_ftnref21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todavía en otra ocasión Él exclamó: «¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn22" name="_ftnref22" style="mso-footnote-id: ftn22;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La mano que Él les había extendido para salvarlos la echaron a un lado con el mayor desprecio. ¡Y qué cosa tan asombrosa! Hombres de una moralidad intachable, de la más profunda piedad, de una devoción intensa a la religión —hombres considerados y respetados por el pueblo, que los reconocía como sus dirigentes—, tuvieron que oír que los corrompidos y deshonestos tenían más esperanza del cielo que ellos. Su enseñanza significaba un escándalo público; Su misión les resultaba insultante. Y desde su perspectiva, toda verdad y decencia quedó ultrajada cuando Él los llamó abiertamente «hijos del infierno» ¡y les dijo que tenían por padre al diablo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cuando un tumor maligno está devorando los órganos vitales, la delicadeza de un médico resulta inútil; el bisturí del cirujano tiene que llegar al mal, sin importar cual sea el riesgo. Y es cosa cierta que si Aquel que era tan lleno de gracia, tan «manso y humilde de corazón», dijo cosas tan hirientes, se debió a que ningún tratamiento más delicado podía dar resultados. Se debía a lo desesperado de su caso, y a que la influencia de ellos era catastrófica. Y hombres como aquellos deben tener sucesores y representantes en la tierra en nuestros días. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? Dejemos que el lector reflexivo encuentre la respuesta por sí mismo. Pero que mantenga a la vista los factores del problema. No fueron «las rameras y los publicanos» los que fueron señalados de este modo como hijos del infierno. ¡Desafortunadamente para la naturaleza humana, no era necesario ningún diablo para dar cuenta de los pecados de rameras y de publicanos! Fue empero a los judíos religiosos a quienes se dirigieron estas terribles palabras. ¿Y por qué? Porque el culto satánico no tiene que buscarse en las orgías paganas, sino en la aceptación del Evangelio del Edén, y en el seguimiento de sistemas religiosos que honran al hombre y deshonran a Cristo.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn23" name="_ftnref23" style="mso-footnote-id: ftn23;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[23]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Romanos 10:12&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Marcos 7:21&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ver Apéndices, nota 6.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Génesis 2&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref5" name="_ftn5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Job 1-2&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn6" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref6" name="_ftn6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Zacarías 3:1-2. En 1&amp;nbsp;Crónicas 21:1 y en Salmos 109:6 la palabra traducida como Satanás en la versión Reina-Valera denota meramente un adversario (cp. V.M.). Y no puedo servirme de Isaías 14:12, etc., ni de Ezequiel 28:14 y ss., por mucho que me pudieran ser de ayuda, porque no hay manera de determinar con certidumbre que sea Satanás el personaje allí referido. De ello, personalmente, no tengo ninguna duda. La palabra &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Diablo&lt;/i&gt; no aparece en el Antiguo Testamento. En los cuatro pasajes en los que en la versión inglesa antigua aparecía la palabra «diablos», en la versión revisada adopta otras palabras.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn7" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref7" name="_ftn7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Judas 6; 2&amp;nbsp;Pedro 2:4&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn8" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref8" name="_ftn8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; En Mateo 12:24-27, nuestro Señor ni adopta ni rechaza la creencia judía. ¡Qué grotesca es la sugerencia de que en aquel momento debería haberles dado un discurso sobre demonología! dejando el tema de lado, les devolvió el vituperio con las palabras: «Si yo echo los demonios por Belcebú, ¿por quién los echan vuestros hijos?». A no ser qué los fenómenos descritos por los espiritistas se puedan explicar mediante engaños o fraudes, se tienen que atribuir a demonios; y parece haber poderosas razones para creer que algunos hombres se hallan poseídos por demonios «inmundos».&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn9" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref9" name="_ftn9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;1 Juan 3:4, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Gr.&lt;/i&gt; La traducción «infracción de la ley» es inexacta; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;anomia&lt;/i&gt; es un término más amplio, la insubordinación frente a la ley.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn10" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref10" name="_ftn10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Efesios 4:26. Estas palabras son una cita literal del Salmo 4:4 (LXX).&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn11" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref11" name="_ftn11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Salmo 7:11&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn12" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref12" name="_ftn12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Efesios 6:10-20&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn13" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref13" name="_ftn13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Old Bailey es el tribunal de lo criminal en Londres (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;N. del T.&lt;/i&gt;).&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn14" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref14" name="_ftn14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Juan 8:44 Ver Apéndices, nota 7.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn15" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref15" name="_ftn15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Posiblemente esta es la explicación de las «coincidencias» entre el cristianismo y algunas de las antiguas religiones del mundo. No aludo al budismo, porque sus aparentes «coincidencias» admiten una explicación mucho más prosaica (ver, p. ej., la obra del profesor Kellogg referenciada en la nota 7 del capítulo 6), sino al culto de Tamuz y de la antigua Babilonia. Las Escrituras nos advierten de que, en el futuro, Satanás falsificará los misterios divinos; ¿sería algo extraño que lo hubiera hecho en el pasado?&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn16" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref16" name="_ftn16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ver Apéndices, nota 6.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn17" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref17" name="_ftn17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2 Corintios 11:14&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn18" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref18" name="_ftn18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; En Juan 2:2 y 4:10 El es llamado el ἱλασμός. En Romanos 3:25 El es llamado el ἱλαστήριον (propiciatorio). Esta palabra aparece solamente otra vez en el Nuevo Testamento (Hebreos 9:5).&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn19" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref19" name="_ftn19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Corintios 4:4&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn20" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref20" name="_ftn20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2&amp;nbsp;Corintios 11:4&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn21" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref21" name="_ftn21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; En Juan 11:35 la palabra utilizada implica lágrimas silenciosas. El término de Lucas 19:41 significa un un lamento con todas las expresiones externas de dolor.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn22" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref22" name="_ftn22" style="mso-footnote-id: ftn22;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[22]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lucas 13:34&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn23" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref23" name="_ftn23" style="mso-footnote-id: ftn23;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[23]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Para una posterior consideración de la cuestión general, ver Apéndices, nota 8.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-6466273438128485133?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/6466273438128485133/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-11-la-influencia-de-satanas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/6466273438128485133'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/6466273438128485133'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-11-la-influencia-de-satanas.html' title='Capítulo 11. La influencia de Satanás'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-8394705600991961543</id><published>2010-12-30T00:48:00.000-08:00</published><updated>2010-12-30T00:48:02.943-08:00</updated><title type='text'>Capítulo 10. El misterio ahora desvelado</title><content type='html'>&lt;h1&gt;Capítulo 10. El misterio ahora desvelado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-variant: small-caps; mso-fareast-language: ES;"&gt;Las posdatas &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;tienen una importancia proverbial, y las posdatas apostólicas no son excepción a la regla. Pero la posdata final de la Epístola de San Pablo a los Romanos ha sido tratada con una curiosa negligencia por parte de los teólogos. ¡Obsérvese el extraordinario descuido con que ha sido traducida incluso por los revisores de 1881 de la versión inglesa! Fue sin duda con su propia mano, después que su secretario, Tercio, hubiera dejado la pluma, que Pablo añadió las palabras tan cargadas de significado con que concluye la Epístola: «Al que puede estableceros según mi evangelio que es la predicación de Jesucristo según [la] revelación de un misterio que había sido guardado en silencio a lo largo de tiempos eternos, pero que se manifiesta ahora y por medio de escrituras proféticas según el mandato del Dios Eterno se da a conocer a todas las naciones para la obediencia a la fe —al único y sabio Dios sea la gloria mediante Jesucristo para siempre».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;sup&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;«Mi evangelio». Estas palabras, tres veces repetidas por San Pablo,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; no constituyen una mera expresión convencional. Reciben explicación en varias de sus epístolas,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; y de una manera especialmente concluyente en su carta a los Gálatas. Allí expresa en términos explícitos y enfáticos que el evangelio que él predicaba entre los gentiles había sido objeto de una revelación especial a él mismo. No solamente no se lo habían enseñado los que eran apóstoles antes que él, sino que fue él quien, por mandato divino específico, que lo comunicó a «los Doce»; y esto no fue sino hasta su segunda visita a Jerusalén, diecisiete años después de su conversión.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Por tanto, resulta verdad que su testimonio era esencialmente distinto en carácter y alcance a nada de lo que encontramos en el ministerio de los demás apóstoles que aparezca en Hechos. Y esto, afirma él, lo reconocieron ellos mismos. «Vieron», dice Pablo, «que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Este último era una promesa según las Escrituras de &lt;i&gt;los &lt;/i&gt;profetas: el primero, una proclamación según la revelación de un misterio mantenido en secreto desde la eternidad, pero ahora manifestado en esta dispensación cristiana, y dado a conocer a todas las naciones mediante Escrituras proféticas. ¿Cuáles, pues, eran estos escritos? ¿Y cuál el misterio que de este modo se revelaba?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;La traducción del pasaje en nuestras versiones castellanas constituye un compromiso entre la traducción y la exegesis; y que la exposición que se sugiere con tal combinación resulta errónea se hace patente debido a que hace que la afirmación del apóstol sea incoherente hasta el límite del absurdo. Si es mediante de los escritos de los profetas hebreos que el evangelio se da a conocer a todas las naciones, ¡queda por ello claro que no habría sido un misterio guardado en secreto a lo largo de todas las edades! Las palabras «por escrituras proféticas» se refieren evidentemente a las Escrituras del &lt;i&gt;Nuevo &lt;/i&gt;Testamento; y como el evangelio que así se da a conocer no fue confiado ni siquiera a los otros apóstoles, sino solamente «al apóstol de los gentiles», será preciso que nos volvamos de nuevo a las Epístolas de Pablo para buscarlo. Entonces, ¿contienen estas epístolas alguna o más grandes verdades características que no se puedan encontrar en las Escrituras anteriores?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Nuestra palabra castellana «misterio» significa algo que es o bien incomprensible, o bien desconocido; pero este no es el significado de la palabra griega &lt;i&gt;musterion&lt;/i&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-style: italic;"&gt;.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; En su primera acepción, tanto en griego clásico como bíblico, es simplemente un secreto; y un secreto, cuando se revela, puede ser comprendido por cualquiera. Una cerradura de combinación es un «misterio». Se abre tan fácilmente como las demás siempre y cuando se posea la clave apropiada, pero sin la clave no se puede abrir en absoluto. Los misterios del Nuevo Testamento son verdades divinas que hasta entonces habían sido «guardadas en silencio»; verdades que no se habían sido revelado en las Escrituras anteriores, y que no podían conocerse hasta que fuesen reveladas. Tan sólo en una ocasión el Señor utilizó esta misma palabra, cosa que se registra en los tres primeros Evangelios, y aparece cuatro veces en Apocalipsis. Pero, aparte de estas excepciones, solamente se encuentra en las Epístolas de San Pablo, donde aparece no menos de veinte veces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;En algunos de estos pasajes esta palabra se usa en su acepción secundaria. En otros se revelan secretos específicos. Y entre los más destacados encontramos los siguientes:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;El misterio de iniquidad, que culmina con la revelación del inicuo.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;El misterio de que, a la venida del Señor, algunos de Su pueblo pasarán al cielo como lo hizo Elías: «sin probar la muerte ni conocer el sepulcro».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;El misterio de que en la presente dispensación los creyentes son unidos a Cristo en una relación especial como miembros de un cuerpo del que Él mismo es la cabeza.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Aquí, pues, tenemos unos «misterios» específicos respecto a los cuales las Escrituras anteriores callaban; y se puede añadir que, aunque están ahora revelados, siguen siendo desconocidos por la mayoría de los cristianos. Pero éstas son verdades esencialmente para el &lt;i&gt;creyente&lt;/i&gt;, en tanto que el «misterio» de la posdata del apóstol constituye de manera enfática una verdad para TODOS: una verdad que se ha de dar «a conocer a todas las gentes para la obediencia a la fe».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Además, la afirmación del apóstol presupone que sus palabras serían comprendidas por aquellos a quienes estaban dirigidas. Por ello, como nunca había visitado Roma personalmente, podemos volvernos confiadamente a esta Epístola misma para buscar en ella la verdad a la que se refiere.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;En primer lugar, entonces, es una verdad-&lt;i&gt;misterio: &lt;/i&gt;una verdad que hasta entonces había sido «mantenida en silencio». En segundo lugar, es una verdad de alcance y aplicación universales. Y, en tercer lugar, es una verdad que tiene que encontrarse en la Epístola a los Romanos. Con estas claves para orientarnos, no puede haber dificultad alguna para identificar la verdad de que se trata; porque una, y tan sólo una, dará satisfacción a todos estos requisitos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;En común con algunas otras grandes verdades de la fe cristiana, la Reconciliación ha recibido escasa atención de los teólogos. Se podrían llenar muchas páginas con citas de libros aceptados que o bien la tergiversan o la niegan. Pero todos los intentos de extirparla de nuestros credos se deben, como dice el arzobispo Trench, «a una resuelta decisión de librarse de la realidad de la ira de Dios en contra del pecado».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn10" name="_ftnref10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; El pecado no apartó simplemente al hombre de Dios, sino que apartó a Dios del hombre. Un Dios santo y justo no podía por menos que considerarle como enemigo. Pero «siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo». Y «por el Señor nuestro Jesucristo» aquellos que creen «hemos recibido ahora la reconciliación».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn11" name="_ftnref11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; «Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de reconciliación. Así que, somos embajadores de Cristo», añade el apóstol, «como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con &lt;span style="letter-spacing: -.1pt; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;Dios».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn12" name="_ftnref12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; letter-spacing: -.1pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Este es un llamamiento al pecador, no a que, como &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-font-kerning: .5pt;"&gt;demasiado frecuentemente se presenta, perdone a su Dios, sino a que entre al beneficio no buscado que Dios, en Su infinita gracia, ha llevado a cabo. Porque (añade luego el apóstol): «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn13" name="_ftnref13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES; mso-font-kerning: .5pt;"&gt;Las palabras no podrían ser más sencillas, y sin embargo, como ya se ha visto, esta verdad tan claramente expuesta es tergiversada o negada en muchos sectores. Así como en la actualidad tenemos filántropos dogmáticos que se refieren al crimen como si no fuera otra cosa que una excentricidad natural de naturalezas débiles, también hay teólogos que se deleitan en describir del pecado de tal manera que, si no se hubiera hecho provisión a su respecto en la economía divina, la omisión hubiera redundado totalmente en descrédito de Dios. Por su parte, otros dejan tan de lado las grandes verdades del amor de Dios al mundo y de &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;la reconciliación del mundo con Dios mediante Cristo, que la soberanía de Dios degenera a un mero favoritismo, y la muerte de Cristo no resulta otra cosa que un medio por el que los pocos favorecidos pueden obtener la bendición.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Es en vano que se buscará esta gran verdad de la Reconciliación en las Escrituras del Antiguo Testamento. Su revelación era desde luego imposible en tanto que el judío mantuviera la posición que abandonó al rechazar al Mesías. Cuando leemos el Evangelio de San Juan a la luz de las Epístolas, podemos discernirla en la enseñanza de nuestro Señor; pero sin tal luz nadie se atrevería a formularla. Y desde luego, para el judío esta doctrina tiene que haber resultado pasmosa, e incluso entre los cristianos se recibe con vacilaciones y reserva. Pero las dificultades que aparecen en la exposición del quinto capítulo de Romanos se relacionan solamente con el &lt;i&gt;argumento. &lt;/i&gt;La doctrina que se enseña es inequívocamente clara. «Como por una transgresión [el resultado fue] a todos los hombres para condenación, de la misma manera por un acto de justicia [el resultado fue] a todos los hombres la justificación de vida.» Si las palabras quieren decir algo, esto declara que la muerte de Cristo tiene una eficacia tan completa y universal como el pecado de Adán. Si aquel pecado «introdujo la muerte en el mundo, y todos nuestros males», así la gran &lt;i&gt;dikai&lt;/i&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ö&lt;span style="mso-bidi-font-style: italic;"&gt;ma &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;trajo justificación de vida a todos los hombres hasta allí donde la transgresión del Edén les trajo condenación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-fareast-language: ES;"&gt;Pero la obra de Cristo va infinitamente más allá de esto. La transgresión del Edén introdujo el reinado de la muerte. «El pecado reinó para muerte.» «La paga del pecado es la muerte», y el pecado clamaba ante el mismo trono de Dios como medio para hacer cumplir sus justas demandas. Pero el Calvario ha destronado al pecado, y la gracia reina ahora suprema. Y ello no a costa de la justicia, sino por medio de la justicia. Y así como el pecado reinó para muerte, de este modo la gracia reina ahora para vida eterna. O, pasando más allá de la espléndida imaginería de la Epístola, aprendemos la verdad asombrosa de que la actitud divina hacia los hombres es de un favor universal. No se trata de que el gentil haya alcanzado la posición especial de privilegio de la que ha caído el judío, porque ahora, aparte de «la familia de la fe», no hay ahora ningún pueblo favorecido: «No hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque &lt;i&gt;todo aquel &lt;/i&gt;que invocare el nombre del Señor será salvo».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn14" name="_ftnref14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="letter-spacing: -.5pt;"&gt; &lt;/span&gt;Así, la vida eterna es puesta al alcance de todo ser humano a quien viene este testimonio.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn15" name="_ftnref15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: ES;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Entonces, ¿cómo es posible que tan pocos reciban este beneficio? La respuesta a esta pregunta demanda un capítulo para ella sola.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;  &lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;  &lt;!--[endif]--&gt;  &lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Nuestras versiones inglesas (como muchas de las castellanas&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;—&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;N. del T&lt;/i&gt;.),&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;han distorsionado el pasaje, primero por una puntuación (yo he seguido aquí la del Deán Alford) que hace del misterio una característica del poder que nos establece, en tanto que en realidad, caracteriza la predicación por la que somos establecidos; y, en segundo lugar, por la traducción de las palabras διά τε γραφῶν προφητιϰῶν (cp. Mt. 26:56): «Las Escrituras de los profetas»). También se debe tener en cuenta que tanto «revelación» como «misterio» carecen de artículo, pero aunque el castellano parece demandar el artículo delante de la primera palabra, su inserción delante de «misterio» no es solamente innecesaria, sino también engañosa.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Romanos 2:16; 16:25; 2&amp;nbsp;Timoteo 2:8&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Ver, p. ej., Efesios 3;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Colosenses 1:25-26&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Gálatas 1:11—2:12&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref5" name="_ftn5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Gálatas 2:7&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn6" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref6" name="_ftn6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ver Apéndices, nota 5.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn7" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref7" name="_ftn7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; 2&amp;nbsp;Tesalonicenses 2:7-8. En el seno de la Iglesia, naturalmente. La iniquidad en el mundo es tan antigua como el pecado.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn8" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref8" name="_ftn8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; 1&amp;nbsp;Corintios 15:51&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn9" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref9" name="_ftn9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Efesios 3:4-6; 5:30-32; 1&amp;nbsp;Corintios 12:12-13 y ss.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn10" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref10" name="_ftn10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Synonyms&lt;/i&gt;, Part II, p. 123&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn11" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref11" name="_ftn11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Romanos 5:10-11&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn12" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref12" name="_ftn12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; 2&amp;nbsp;Corintios 5:18-20. Este pasaje está inseparablemente vinculado en mi mente con un suceso que me contó en una ocasión el difunto Sir Robert Lush. Cuando el sargento de policía Wilkins volvió al Palacio de Justicia después de una enfermedad que prácticamente terminó con su carrera, el señor Lush (entonces no había sido aún armado caballero) lo vio sentado con el rostro hundido entre sus manos, y se dio cuenta de que le caían lágrimas por entre los dedos. Él no conocía al suboficial, pero cuando lo vio salir corriendo del Palacio de Justicia, lo siguió, y mencionando delicadamente lo que había visto, le preguntó si tenía algún problema en el que pudiera ayudarle. El suboficial le agradeció mucho su gentileza, pero le explicó que su aparente aflicción se debía a las palabras arriba citadas, que había estado leyendo aquella mañana, y que le habían venido a la memoria mientras se hallaba sentado en el tribunal, no pudiendo reprimir su emoción. Este incidente será apreciado por aquellos que sepan qué clase de hombre era. Será suficiente decir que no tenía por costumbre leer la Biblia. Pero ¡cuántas personas hay así, que se vuelven a ella en tiempos de enfermedad o de aflicción!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn13" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref13" name="_ftn13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;2&amp;nbsp;Corintios 5:21&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn14" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref14" name="_ftn14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Romanos 10:12&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn15" style="mso-element: footnote;"&gt;  &lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref15" name="_ftn15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Este tipo de afirmación disgustará a aquella escuela de pensamiento religioso que se vanagloria de tener como fundador a uno de los mayores maestros de la Iglesia. Pero apelemos al maestro contra los discípulos. Este es el comentario que da Calvino acerca del versículo acabado de citar (Ro 5:18): «Él hace que este favor sea común a todos, debido a que se propone a todos, no porque en realidad se extienda a todos; porque aunque Cristo sufrió por los pecados de todo el mundo, y se ofrece por la bondad de Dios a todos sin discriminación, con todo esto no todos le reciben».&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Y el siguiente extracto de su comentario al tercer capítulo del Evangelio de San Juan no es menos pertinente. Refiriéndose al versículo dieciséis, dice: «Cristo empleó el término universal &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;todo aquel&lt;/i&gt; tanto para invitar indiscriminadamente a todos a participar de la vida como para dejar a los incrédulos sin excusa. Este es el significado del término &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;mundo&lt;/i&gt;. Aunque no hay nada en el mundo que sea digno del favor de Dios, a pesar de todo Él se muestra reconciliado con todo el mundo cuando invita a todos los hombres sin excepción a la fe de Cristo, la cual no es otra cosa que una entrada a la vida».&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Y si alguien pregunta: ¿Cómo es, pues, posible el juicio?, la respuesta es que el juicio se basa sobre esta misma verdad. Ver el Capítulo 12 de este libro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-8394705600991961543?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/8394705600991961543/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-10-el-misterio-ahora-desvelado.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/8394705600991961543'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/8394705600991961543'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-10-el-misterio-ahora-desvelado.html' title='Capítulo 10. El misterio ahora desvelado'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-1357847541035670175</id><published>2010-12-29T16:06:00.000-08:00</published><updated>2010-12-29T16:24:59.484-08:00</updated><title type='text'>Capítulo 9. La doctrina cristiana</title><content type='html'>&lt;h1&gt;Capítulo 9. La doctrina cristiana&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;«En el magno y sencillo credo de Cristo, expresado en sus palabras más claras, la vida eterna era la segura herencia de aquellos que amasen a Dios con todo su corazón, a su prójimo como a sí mismos, y que anduviesen en pureza, humildad, y haciendo el bien mientras estuvieran en la tierra. En las iglesias y sectas cristianas de la actualidad, en los formularios y detallados credos que reconocen, todo esto se repudia como infantil y caduco; el medio oficial y la moneda para la adquisición de la salvación se han cambiado del todo; la vida eterna queda reservada a aquellos, y exclusivamente para aquellos, que acepten, o profesan, una cadena de proposiciones metafísicas concebidas en un cerebro escolástico y expresadas en una fraseología escolástica».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;Para todo aquel que desee tener las ideas claras y unas creencias bien fundamentadas no hay nada más útil que la crítica adversa. De ahí el valor de las palabras que aquí se citan. Además, pueden tomarse como representativas de las opiniones de un amplio e importante sector del que el citado autor, aunque ya fallecido, puede aún ser considerado como un representante y paladín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;Una cuestión preliminar que se surge de sí misma es: ¿Dónde vamos a encontrar este «magno y sencillo credo» que se nos recomienda así a nuestra aceptación? Si, como nos dice el agnóstico, los Evangelios son meras crónicas humanas, ¡qué puede ser más vacío que apelar a ellos en cuanto a las enseñanzas de Cristo! Era costumbre entre los antiguos escritores poner largos discursos en boca de sus héroes, y los discursos atribuidos al Nazareno caerían en el acto en esta categoría de romance. Pero se nos dice que aunque no debemos confiar en los evangelistas cuando registran sucesos llanos de los que fueron testigos oculares, como los milagros de Cristo, ¡se les debe creer implícitamente cuando profesan registrar &lt;i&gt;textualmente&lt;/i&gt; Sus largos discursos! Si los Evangelios han sido divinamente inspirados, el agnosticismo es una insensatez manifiesta; si no han sido inspirados, nuestra fe es una pura superstición.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;El siguiente pensamiento que estas palabras sugieren es que si realmente la vida eterna está reservada a aquellos cuyo carácter y conducta estén marcados por una perfección absoluta, toda la raza humana está condenada. Un amor perfecto a Dios y al hombre constituye una norma que excluye incluso al más devoto de los santos, y el común de los hombres pueden despedirse de cualquier esperanza de alcanzarla jamás. Y, sin embargo, el autor citado tiene razón. Es sólo así y de esta manera que un hijo de Adán puede &lt;i&gt;heredar &lt;/i&gt;la vida eterna. Entonces, lo que a nosotros nos toca es indagar si queda quizá algún otro camino hacia la bendición que nos pueda estar abierto. &lt;i&gt;Agnosticismo&amp;nbsp; &lt;/i&gt;es un&amp;nbsp; término&amp;nbsp; griego&amp;nbsp; que&amp;nbsp; significa ignorancia; ¿no podríamos esperar que este particular agnóstico sea fiel a su nombre, y que el amor de Dios vaya más allá de lo que él parece haber captado u comprendido?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las afirmaciones que aquí impugnamos son importantes en cuanto que exponen cuán gravemente puede quedar perjudicada la gran verdad de la Reforma por la misma importancia que se le asigna en nuestro sistema de teología protestante. Que adquiera grandes proporciones en nuestra valoración es sólo natural, cuando consideramos cuán encarnizada fue la contienda a la que debemos su recuperación. Sin embargo, el dogma de que la justificación es &lt;i&gt;por la fe &lt;/i&gt;es tan sólo una verdad secundaria, subsidiaria de otra verdad de alcance más amplio y de una importancia más trascendental. «Por tanto, es por fe, para que sea por GRACIA».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La GRACIA es la verdad característica del cristianismo. Según el gran tratado doctrinal del Nuevo Testamento, somos «justificados por la gracia», «justificados por la fe», «justificados por la sangre» —esto es, por la muerte de Cristo en su aplicación a nosotros, porque tal es el significado de la figura sacrificial de la que la palabra «sangre» es la expresión en el Nuevo Testamento. La gracia es el principio por el que Dios justifica al pecador; la fe es el principio por el que se recibe el beneficio; y la muerte de Cristo es la única base sobre la que todo esto es posible: somos «justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y los que están así justificados no pueden pretender este beneficio ni sobre una base de mérito ni de promesa. Porque si pudiéramos ganarnos un derecho a ello, no habría necesidad de redención; y si Dios se hubiese comprometido a Sí mismo por un pacto a concederla, no habría lugar para la gracia. La gracia es soberana, pero es libre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Existen solamente dos principios alternativos por los que la justificación es teóricamente posible en la actualidad. Uno es que el hombre la merezca; el otro es mediante el favor inmerecido de Dios. Que un hombre, desde la cuna hasta la tumba, sea todo lo que deba ser, y que haga todo lo que deba hacer; que, como el autor dice, ame a Dios con todo su corazón, y a su prójimo como a sí mismo, andando «en pureza, humildad, y haciendo el bien, mientras esté en la tierra», y una persona así &lt;i&gt;«heredará &lt;/i&gt;la vida eterna». Pero todas estas pretensiones son un síntoma de ignorancia y de degradación moral y espiritual. Todos los hombres son &lt;i&gt;pecadores; &lt;/i&gt;y, siendo pecadores, se hallan totalmente dependientes de la gracia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las palabras del señor Greg se basan en un incidente del ministerio de nuestro Señor que dieron la ocasión para la parábola del «buen samaritano». «Un intérprete de la ley», deseoso de poner a prueba la doctrina del Salvador, le preguntó: «Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?» Indudablemente, había oído que el gran Rabí era herético, que menospreciaba la ley de Moisés, y que señalaba a la gente del pueblo un fácil atajo hacia la vida. ¡Cuán grande tiene que haber sido su sorpresa cuando le respondió: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?»! Respondiendo a su vez, éste repitió las palabras bien conocidas, tan familiares para todo judío, que mandaban amar a Dios y al hombre. Y la sorpresa tuvo que haberse convertido en pasmo cuando el Salvador añadió: «Bien has respondido; haz esto, y vivirás». ¡El más estricto legalista del Sanedrín no podría hallar ningún error en una enseñanza como aquella! Pero la pregunta era, como podía una persona &lt;i&gt;heredar &lt;/i&gt;vida, y para tal pregunta solamente había una respuesta posible. Para disimular su confusión, el intérprete de la ley le hizo en el acto otra pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?», tratando así de escapar por la tangente, como siempre lo han hecho los profesionales de la ley en todas las edades. Y esto llevó al Señor a relatar aquella exquisita historia que desde entonces ha subyugado las mentes de los hombres. La palabra griega para «prójimo» es &lt;i&gt;el que está cerca, &lt;/i&gt;y la pregunta del intérprete de la ley implicaba que no se consideraba comprometido a amar a &lt;i&gt;cada uno &lt;/i&gt;de aquellos con los que estuviera en contacto. El judío de casta alta, si se puede admitir una expresión así, preferiría antes morir que deber su rescate a un samaritano, por lo que el Señor introduce a un samaritano en la parábola, contrasta su conducta con la del levita y la del sacerdote, y pregunta luego cuál de los tres actuó como prójimo del pobre hombre al que los ladrones habían dejado medio muerto en el camino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta era la enseñanza superficial de la parábola, pero, como sucede con cualquier otra de las parábolas, tenía un significado escondido y espiritual. El había dado respuesta acerca de como un ser perfecto podía &lt;i&gt;heredar &lt;/i&gt;la vida: Ahora despliega la enseñanza de como un pecador arruinado puede ser salvo. El viajero, de camino desde la ciudad de bendición a la ciudad de la maldición, resulta despojado de todo lo que tiene, y es dejado herido casi de muerte, y totalmente impotente. Pasan al lado un sacerdote y un levita. ¿Por qué un sacerdote y un levita? Porque de esta manera Él personifica así a la ley y, en una palabra, a la religión. Estos podrían ayudar a un hombre que pudiera ayudarse a sí mismo, pero por el impotente pecador no pueden hacer nada. «Pero un samaritano que iba de camino, vino cerca de él.» ¿Por qué un samaritano? Porque Él les quería enseñar que el Salvador es aquel que, si no fuera por la misma ruina y desgracia en que se encuentra sumido, el pecador despreciaría y rechazaría. «Y» —remarquemos las palabras— «viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él»; y en la posada pagó el gasto e hizo provisión para su futuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cada detalle de la historia tiene su correspondencia en verdades espirituales. Nos habla de un Salvador que &lt;i&gt;salva; &lt;/i&gt;que acude al pecador allí donde éste se halla y tal como se halla; que venda unas heridas más profundas que las que pueda infligir el cuchillo de un bandido; que lo saca del lugar de peligro para llevarlo a un lugar seguro y en paz, y que provee para todas sus futuras necesidades. Y todo esto sin regatear ni poner condiciones, y sin otro motivo que el de Su propia infinita compasión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¡Cómo desea uno que personas sinceras, como el autor de &lt;i&gt;The Creed of Cristendom &lt;/i&gt;(El Credo de la Cristiandad), pudieran, por lo menos, llegar a &lt;i&gt;oír &lt;/i&gt;estas verdades y a saber que &lt;i&gt;éste &lt;/i&gt;es el Evangelio del cristianismo! Sus escritos demuestran que en esta Inglaterra cristiana hay personas ilustradas y cultas cuyo rechazo muy legítimo del clericalismo y de todo lo que es mera religión las ha devuelto a las tinieblas del paganismo. Pero en medio de esta oscuridad hay una luz que brilla. La versión que da el agnóstico del «grande y sencillo credo de Cristo» transformaría en fariseos a algunas personas —y el cielo está totalmente cerrado para los tales— a la vez que confinaría a la humanidad en general a la posición de unos desesperanzados proscritos. Pero las Sagradas Escrituras nos testifican que «Cristo murió por los &lt;i&gt;impíos», &lt;/i&gt;y que todo aquel que cree en Él queda justificado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y creer en Él no tiene nada en común con la aceptación de «una cadena de proposiciones metafísicas». Significa inclinarse ante el juicio divino sobre el pecado, y aceptar a Cristo como Salvador y Señor. La desconfianza fue el punto decisivo de la caída del ser humano, porque el acto manifiesto de pecado fue tan sólo el resultado de la incredulidad, ¡Qué natural, entonces, que la confianza sea el punto decisivo de su recuperación! Hubo una época en Inglaterra en el que llevar una cierta flor era una clara manifestación de lealtad o de traición. Y esto era un mero acto externo que pudiera no ser sincero, mientras que las creencias de una persona forman parte de dicha persona. La tragedia del Calvario ha llegado a ser considerada como un mero incidente en la historia, natural en aquellas circunstancias, y apropiada para enfatizar y subrayar la dignidad del hombre. En cambio, Dios la señala como la «crisis» del mundo, un suceso de una importancia tan trascendental que no es posible la indiferencia ante el mismo. El que murió allí no desea ni nuestra lástima ni nuestro favor: Demanda nuestra &lt;i&gt;fe. &lt;/i&gt;Es una cuestión de lealtad personal a Él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 16px;"&gt;Pero este capítulo es una digresión. Volvamos ahora a la enseñanza de la Epístola a los Romanos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr align="left" size="1" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; Greg, R. R., &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Creed of Christendom&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Διὰ τοῦτο ἐϰ πίστεως ἳνα ϰατὰ χάριν&lt;span lang="EN-US"&gt; (Ro. 4:16). &lt;/span&gt;La teología no tiene una mejor definición de la gracia que la que da Aristóteles (Ret 2:7).&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Romanos 3:24&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-1357847541035670175?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/1357847541035670175/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-9-la-doctrina-cristiana.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/1357847541035670175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/1357847541035670175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-9-la-doctrina-cristiana.html' title='Capítulo 9. La doctrina cristiana'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-4055630117822057124</id><published>2010-12-29T12:02:00.000-08:00</published><updated>2010-12-29T23:08:41.734-08:00</updated><title type='text'>Capítulo 8. Análisis de objeciones y puente a las Epístolas</title><content type='html'>&lt;h1&gt;Capítulo 8. Análisis de objeciones y puente a las Epístolas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-variant: small-caps;"&gt;Hemos llegado ahora &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;a una etapa de esta investigación donde puede ser oportuno realizar una mirada retrospectiva. Se ha dado expresión a dificultades y dudas a las que no es ajena ninguna persona reflexiva. Y éstas, como ya hemos visto, resultan aún más intensificadas que contestadas mediante una apelación a la mera corriente superficial del testimonio de las Escrituras. Ha quedado expuesto que el «argumento cristiano» basado en los milagros es no sólo inadecuado, sino erróneo. Y nos hemos dirigido a los Hechos de los Apóstoles para exponer cuán erróneo es el concepto popular de que la Iglesia de Jerusalén era &lt;i&gt;cristiana.&lt;/i&gt; En realidad era total y plenamente judía. De hecho, la única diferencia entre la posición de los discípulos durante el «período hebreo» de Hechos y el período del ministerio terrenal del Señor, era que el magno hecho de la Resurrección vino a ser la carga de su testimonio. Y, finalmente, hemos visto como el rechazo de este testimonio por parte de la nación favorecida llevó al desarrollo del propósito divino de privar al judío de su posición de privilegio e introducir la dispensación cristiana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La religión divina del judaísmo señalaba, en cada una de sus partes, tanto en su espíritu como en su letra, a la venida de un Mesías prometido; y mantener que alguien dejase de ser judío por acariciar aquella esperanza y aceptar al Mesías cuando viniera es una posición que es absolutamente grotesca por absurda. Sería igual de monstruoso decir, en la actualidad que un hombre deja de ser cristiano si para él la fe en Cristo deja de ser una simple formalidad de su credo, y se transforma en una realidad en su corazón y en su vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Veinte años después de la formación de la Iglesia de Pentecostés, los discípulos eran todavía considerados por su propia nación como una secta judía. «La secta de los nazarenos», los llamó Tértulo en su acusación contra Pablo ante Félix; y Pablo, en su defensa, repudió la acusación, afirmando que los seguidores del Camino eran los verdaderos adoradores del Dios ancestral de su nación.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Israel cayó, no debido a que los discípulos, conscientes del significado de su religión, aceptaran a Cristo, sino porque la nación le rechazó y persistió en aquel rechazo, «menospreciando Sus palabras y maltratando a Sus profetas, hasta que no hubo ya remedio».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sería una especulación ociosa y sin provecho considerar cual hubiera sido el curso de la dispensación si el testimonio de Pentecostés hubiera conducido a los judíos al arrepentimiento. Lo que nos concierne es que la caída de Israel se debió a la actitud de rechazo nacional contra el Mesías, y que aquella caída fue «la reconciliación del mundo»,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; un cambio radical en la actitud de Dios hacia los hombres, y un cambio del que las Escrituras del Antiguo Testamento no daban ninguna indicación, y que incluso los Evangelios señalaban muy vagamente. Así, seguiremos nuestro curso sin dejarnos influir ni por la ignorancia del escéptico cristianizado ni por la hostilidad del incrédulo declarado. El primero, menospreciando las Epístolas, se vuelve al Sermón del Monte para buscar allí un cristianismo ideal; el otro no encuentra dificultades en demostrar que la enseñanza de Cristo, cuando se pervierte de este modo, es el sueño de un visionario. El Sermón del Monte combina unos principios de alcance ilimitado con unos preceptos dados para el tiempo en que fueron pronunciados, y las personas con inteligencia espiritual no pueden dejar de distinguir entre los primeros y los segundos. Y es para esta clase de personas que se escribió la Biblia, no para los incrédulos ni para los insensatos.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Entonces, concluimos que cuando estamos estudiando la historia de la Iglesia Pentecostal Judía, las verdades características del cristianismo estaban todavía pendientes de ser reveladas. Volviendo de nuevo a las Escrituras anteriores con el conocimiento que ahora poseemos, podemos descubrirlas allí en embrión, pero su promulgación plena y formal tenemos que buscarla en las Epístolas. Y es aquí donde la separación de los caminos se verá marcada de forma todavía más definitiva. Al dejar el ministerio del «apóstol de la circuncisión» dejaremos detrás de nosotros, naturalmente, la religión de la Cristiandad. —porque, ¿no es San Pedro su santo patrón? Por otra parte, el mero protestantismo abriga pocas simpatías para los estudios de esta clase. Y por lo que se refiere a aquella escuela de pensamiento religioso que parece por ahora gozar del mayor grado de favor popular, rompemos enteramente con ella al entrar en la investigación que tenemos ante nosotros. Ninguno de estos grupos acompañará al buscador de la verdad en el curso de su solitario camino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero, en tanto que otras escuelas de pensamiento se mostrarán sencillamente indiferentes a esta investigación, la actitud de aquellos que pretenden ser el partido del progreso y de la ilustración será de abierta hostilidad. Por ello, quizá sea conveniente hacer una pausa a fin de examinar sus pretensiones. Ninguna mente generosa insultaría a propósito la religión de nadie, sea cristiano o judío, mahometano o budista. Pero cuando hombres «religiosos» adoptan el papel de escépticos y de críticos, salen a campo abierto, y pierden todo «derecho a santuario». Toda persona religiosa que se mantiene detrás del &lt;i&gt;lábaro &lt;/i&gt;de su credo merece cortesía. Y no es menos digno de cortesía el agnóstico que rechaza la fe en todo lo que cae fuera de la esfera de los sentidos y de la demostración. ¿Pero qué vamos a decir de aquellos que descartan la fe en aspectos sobrenaturales a la vez que pretenden ser los verdaderos exponentes de un sistema que tiene lo sobrenatural como su única base; o que lamentan que se crea en la inspiración de las Escrituras, a la vez que profesan creer y enseñar aquello que, excepto por la inspiración en su sentido más estricto, nadie sino los más crédulos aceptarían?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Estos personajes pretenden una superioridad intelectual, ¡pero sólo es necesario desgarrar la piel de león con que se disfrazan para encontrar exactamente lo que podríamos esperar! Aquí tenemos un dilema del que no hay escapatoria. Si el Nuevo Testamento está divinamente inspirado, aceptamos su enseñanza; creemos que Jesús era el Hijo de Dios, que nació de una virgen, que murió y que resucitó, que ha ascendido a los cielos, y que está ahora sentado como hombre a la diestra de Dios; en resumen, somos cristianos, y la adopción de otra posición significa entonces destronar a la misma razón. En cambio, si el Nuevo Testamento no está inspirado, ningún consenso de meras opiniones o de testimonio humano, por antiguo, venerable o ampliamente difundido que sea, nos justificaría a aceptar cosas tan esencialmente increíbles; en una palabra, somos agnósticos, y la adopción de cualquier otra posición significaría ser personas supersticiosas e insensatas que se creerían cualquier cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El cristiano y el incrédulo no pueden tener ambos la razón, pero los dos tienen derecho a que se les respete, porque ambas posiciones son igual de inexpugnables en el terreno de la lógica. Pero, ¿qué diremos del cristiano incrédulo, o del incrédulo cristianizado? Si es deshonesto, es casi tan malo como para mandarlo a presidio; si es honesto, es casi lo suficientemente débil como para ir a un manicomio. Los débiles merecen nuestra lástima; los malvados nuestro desprecio. Y su pretensión de librepensadores, su afectación de superioridad intelectual, constituyen prueba de que en el caso de la mayoría la alternativa más generosa es la verdadera. El antiguo proverbio judío acerca de colar el mosquito y de tragar el camello describe perfectamente el intento de ellos de combinar el escepticismo más prolijo con la fe más ciega. Estos modernos saduceos hablan «como si la sabiduría hubiera nacido con ellos», cuando, en realidad, al igual que sus prototipos de la antigüedad, son los insensatos defensores de una componenda imposible.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Que no haya malos entendidos: No se trata de llamar a la fe sobre unas bases falsas o inadecuadas. No se trata de explotar el elemento de superstición en la naturaleza humana, no sea que los hombres de la calle, al liberarse de las restricciones de la religión, dejen que la libertad degenere en licencia. Este llamamiento se dirige a personas imparciales, inteligentes y reflexivas. Si poseemos una revelación, y si las doctrinas del cristianismo están acreditadas divinamente como verdaderas, la razón exige nuestra aceptación de las mismas, y la incredulidad deviene un insulto a misma razón. En cambio, si no tenemos revelación, o bien, lo que vendría a ser lo mismo, si el elemento divino en las Escrituras es meramente tradicional, y es preciso separarlo de entre abundantes errores —extrayéndolo como un tesoro de un montón de basura— entonces tenemos que escoger entre abandonar nuestro protestantismo y volver a acogernos a la autoridad de la Iglesia, o bien afrontar la cuestión de manera directa, y aceptar y actuar en base a la sentencia de que «la actitud racional de la mente reflexiva hacia lo sobrenatural es la del escepticismo». Los supersticiosos buscarán refugio en la primera alternativa; los segundos se encomendarán a todos los pensadores libres y audaces. Desde luego, la primera solución no es sólo intelectualmente lamentable, sino que es lógicamente absurda. Se nos pide que creamos en las Escrituras porque la Iglesia las acredita. La Biblia no sería infalible, pero la Iglesia sí lo es, y sobre la autoridad de la Iglesia nuestra fe encontrará un fundamento seguro.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero, ¿cómo sabemos que podemos confiar en la Iglesia? La inmediata respuesta es: «Lo sabemos sobre la autoridad de la Biblia». Es decir, ¡que confiamos en la Biblia por la autoridad de la Iglesia, y que confiamos en la Iglesia por la autoridad de la Biblia! Este es un caso claro de lo que podemos llamar &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;estafa&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero se podrá replicar: «¿Acaso no debemos la Biblia a la Iglesia&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;?».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt; letter-spacing: -0.05pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Considerada como un &lt;i&gt;libro, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;naturalmente que lo debemos en cierto sentido a la Iglesia, de la misma manera que se lo debemos al impresor. Pero, en un sentido que nos afecta más poderosamente, en Inglaterra se la debemos a nobles hombres que la rescataron para nosotros en abierto desafío a la Iglesia. Que los protestantes de Inglaterra no olviden a William Tyndale. La obra de su vida fue la de poner la Biblia al alcance incluso del más humilde campesino. Y no por otro delito que éste, la Iglesia le persiguió hasta la muerte, no descansando hasta que le estrangularon en la estaca y lanzaron su cuerpo a las llamas. [En España, históricamente, debemos la Biblia a Casiodoro de Reyna, que, con otros monjes de San Isidoro del Campo, cerca de Sevilla, tuvo que huir para salvarse de la Inquisición, y que desde el exilio publicó su magna Biblia de 1569 en Basilea. —&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;N. del T.&lt;/i&gt;]&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero la Biblia es algo más que un libro: es una &lt;i&gt;revelación; &lt;/i&gt;y así considerada está por encima de la Iglesia. No juzgamos a la &lt;i&gt;Biblia &lt;/i&gt;por la Iglesia; juzgamos a la Iglesia por la Biblia.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Esta es nuestra protección contra la ignorancia y la tiranía del clericalismo. Pero en nuestra época, aquellos que censuran con más fuerza la tiranía del sacerdote son precisamente los que defienden más intensamente la tiranía del profesor y del experto. Cierto, el titular de una cátedra de universidad no puede dejar de ser eminente en la rama de conocimiento en la que destaca, y su valor como especialista será incuestionable. Pero puede estar tan vacío de espiritualidad, y por ello tan deficiente en su criterio y sentido común, que su opinión puede ser de menos valor que la de un campesino inteligente o la de un colegial cristiano. El conjunto de la Biblia —nos dirá el profesor—, es totalmente indigno de confianza, pero algunos de sus misterios más increíbles son verdades divinamente reveladas. Pero, ¿qué derecho tiene a que se le escuche acerca de esta cuestión? El engarce de la baratija no tiene ningún valor, y la mayor parte de sus aparentes gemas son falsas, pero aquí y allí nos indica un brillante o una perla. Pero el conocimiento más profundo de las matemáticas o de los dialectos orientales no habilita a nadie para ser juez de perlas o de diamantes. Y aún menos para reconocer verdades espirituales.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Si la Biblia ha sido realmente desacreditada por la moderna investigación, tengamos la honradez de reconocer el hecho y la hombría de encarar sus consecuencias. Pero si la Biblia no ha sido desacreditada, si los resultados de la investigación moderna han estado totalmente a su favor,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; entonces mostrémonos más osados en nuestra defensa de la fe. Y que la fe y la incredulidad se midan otra vez las distancias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;La Biblia fue escrita para corazones honestos. Además, se dirige a hombres &lt;i&gt;espirituales. &lt;/i&gt;¿Y cuál es la prueba práctica de la espiritualidad? «Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Estas palabras se corresponden no con la insolencia de un sacerdote, sino con la autoridad de un apóstol inspirado. Así, es como creyentes, y en el espíritu de la fe, que pasamos a escudriñar las Epístolas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &amp;nbsp;Hechos 24:5,14. «Según el Camino que ellos llaman herejía (secta), así sirvo al Dios de mis padres» (ver también 28:22), y sigue apelando a la ley y a los profetas. «El Camino» pasó a convertirse en la designación común de las enseñanzas de ellos (ver, p. ej., Hch. 19:9,23; 22:4; 24:14,22). Y hablando ante un juez pagano, utiliza a propósito no la expresión judaica, ὁ θεὸς τῶν πατέρων ἡμῶν, sino el término familiar para un pagano, ὁ πατρῴσς θεός, el Dios ancestral o tutelar.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Romanos 11:15&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Ver apéndices, nota 4.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Esta es la posición asumida por «&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Lux Mundi&lt;/i&gt;». Ver especialmente pp. 340-341.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref5" name="_ftn5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Naturalmente, el Antiguo Testamento se lo debemos enteramente a los judíos.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn6" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref6" name="_ftn6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La Iglesia de Inglaterra enseña inequívocamente que no hay ni salvación ni infalibilidad en la Iglesia, y que la autoridad de la Iglesia en asuntos de fe queda controlada y limitada por las Sagradas Escrituras (ver Artículos XVIII-XXI). Y esto es protestantismo; no un rechazo de la autoridad en la esfera espiritual, sino un rechazo de la esclavitud a la mera autoridad humana que reclama falsamente ser divina. Nos libera de la autoridad de «la Iglesia», a fin de que podamos ser libres para inclinarnos a la autoridad de Dios. «La Iglesia» pretende mediar entre Dios y el hombre. Pero el cristianismo enseña que todas las pretensiones de esta clase son a la vez falsas y blasfemas, y señala a nuestro Divino Señor como el único Mediador. El protestantismo no es nuestra religión, sino que nos deja con una conciencia en libertad y una Biblia abierta, cara a cara con Dios. No es un ancla para la fe, sino que es como el rompeolas que permite que nuestro anclaje se efectúe con seguridad. Nos protege de aquellas influencias que hacen imposible el cristianismo.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn7" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref7" name="_ftn7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Estos hombres declaran que a ellos nuestra fe en las Sagradas Escrituras les parece una locura. Pero las Sagradas Escrituras nos advierten así: «El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura» (1&amp;nbsp;Corintios 2:14).&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn8" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref8" name="_ftn8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La tarea de registrar los puntos acerca de los que la Biblia fue atacada en el pasado, señalando aquellos en los que la investigación moderna ha vindicado a la Biblia, es una tarea que espera una pluma competente. Y cuando tal libro haya sido escrito, asombrará tanto a amigos como a enemigos.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn9" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref9" name="_ftn9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; 1&amp;nbsp;Corintios 14:37&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-4055630117822057124?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/4055630117822057124/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-8-analisis-de-objeciones-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/4055630117822057124'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/4055630117822057124'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-8-analisis-de-objeciones-y.html' title='Capítulo 8. Análisis de objeciones y puente a las Epístolas'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-6710457516810059613</id><published>2010-12-29T08:57:00.000-08:00</published><updated>2010-12-29T23:14:08.187-08:00</updated><title type='text'>Capítulo 7. El cristianismo de Pablo</title><content type='html'>&lt;h1&gt;Capítulo 7. El cristianismo de Pablo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-variant: small-caps; letter-spacing: -0.1pt;"&gt;Hace solamente medio siglo&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt; font-variant: small-caps; letter-spacing: -0.1pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;los teólogos de la &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cristiandad se sobresaltaron ante la publicación del tratado de Ferdinand Baur sobre Pablo. Fue un libro que hizo época. Las investigaciones críticas del autor le habían llevado a afirmar la indudable autenticidad de las Epístolas a los Romanos, a los Corintios y a los Gálatas. Y fundándose en estos escritos como nuestra guía más segura en investiga­ciones históricas respecto del carácter y del origen del cristianismo primitivo, procedió a demostrar su origen paulino. «Estos auténticos documentos», sostenía él (citando a un autor reciente), «revelan una antítesis de pensamiento, un partido petrino y un partido paulino en la Iglesia Apostólica. El partido petrino era el cristianismo primitivo, compuesto de personas que, en tanto que creían en Jesús como el Mesías, no dejaban de ser judíos, el cristianismo de los cuales era un estrecho neojudaísmo. El partido paulino era un cristianismo reformado de la gentilidad cuyo objetivo era la universalización de la fe en Jesús liberándolo de la ley y tradición judías. Así, el universalismo del cristianismo y, por ello, su importancia y logros históricos, son en realidad la obra del apóstol Pablo. Su obra no la llevó a cabo con la aprobación y el consentimiento, sino en contra de la voluntad y a pesar de los esfuerzos y oposición de los antiguos apóstoles, y especialmente de sus partidarios más inveterados, que afirmaban ser el par­tido de Cristo».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Si queremos comprender la secuela del anterior que se está desarrollando, es necesario rescatar de su falso medio ambiente de racionalismo alemán la importante verdad que Baur acaba así de sacar a la luz y de distorsionar.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Nos es preciso reconocer el carácter intensamente judío de la dispensación pentecostal. Y, en relación con esto, debemos también comprender el doble aspecto de la muer­te de Cristo. La Cruz fue la manifestación de un amor de Dios sin reservas ni límites; pero fue tam­bién la expresión de la indecible malignidad del hombre. Si la reverencia nos permitiera dar lugar a la imagi­nación en un asunto como éste, podríamos suponer que la muerte de Cristo fue consumada por el poder de Roma frente a las protestas y súplicas de un pueblo judío agraviado y oprimido. Más aún, pudié­ramos imaginar que el «Rey de los Judíos» hubiera sido hecho morir por una razón de estado, pero tratado hasta el final con todo el respeto y miramientos debidos a Su carácter personal y dere­chos regios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Y quién se atreverá a afirmar que la eficacia expiatoria de la muerte de nuestro Divino Señor, sea como fuere que se hubiera llevado a cabo, pudiera ser menos que infinita? Pero observemos el énfasis que las Escrituras ponen en la &lt;i&gt;manera &lt;/i&gt;de Su muerte. Fue «muerte &lt;i&gt;de Cruz». &lt;/i&gt;No faltaba ningún elemento de desprecio ni de odio. La Roma Imperial la decretó, pero fue el pueblo escogido quien la exigió. Las «manos malvadas» mediante las que ellos asesinaron a su Mesías eran las de sus gobernantes paganos, pero la responsabili­dad del hecho fue toda de ellos. Y no fue el ignorante populacho de Jerusalén el que obligó al gobierno romano a levantar aquella cruz en el Calvario. Detrás de la multitud se hallaba el gran Consejo de la nación. Tampoco fue un repentino arran­que de pasión lo que llevó a estos hombres a clamar por Su muerte. Sectas enfrentadas entre sí olvidaron sus diferencias para colaborar en conspiraciones bien urdidas para lograr Su destrucción. Esto tuvo lugar además en durante la fiesta de la Pascua, cuando judíos de todos los países se congregaban en Jerusalén. Cada grupo de presión, cada clase, cada sección de aquella nación, participó en el gran crimen. Nunca ha habido un caso tan claro de culpa &lt;i&gt;nacional. &lt;/i&gt;Nunca ha habido un acto por el que se pudiera llamar con más justicia a una &lt;i&gt;nación &lt;/i&gt;a dar cuenta de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero la misericordia infinita podía incluso perdo­nar este pecado trascendental, y fue en la misma Jerusalén que se proclamó la gran amnistía por primera vez. Por mandato divino se predicaron el perdón y la paz ¡a los mismos hombres que habían crucificado al Hijo de Dios! Pero aquí los conceptos erróneos están tan asentados que se pierde todo el significado de la narración. Los apóstoles fueron guiados por Dios a declarar que si, incluso entonces, los «varones israelitas» se arrepentían, su Mesías regresaría para cumplir para ellos todo lo que sus propios profetas habían predicho y prometido sobre la bendición espiritual y nacional.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Presentar esto como doctrina &lt;i&gt;cristiana, &lt;/i&gt;o como la institución de «una nueva religión», es demostrar igno­rancia tanto acerca del judaísmo como del cristia­nismo. Los oradores eran judíos, los apóstoles de Aquel que fue Él mismo «siervo de la circuncisión». Sus oyentes eran judíos, y como a judíos se les hablaba. La iglesia de Pentecostés basada en este testimonio era intensa y totalmente judía. No se trataba meramente de que los oyentes fuesen judíos y sólo judíos, sino de que la idea de evangelizar a los gentiles ni siquiera había recibido consideración. Cuando la primera gran persecución esparció a los discípulos e «iban por todas partes anunciando el Evangelio», predicaban, como se nos afirma de forma expresa: «sólo a los judíos».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y cuando, después de un período de varios años, Pedro entró en una casa gentil, se le llamó públicamente a que diera explicaciones de una acción que parecía tan extraña y errónea.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En una palabra, si «al judío primeramente» es característico de los Hechos de los Apóstoles como un todo, «al judío solamente» aparece claramente estampado en estos primeros capítulos, descritos por los teólogos como la «sección hebrea» del libro. Esto es tan claro como la luz. Y si alguno quiere explicar esto como debido a prejuicios e ignorancia de los hebreos, ya pueden echar este libro a un lado, porque aquí se da como supuesto que los apóstoles del Señor, hablando y actuando en los memorables días del poder pentecostal, fueron guiados por Dios en su obra y testimonio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De modo que la Iglesia de Jerusalén era judía. Su Biblia era las Escrituras judías. El templo judío era su casa de oración y el punto nor­mal de reunión.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Sus creencias y esperanzas, palabras y hechos, los marcaban como judíos. De ahí el asom­broso número de convertidos. Tan sólo en el día de Pentecostés, tres mil fueron bautizados.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Poco des­pués parece que su número se había triplicado.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Para el tiempo del pecado y de la muerte de Ananias y Safira, todavía «aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres». Y para el tiempo de la designación de los hombres que, por una extraña extravagancia de la tradición, han recibido el erróneo nombre de «los diáconos»,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn10" name="_ftnref10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; se registra que «el número de discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn11" name="_ftnref11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Nada estaba más lejos de los pensamientos de estos hombres que «fundar una nueva religión». Al contrario, en tanto que aclamaban al Nazareno rechazado como su Mesías nacional, se aferraban con una apasionada devoción a la religión de sus padres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero, ¿qué relación tiene todo esto en la cuestión que nos ocupa? Los judíos habían crucificado al Mesías. Pero ahora, cuando se hubiera podido esperar que cayese una venganza rápida y terrible sobre aquel pueblo culpable, la misericordia detenía el juicio y los llamaba de nuevo al arrepentimiento. El testimonio fue claro y pleno, y quedó confirmado por una marcada exhibición de poder milagroso. Pero, ¿cuál fue la respuesta de los hombres que se sentaban en «la cátedra de Moisés»—los líderes acreditados y repre­sentativos de la nación?&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn12" name="_ftnref12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Con el asesinato de Esteban repitieron, hasta allí donde estaba en sus manos repetir, la suprema tragedia del Calvario. Teniendo en cuenta todo lo que había sucedido en el intervalo, aquel crimen adicional hizo patente un odio más delibe­rado, y por ello una mayor profundidad de culpa incluso que en la misma Crucifixión. En esta ocasión no hubo un clamor popular que cegara su juicio. Cuando, algunos meses antes, en una reunión formal de su senado nacional, se consideró por primera vez el plan de asesinar a los apóstoles, fue uno de los gran­des doctores del Sanedrín quien intervino en su favor de ellos.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn13" name="_ftnref13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Además, las palabras de Gamaliel, y la decisión que adoptó el Consejo acerca de ellos, constituyen la prueba de cuan totalmente estaban la posición y la ense­ñanza de los apóstoles dentro del campo de las creencias y esperanzas judías, y de cuan totalmente le les consideraba como una secta judía.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn14" name="_ftnref14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero estos hom­bres se hallaban tan ofuscados por el rencor reli­gioso que ninguna voz, humana ni divina, hubiera servido para dete­nerlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los mejores dones del cielo, cuando se pervierten o se abusa de ellos, se convierten a menudo virulentamente malos; y la religión, cuando se divor­cia de la vida espiritual, parece tener un misterioso poder para cerrar, endurecer y corromper el cora­zón humano. «¡No es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén!»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn15" name="_ftnref15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.55pt;"&gt; &lt;/span&gt;El patetismo de estas pala­bras no esconde su mordaz ironía. Entre el común de los hombres, por malvados o degradados que fuesen, un profeta podría pasar ileso: ¡Solamente los hom­bres &lt;i&gt;religiosos &lt;/i&gt;le perseguirían y asesinarían! En todas las épocas ha sido efectivamente la religión el enemigo más implacable de Dios, y el perseguidor más implacable de Su pueblo. ¡De ello son testigos los sepulcros de los profetas! ¡Son testigo también las páginas manchadas de sangre de la historia de la Iglesia! Los mártires cristianos en millones innumerables —porque aunque sus nombres están escritos en el cielo, la tierra no guarda el registro de ellos—, los mejores, los más puros y más nobles de la humanidad, han sido torturados hasta morir en nombre de la &lt;i&gt;religión&lt;/i&gt;.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn16" name="_ftnref16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;¡Cuánta justicia hay en la acusación del in­crédulo de que vicia radicalmente las normas de la moralidad humana!&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn17" name="_ftnref17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los hombres a cuyas manos murió «el protomártir» eran los mismos que habían «prendido y matado» a Cristo. Es cierto que en épocas de motines o de excitación, las multitudes pueden cometer excesos que, en sus mejores momentos, cada uno de ellos, individualmente, rechazaría. Pero estos hombres no eran de la clase de los que componen las turbas. Presidía el sumo sacerdote. A su alrededor se sentaban los ancianos y los escribas. Fue el gran Consejo de la nación el que realizó aquella acción. Sus miembros eran los dirigentes reconocidos del pueblo. Muchos de ellos, como Saulo de Tarso, él mismo el testigo formal de la muerte, eran hombres de vida intachable, de celo incansable y de piedad intensa. Y mientras caían las crue­les piedras sobre aquel rostro que había resplandecido como el de un ángel al mirarlo, lo que encendía los corazones de ellos era el odio al Naza­reno. Su Rey lo habían desechado, y Esteban era el mensajero enviado tras Él para manifestar de nuevo su propósito delibe­rado de rechazarlo.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn18" name="_ftnref18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Esta fue la respuesta que dieron al testi­monio de Pentecostés enviado desde el cielo. «Todo pecado» contra el Hijo podía ser perdonado; pero ellos habían ahora cometido aquel pecado más profun­do contra el Espíritu Santo, para el cual no podía haber perdón.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn19" name="_ftnref19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;Durante los cuarenta años del ministerio de Jere­mías se había postergado la destrucción de Jerusalén. Y también ahora transcurrieron cerca de cuarenta años antes que se abatiese sobre ellos aquel juicio todavía más horrible bajo el que se hundió la nación. Dios es muy compasivo, y entonces, como ahora, Él «envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericor­dia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menosprecia­ban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn20" name="_ftnref20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Pero aunque el suceso público que marcó su caída quedó así aplazado, la muerte de Esteban formó la crisis secreta de su destino. Nunca más se testificó un milagro público en Jerusalén. La especial proclamación de Pentecostés&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn21" name="_ftnref21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; quedó anulada. La iglesia pentecostal fue esparcida. Fue en este punto que el apóstol de los gentiles recibió su comisión, y se fue imponiendo una corriente de acontecimientos que con una fuerza continuamente creciente iba hacia el abierto rechazo del pueblo durante tanto tiempo favorecido, y hacia la proclamación pública de la gran verdad caracterís­tica del cristianismo. Dentro de esta verdad se escon­de la clave del misterio de un Cielo silencioso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr size="1" style="text-align: left;" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Téngase en cuenta que esta obra fue publicada por primera vez en el año 1897 (N. del T.).&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt; Fairbairn, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;The Place of Christ in Modern Theology&lt;/i&gt;, p. 267.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; ¡Unos doce años antes de la aparición del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Paul&lt;/i&gt; de Baur, la verdad que se le atribuye a él estaba ya siendo considerada en las entonces célebres «reuniones de Powerscourt» en Irlanda!&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Aunque la V.M. traduce bien el pasaje que la Reina-Valera había mal traducido (cp. también la Biblia de las Américas —N. del T.), parece sin embargo que el hecho de tomar estas sencillas palabras en su sentido claro y evidente comporta el riesgo de ser considerado como un insensato o un adicto a la ficción. Las palabras son:&amp;nbsp; «¡Arrepentíos pues, y volveos a Dios; para que sean borrados vuestros pecados! para que así vengan tiempos de refrigerio de la presencia del Señor; y para que él envíe a aquel Mesías, que antes ha sido designado para vosotros, es decir, Jesús; a quien es necesario que el cielo reciba, hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos profetas, que ha habido desde la antigüedad. ... Vosotros sois hijos de los profetas, y del pacto que hizo Dios con vuestros padres» (Hch. 3:19, etc.). Se debería estudiar con atención todo el pasaje, y si es posible, estudiar las notas de Alford, que exponen de qué manera tan plena y específica todo este pasaje se refiere a las esperanzas y promesas dadas a los judíos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref5" name="_ftn5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Hechos 8:1-4; 11:19. Es digno de señalar que, en esa época todos los discípulos salieron a predicar, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;excepto los apóstoles&lt;/i&gt;. ¡Y, a pesar de todo, los hay que mantienen que la predicación es una función exclusivamente apostólica!&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn6" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref6" name="_ftn6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Hechos 11. Las palabras «los que eran de la circuncisión parecen sugerir que habían gentiles entonces en la iglesia. Pero, como dice el decano Alford, Lucas utiliza la frase desde el punto de vista del tiempo en que estaba escribiendo: «En este caso, todos los mencionados pertenecerían a la circuncisión».&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn7" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref7" name="_ftn7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hechos 2:46; 3:1; 5:42&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn8" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref8" name="_ftn8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hechos 2:41&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn9" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref9" name="_ftn9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hechos 4:4 Si el número de varones llegó a ser de alrededor de «cinco mil», es razonablemente cierto que todo el grupo era por lo menos el doble de esta cantidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn10" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref10" name="_ftn10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Nunca reciben tal designación en Hechos. Lo cierto es que nuestro término castellano «diácono» no tiene equivalente en griego clásico ni en griego bíblico, y si los revisores (ingleses) de la Biblia hubieran sido fieles a sus principios de traducción, este término hubiera tenido que desaparecer. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Διάκονος&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; se utiliza veintidós veces en las epístolas, y se debería traducir como «siervo» en cada uno de estos casos, y de manera especial en Filipenses 1:1, y en 1 Timoteo 3:8 y 12, donde se distingue entre siervos y obispos. En los Evangelios aparece en ocho ocasiones, y es siempre equivalente a «siervo» en la acepción común, excepto en Juan 12:26, donde se utiliza en un sentido superior.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn11" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref11" name="_ftn11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[11]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hechos 6:7&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn12" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref12" name="_ftn12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[12]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Mateo 23:2&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn13" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref13" name="_ftn13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[13]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Hechos 5:21, 33-40. Utilizo a propósito la palabra asesinato, porque bajo la ley romana los judíos no tenían derecho a ejecutar a nadie. Ver Juan 18:31. La crucifixión fue un asesinato &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;judicial&lt;/i&gt;; el apedreamiento de Esteban fue pura y simplemente un asesinato.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn14" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref14" name="_ftn14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[14]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Hechos 5:34-40; 22:3. Un cuarto de siglo después de esto se les conocía todavía con el nombre de «la secta de los nazarenos»&amp;nbsp; (Hch. 24:5).&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn15" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref15" name="_ftn15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[15]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lucas 13:33&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn16" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref16" name="_ftn16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[16]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; ¡Las víctimas de las llamadas persecuciones cristianas se han computado, a &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;grosso modo&lt;/i&gt;, en unos cincuenta millones de personas! De las víctimas de la Roma &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;pagana&lt;/i&gt; nunca he visto ninguna estimación. ¡Y las persecuciones paganas también se hicieron en nombre de la religión! Desde la muerte de Abel en el principio, hasta las matanzas de cristianos armenios en nuestros tiempos, la religión ha acumulado una larga historia de culpa y dolor.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn17" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref17" name="_ftn17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[17]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Mill John, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Autobiography&lt;/i&gt;.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn18" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref18" name="_ftn18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[18]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lucas 19:14&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn19" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref19" name="_ftn19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[19]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Mateo 12:31-32&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn20" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref20" name="_ftn20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[20]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;2 Crónicas 36:15 y ss.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn21" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftnref21" name="_ftn21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[21]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hechos 3:19-26&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;hr style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; text-align: justify;" /&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; line-height: 21px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Historia&lt;/b&gt;:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fecha de primera publicación en inglés: 1897&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traducción del inglés: Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Primera traducción publicada por Editorial Portavoz en castellano en 1983&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;OCR 2010 por Andreu Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Nueva traducción © 2010 cotejando la antigua traducción y con constante referencia al original inglés, Santiago Escuain&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #222222; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 21px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Quedan reservados todos los derechos. Se permite su difusión para usos no comerciales condicionado a que se mantenga la integridad de la obra, sin cambios ni enmiendas de ninguna clase.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3313918186839626869-6710457516810059613?l=libros-sedin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libros-sedin.blogspot.com/feeds/6710457516810059613/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-7-el-cristianismo-de-pablo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/6710457516810059613'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3313918186839626869/posts/default/6710457516810059613'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libros-sedin.blogspot.com/2010/12/capitulo-7-el-cristianismo-de-pablo.html' title='Capítulo 7. El cristianismo de Pablo'/><author><name>Santiago Escuain</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14026218290868835235</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3313918186839626869.post-5894879109540172992</id><published>2010-12-29T02:41:00.000-08:00</published><updated>2010-12-29T08:58:25.765-08:00</updated><title type='text'>Capítulo 6. El cristianismo y la religión de la Cristiandad</title><content type='html'>&lt;h1&gt;Capítulo 6. El cristianismo y la religión de la Cristiandad&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;«EL S&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-variant: small-caps;"&gt;oberano&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; del Universo es, en general, un buen Soberano, pero con tantos asuntos entre manos que no tiene tiempo de fijarse en los detalles.» Esta era la apología de Cicerón hace dos mil años por el abandono de parte de Júpiter de su reino terrestre.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y estas palabras expresarían acertadamente los vagos pensamientos que flotan en las mentes del común de la gente, si es que piensan en absoluto en Dios en relación con los asuntos de la tierra. Pero hay momentos en la vida en los que, usando el lenguaje del antiguo Salmo: «corazón y carne claman por el Dios vivo».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; El Dios &lt;i&gt;vivo: &lt;/i&gt;no una mera providencia, sino una Persona real; un Dios que nos ayude como nuestros semejantes lo harían si tuvieran poder para ello. Y en momentos así las personas oran como nunca lo han hecho antes; y los que están acostumbrados a orar, lo hacen con un fervor apasionado que nunca antes habían conocido. Pero, ¿cuál es el resultado? «Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi ora&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;ción.»&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Esta es la experiencia de miles. Las personas no hablan de estas cosas; pero, al darle vueltas a las mismas en sus mentes, la fría bruma de una incredulidad asentada apaga el último rescoldo de fe en corazones enfriados por un sentimiento de total desolación, o excitados a la rebelión por la la injusticia del mundo que les rodea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Para algunos, sin duda, todo esto parecerá una combinación de la blasfemia e ignorancia de la incredulidad. Pero muchos verán estas páginas como una expresión total y precisa de reflexiones habituales. Y la formulación de estas dificultades se presenta aquí con vistas a su solución. Pero, ¿dónde se puede encontrar esta solución? Que el cielo esté callado no es una experiencia nueva para los hombres. Lo que es nuevo y alarmante es que este silencio sea tan abso­luto y prolongado; que, a través de todas las cambian­tes vicisitudes de la historia de la Iglesia a lo largo de casi dos mil años este silencio haya permanecido sin quebrantarse. Esto es lo que pone la fe a prueba, y lo que endurece la falta de fe y lleva a una incredulidad abierta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Se puede resolver este misterio? De nada sirve especular acerca del mismo. La solu­ción, si existe, tendrá que encontrarse en las Sagradas Escrituras. Naturalmente, el Antiguo Testamento no va a arrojar ninguna luz sobre él. Ni tampoco los Evangelios nos darán una clave; por­que éstos son los registros de los «días del cielo sobre la tierra». Tampoco es necesario rebuscar en los Hechos de los Apóstoles porque, como ya hemos visto, este Libro es el relato de una dispensación transitoria marcada por abundantes exhibiciones del poder de Dios entre los hombres. ¿No está claro que si se ha de descubrir la clave del gran secreto de la dispensación gentil, es en los escritos del apóstol a los gen­tiles dónde se debe buscar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero aquí se separan los caminos. La ancha y gastada calzada de la controversia religiosa nunca nos conducirá a la verdad que buscamos. A ésta sola­mente llegaremos por un camino que la mayoría de los lectores rechazará. Debemos escoger entre un estudio de estas Epístolas contemplándolas o bien como exponentes de la evolución o perversión «paulina» de las enseñanzas del gran Rabí de Nazaret, o bien como vehículo de aquella posterior revela­ción prometida y prefigurada por nuestro divino Señor en los últimos discursos de Su ministerio sobre la tierra. La primera opción es la que se considera como el camino de la moderna ilustración, la segunda es objeto de menosprecio como un atajo ahora abandonado, o frecuentado sólo por los místicos y por los iletrados. Pero en estas cuestiones la popularidad no es el criterio de la verdad. Que el ateo evolucionista lo explique si puede, pero permanece como hecho recalcitrante que el hombre es esencialmente un ser religioso. Puede hundirse tan abajo como para deificar a la humanidad y hacer del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;yo&lt;/i&gt; su dios, pero necesita tener un dios, de la clase que sea.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; La religión le es necesaria. La religión cristiana predomina en la Cristiandad; otros sistemas mantienen su predominio entre las civiliza­ciones decadentes del mundo; pero ni la degradación más profunda ni la ilustración más superior han producido jamás una sola nación ni tribu de ateos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta realidad indubitable puede sin embargo dar origen a pensamientos muy serios. No se puede admitir que el elemento de &lt;i&gt;verdad &lt;/i&gt;no tenga que ver con la reli­gión, ni que todas estas religiones sean igualmente aceptables. Y cuando llegamos a la cuestión de su excelencia relativa, la religión de la Cristiandad resiste a toda comparación. En tal caso, ¿podemos acaso mantener que todos los adscritos a la religión cristiana tienen la certidumbre del favor divino? Si olvidamos por un momento «el espíritu de nuestra época» y aceptamos la autoridad divina de las Escrituras, nos veremos asaltados por la duda de si la religión en este sentido sirve para nada en absoluto. Desde luego, el judaísmo era una religión divina. Tenía «ordenanzas de culto y un santuario terrenal»,&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; constituidos por Dios en un sentido que ningún otro sistema podría pretender. Y con todo leemos: «No es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en el interior, y la circuncisión es la del corazón».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Y aún otra vez: «Porque... ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Ahora bien, si en una religión que parecía consistir tanto en cosas externas, lo externo no era de ningún valor en absoluto, excepto si tenía su contrapartida y su realidad en el corazón y en la vida de la persona, esto tiene que ser aun más cierto del cristianismo. ¿No podemos acaso afirmar confiada­mente que no es &lt;i&gt;cristiano &lt;/i&gt;el que lo es exteriormente, sino solamente el que lo es interiormente? ¿No pode­mos acaso sostener que hay una gran distancia entre el &lt;i&gt;cristianismo &lt;/i&gt;y la religión de la &lt;i&gt;Cristiandad?&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En el caso de la Iglesia de Roma y de las griegas, esta dis­tinción adquiere la dimensión en un abismo sin fondo. Y aún más, como bien lo ha expresado el señor Froude, en aquellos países que rechazaron la Reforma, «la cultura y la inteligencia han dejado de interesarse en un credo en el que ya no creen más. Los laicos manifiestan una indiferencia desdeñosa, y dejan a los sacerdotes que ocupen un campo en el que los hombres razona­bles han dejado ya de esperar el crecimiento de nada bueno. Este es el único fruto de la reacción católica del siglo XVI». Y añade: «Si se están empezando a manifestar los mismos fenómenos en Inglaterra, en coincidencia con el repudio de los principios de la Reforma por parte de una parte del clero, y si se les per­mite seguir con su “avivamiento” católico, el divorcio entre inteligencia y cristianismo resultará tan total entre nosotros como lo ha sido en otras partes».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es imposible que se dé un divorcio «entre inteligencia y &lt;i&gt;cristianismo».&lt;/i&gt; En realidad, por «cristianismo» el autor citado quiere decir «la religión de la Cristiandad» y, una vez hecha esta corrección esta aserción es irrefutable. La obra de A. J. Balfour, &lt;i&gt;Foundations of Belief, &lt;/i&gt;soslaya esta dificultad que aquí sugerimos al detenerse en su mismo umbral. Su obra es una &lt;i&gt;«introducción &lt;/i&gt;al estudio de la teología». Y en la misma sus críticas son incisivas, y su lógica impecable. Pero un paso más le hubiera llevado al punto donde los caminos se separan. ¿Cuál es la teología que él está abordando? ¿Es la religión de la Cristiandad —una religión humana basada en un ideal divino, formulada para intervenir y regular las opiniones y la conducta humana por lo que hace al componente espiritual de su com­plejo ser? ¿O es el &lt;i&gt;cristianismo &lt;/i&gt;—una revelación di­vina que demanda la fe para, de esta manera, moldear el carácter y controlar la vida entera de aquellos que la reciben?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Indentado" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Según la opinión de algunos, la gran religión de Asia se compara favorablemente con la de la Cris­tiandad, debido a la libertad respecto del clericalismo y de las observancias ceremoniales, a su repudio de la peni­tencia y de todo mero ascetismo, y a la singular verdad y belleza de su doctrina del «Camino Medio». Pero la comparación es totalmente deshonesta, por cuanto se hace entre el budismo ideal de nuestros admiradores ingle­ses del Gautama y el sistema cristiano en sus manifestaciones más corrompidas. El budismo práctico en los entornos budistas es una superstición vulgar y esclavizante, y no puede compararse con la religión cristia­na ni en sus peores formas. E incluso el budismo refinado difundido por sus exponentes occidentales carece de aquel elemento ennoblecedor distintivo del cristianismo. La historia totalmente legendaria y me­dio mítica de la vida del Gautama dista de ser equivalente a los hechos bien conocidos del ministerio de Cristo.&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; Dejemos aquí la palabra a un testigo cuyo juicio no se halla bajo sospecha de ningún prejuicio religioso. Dice W. E. H. Lecky:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote style="text-align: justify;"&gt;Estaba reservado al cristianismo la presentación al mundo de un carácter ideal que, en medio de todos los cambios de dieciocho siglos, ha llenado el cora­zón de los hombres de un amor apasionado, y se ha mostrado capaz de actuar sobre todas las edades, naciones, temperamentos y condiciones: que no sola­mente ha sido la pauta más sublime de virtud, sino el mayor incentivo a su práctica, y que ha ejercido una influencia tan profunda que se puede decir con verdad que el simple registro de tres cortos años de vida activa ha hecho más para regenerar y suavizar a la huma­nidad que todas las disquisiciones de los filósofos y que todas las exhortaciones de los moralistas. Este ha sido, verdaderamente, el ma­nantial de todo lo que ha habido de mejor y de más puro en la vida cristiana. En medio de todos los pecados y fracasos, en medio de todo el clericalismo, de las persecuciones y del fanatismo que han desfigurado a la Iglesia, ha preservado en el carácter y ejemplo de su Fundador un principio perdurable de regeneración.&amp;nbsp;&lt;/blockquote&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;Si la religión cristiana, incluso en su parte humana y externa, puede presentar un testimonio como éste, ¿qué palabras serán adecuadas para describir al &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;cristianismo &lt;/span&gt;en el sentido más elevado y profundo? Y no es legítima la crítica de que esta distinción sea imaginaria y artificial. De hecho, es amplia y vital. Así como la religión de Asia está ba­sada en la vida y en la enseñanza del Gautama, así la religión de la Cristiandad, considerada como sistema humano, afirma basarse en la vida y en la enseñanza del gran Rabí de Nazaret. Pero el advenimiento y el ministerio de Cristo fueron en realidad &lt;i&gt;preliminares&lt;/i&gt; a la gran revelación del cristianismo. Así quedó coronada y completada, por así decirlo, la estructura que se había estado erigiéndo durante décadas. En su aspecto público, Su misión tuvo relación con la dispensación que estaba a punto de finalizar. Él nació «bajo la ley».&lt;a href="file:///C:/Users/Santi/Desktop/AA%20-%20PROJECTES%20ACTUALS%20(C)/PRO-HTML%20-%20PRO-PDF/El%20Silencio%20de%20Dios/El%20Silencio%20de%20Dios.doc#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&l
